Es el clásico de Oleiros (La Coruña), y uno de los pocos restaurantes de comida tradicional gallega que no se ha hundido en la autocomplacencia, ese triste fenómeno que ha asolado el panorama gastronómico de la provincia en los últimos veinte años.

Si bien es cierto que el Restaurante el Refugio se mantiene fiel a sus orígenes, no es menos cierto que ha sabido evolucionar continuamente. Sigue ofreciendo una materia prima de primerísima calidad pero sin aires rancios y periódicamente nuevos platos adornan su carta sin eliminar a los clásicos.El servicio de sala es magnífico, comandado -como siempre- por Alfredo Castrelo, uno de los dueños de El Refugio y la cara pública del mismo, un magnífico anfitrión siempre atento a las necesidades de los comensales.

Aquí se degusta posiblemente el mejor lubrigante de la provincia, estando a un nivel superior tanto las cigalas, los percebes o el espectacular salpicón, pues son los mariscos mi opción favorita como entrante en este local, a pesar de que nada defrauda en la carta.Ya en los platos principales en los pescados destaca el “bacalao sobre manitas de cerdo” o unas espectaculares lubinas. En las carnes la estrella es el “steak tartar”, plato que se prepara bien en pocos establecimientos y que exige una calidad superior en la carne a utilizar: aquí lo bordan.

La carta de vinos es, sin duda, una de las más completas que conozco, con muchísimas referencias; una carta confeccionada después de muchos años por ese gran conocedor que es el ya mencionado Alfredo Castrelo.Los postres son lo menos emocionante de la cena, aunque últimamente me quedo con la sopa de cerezas o el legendario suflé.

Podría ser más moderno o más innovador, pero entonces no sería el Refugio.

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