Restaurante “Domus-Casa Pardo” (La Coruña)

Sin comentarios »

En el paseo marítimo de La Coruña, y con unas fantásticas vistas sobre la ensenada de Riazor, se encuentra el Restaurante Domus, dentro del emblemático edificio de La Casa del Hombre, diseñado por el arquitecto japonés Arata Isozaki.

Era mi tercera o cuarta visita al local,pero había pasado más de un año desde la anterior. Siento decir que después del sábado pasado me he quedado sin ganas de repetir. Cenamos allí porque los otros restaurantes que manejábamos estaban completos y estábamos en la zona.

Este establecimiento, cuyo cocinero es Eduardo Pardo, hijo de la cocinera del famosísimo Casa Pardo no alcanza el nivel de la casa matriz, aunque creo que comparte la propiedad con sus padres. Si bien durante los primeros años de existencia parecía que podía llegar a ser una referencia en la ciudad, diría que se ha ido desinflando en los últimos tiempos.

El local es muy atractivo, aunque algo frío, ya que se encuentra incrustado en las rocas, que quedan expuestas al fondo del restaurante, lo que combinado con la pizarra natural en los suelos lo hace un poco inhóspito. No es un lugar en el que apetezca prolongar la sobremesa; sin estar mal decorado, chirrían las carpinterías con perfiles de aluminio blanco que separan las zonas de fumadores.

Sobre el menú, decir que se renueva bastante; desgraciadamente, sentí cierta nostalgia de una preparación de cochinillo que recuerdo francamente atractiva y que ha desaparecido de la carta. El menú actual intenta modernizar elementos clásicos de la cocina gallega, como hace su madre con más acierto en Casa Pardo.

De primero compartimos: un pastel de marisco y una tempura de langostinos. Ambos platos, sin ser demasiado originales, se prestaban a una interpretación más brillante. Sin estar mal, fueron absolutamente olvidables.

Los platos principales fueron una merluza con una guarnición de tomates muy intrascendente y un taco de presa ibérica. Ambos platos partían de una buena materia prima pero la merluza estaba un poco demasiado pasada, sosa y la guarnición no aportaba nada… No me hubiera extrañado comerlo en el Restaurante del VIPS, pero sí aquí; la presa ibérica dejaba también absolutamente frío al personal.

Los postres siguieron la misma línea: correctos sin más. No he comprobado la calificación que le dan en la Gourmetour de este año, pero para mí confirma la opinión que me llevé en mi anterior visita: una pena, como no cambien de manera radical seguirán instalados en una simple corrección. Hay opciones mucho mejores por ese precio.

Share/Save/Bookmark

Restaurante “Calima” (Marbella, Málaga)

Sin comentarios »

Calima es uno de los restaurantes del “Gran Meliá Don Pepe”, uno de los hoteles calificados como 5 estrellas Gran Lujo que son legión en Marbella y que confirman a la ciudad malagueña como uno de los destinos más atractivos para el turismo mundial de alto nivel.

Actualmente el Calima es una de las referencias de la nueva cocina en la zona y, si reservas, puedes disfrutar de una cena sensacional en un enclave privilegiado a orillas del Mediterráneo. El chef Dani García presenta una oferta moderna de cocina innovadora, con una Carta un tanto confusa, donde prima una redacción pretendidamente poética que no facilita la elección y/clasificación de los platos. No tendría nada contra un cambio de paradigma a la hora de presentar los menús si aportara algo, pero en mi modesta opinión no lo hace; aclaro que, a pesar de lo anterior, no supone una gran pega, ya que el muy profesional servicio del restaurante arregla el pequeño desaguisado.

Por poner una última pega, el nombre del cocinero aparece en todos lados, reflejando un excesivo personalismo, muy en la línea de los grandes cocineros actuales; el mensaje es claro: el restaurante soy yo. Pero en fin, nos ha tocado vivir tiempos de cocineros artistas y narcisistas… pero algunos son buenos de pelotas, como Dani García. Su trayectoria, vertiginosa, viene marcada por su trabajo en el restaurante Tragabuches de Ronda y su formación con el mítico Martín Berasategui (más detalles de su vida en http://www.restaurantecalima.es/danigarcia.html). Actualmente es la estrella del Calima y colaborador de la cadena Sol Meliá. Después de varios intentos, ya que a pesar del precio hay una alta demanda, conseguí reservar mesa en Calima un sábado por la noche.

El local, fantástico sin abrumar, moderno sin estridencias y prácticamente encima del mar: la velada prometía. Desde luego no defraudó. La carta de vinos completísima hasta impresionar, cinco tomos que se tornan innecesarios si uno se deja aconsejar por el somelier que, al contrario que en otros restaurantes de postín, no busca impresionar al cliente sino ayudar. Y a fe que lo consigue: ya que, dentro de la preferencia de mi acompañante por el malbec, su sugerencia fue acertada: un Piedra Negra Gran Reserva 2002 de Bodegas Lurton absolutamente redondo.

En lo que a la comida se refiere me incliné por un ajoblanco espectacular y un galete de atún tierno, tan tierno que no se usa el cuchillo, sino que se come con cuchara y tenedor. Mi acompañante se decidió por un queso de cabra con foie y manzana caramelizada de sabor más clásico y el rabo de toro, ambos platos de influencia más castellana; mi elección, al contrario, tenía un toque más malagueño y, opino, que eran platos más modernos y acertados, reinterpretaciones brillantes de la cocina andaluza. Sin embargo, vi pasar a varias mesas un plato muy llamativo y humeante, que me barrunto que era la Moraga, El lomo de la Lubina y su Ventresca en espeto, que parece una de las alternativas estrella para deslumbrar a los comensales y que debía ser una de las creaciones de la cocina con nitrógeno que hizo popular en sus inicios a Dani García.

Conclusión: cena majestuosa para recordar y repetir, aunque señalo que los precios, entre los más caros de los restaurantes españoles que he probado, puedan hacer desistir de la idea a más de uno.

Share/Save/Bookmark

“Soy Leyenda”

Sin comentarios »

¡Qué decepción!

No puedo decir otra cosa.

No es que la película esté mal: es bastante más aceptable que Constantine, del mismo director. La cinta tiene ritmo, tiene emoción y una duración razonable (90 min), que no es poco en los tiempos que corren… Pero han hecho una película de bichos.

Soy admirador del libro original de Richard Matheson (creo que no dejó de escribir porque no existiera el canon) y de su vuelta de tuerca al mito de los vampiros y el tema del apocalipsis; me encanta el enfoque original que le da a estos temas habituales y, sobre todo, su magnífica resolución final.

En la película se han cargado todo eso. A pesar del buen arranque -los primeros cuarenta minutos me tuvieron agarrado a la butaca del cine-, la trama se diluye como un azucarillo; todos los puntos que respetan el libro llevan hacia un lugar, que en la película se olvidan de que exista. A partir de la mitad del metraje la cinta decae hasta un final ridículo. El guión elimina la magnífica conclusión de Matheson para imponer un final muy visto, que no guarda relación con lo anterior, como si fuera un añadido, un extraño pastiche que deja una extraña sensación incluso a quien no ha leído la novela.

Antes de entrar en la sala no me imaginaba por qué habían retrasado el rodaje, en su momento, por similitudes por 28 días. Al terminar el largometraje lo entiendo todo. Y es una pena, porque se ha perdido la oportunidad de crear un clásico del cine de ciencia-ficción/terror.

Share/Save/Bookmark

Todos contra el Canon

Sin comentarios »

No sé si existen otras páginas haciendo esta gestión o no. En cualquier caso, ésta parece la más popular:

Todos Contra el Canon

El asunto repugna moralmente y surgen algunas preguntas:

  • ¿Por qué sólo se compensa a autores españoles si no son, ni de lejos, los más perjudicados?
  • ¿Por qué se habla de los creadores cuando se están refiriendo a los socios de la SGAE, grupo al que no están adscritos todos los artistas?
  • ¿Por qué se habla de cultura cuando se quiere pagar un canon a personas que cantan y bailan, que no crean nada y que, en algunos casos, apenas saben escribir? Sin dar nombres, ¿es eso la Cultura?
  • ¿Por qué los productores reflexionan acerca de la diferencia con las editoriales de libros? ¿Por qué un sector está en crisis y el otro no?
  • ¿No hace la tecnología que, al abaratarse el soporte, se haga difícilmente justificable pagar por un bien 200 veces su coste material? Sobre todo si tenemos en cuenta que, en un disco, el creador puede cobrar un mísero € sobre el precio de venta, ¿dónde va el resto del dinero si no es el coste del soporte? ¿A gastos generales de las discográficas?

Señores, como dirían en Meetic, “las reglas han cambiado”; y añado yo: parece que algunos no quieren darse cuenta.

Share/Save/Bookmark

“Los ejércitos de la Noche” (Norman Mailer)

Sin comentarios »

Portada del libro

Es Los ejércitos de la noche (”The armies of the night”) una de las más célebres y celebradas obras de Norman Mailer.

No sé si debido al reciente fallecimiento del autor o a alguna otra causa subconsciente, procedí a la relectura de esta obra, que en su momento se convirtió, en pleno frenesí periodístico, en una de mis novelas favoritas.

Escrita en 1968, narra la manifestación acaecida durante el año anterior ante el Pentágono contra la Guerra de Vietnam. Es, junto a La canción del verdugo, la única obra del autor galardonada con el premio Pulitzer y siendo, en mi opinión, las mejores de él que he leído.

Mailer fue un destacadísimo ensayista, novelista y periodista, amén de cineasta, militante político y aspirante a alcalde de Nueva York. Destaca sobre todo como coctelero de géneros, como creador mediante fusión de los mismos.

En Los ejércitos de la noche crea Mailer una novela de “no ficción”, en la cual el escritor es protagonista, más implicado todavía que el pope del Nuevo Periodismo Tom Wolfe (Ponche de Ácido Lisérgico) y sin llegar al nivel de Hunter S. Thompson y su periodismo gonzo (Miedo y asco en Las Vegas), que crea una trama mediante sus propios excesos.

Mailer, como novelista autocalificado de “conservador de irzquierdas”, es el personaje principal de su obra en la primera parte de la misma (”La Historia como una novela”); desde cierta pretendida distancia (narrada en tercera persona) el autor cuenta cómo vivió como participante la manifestación ante el Pentágono y su posterior detención. Es interesante como novela, como ensayo y como relato periodístico e incluso como análisis psicológico, pues la descripción que Mailer hace de sí mismo no es complaciente, y aunque tiende a la autojustificación, se domina (fenómeno harto difícil de contemplar) y pinta un personaje que no sabemos si es él mismo, pero que no es, desde luego, un héroe arquetípico al uso:

“Pero la mente de Mailer no carecía de cierta complejidad. Del mismo modo que la generación siguiente habría de agujerearse el cerebro con anfetaminas, él había dado a su cabeza la textura de un buen queso gruyere. Años atrás había sometido su firmamento intelectual a todo tipo de erosiones al consumir dosis moderadamente promiscuas de whisky, marihuana, seconal y bencedrina. Ello le había producido la ilusión de ser un genio, tal como una década después habría de verse a sí misma toda una generación de niños en sus celestiales viajes de LSD.”

Inserta en esta parte, fragmentos de su ensayo ¿Por qué estamos en Vietnam? que se acababa de publicar meses antes. Aporta varias reflexiones interesantes sobre los argumentos a favor y en contra de la guerra, algunas de las cuales reproduce en la novela.

La segunda parte (”La novela como Historia”) es más un reportaje periodístico y un ensayo, en el que el autor compone los hechos en función de varias fuentes, hechos que él no pudo presenciar, dándonos una visión más amplia de los preparativos de la manisfestación, la realización de las mismas y reacciones encontradas sobre la misma. La novela incluye, de principio a fin, múltiples referencias de los medios de comunicación a los hechos acontecidos durante aquellos días, representativos de una época y de una sociedad occidental, que comenzaba a ser crítica con el poder establecido y con la guerra. Se pueden hacer diferentes análisis de los efectos a largo plazo que tuvo dicha moviliación popular y de los que tuvo a corto plazo:

“Lyndon B. Johnson subió 10 puntos en los sondeos de opinión: había cabalgado y encauzado la ola norteamericana de condena a los manifestantes que habían escupido al rostro de los soldados USA. (Cuando se trataba de detectar las nuevas olas de la opinión pública, Lyndon B. Johnson era el rey de los surfistas).”

Es una obra que puede leerse e interpretarse en clave actual, mas es también una gran novela, un magnífico ensayo y un reportaje periodístico. En esa nueva forma reside una parte importante de su valor.

No sé si fue acerca de Mailer que se dijo: “Sus mejores novelas son aquellas que hablan de sí mismo”, pero en su caso es absolutamente cierto. Creo que sus mejores obras son aquellas en las que es protagonista.

Y ésta es una de ellas. Imprescindible.

Share/Save/Bookmark

El canon digital

Sin comentarios »

Sobre la votación que se va a dar en el Congreso esta semana referida al canon digital, Enrique Dans elabora un listado de puntos muy claros, que en mi opinión desmontan el esquema de la SGAE y de determinados colectivos favorables a la implantación del mismo.

Enrique Dans demuestra con este artículo que sigue siendo uno de los bloggers de referencia en el mundo de la economía digital.

Share/Save/Bookmark

Restaurante “El Higuerón” (Fuengirola, Málaga)

Sin comentarios »

Se levanta El Higuerón al lado de la autopista A-7 en Málaga, a la altura de la salida de Mijas. Es un llamativo volumen de grandes cristaleras, con magníficas vistas sobre Benalmádena y el Mar Mediterráneo.

Se trata de un restaurante muy concurrido, sobre todo por clientes nacionales. Numerosas comidas de negocios se dan cita entre sus paredes, a mitad de camino de Málaga y Marbella, tanto que es muy conveniente reservar.

Su popularidad no se debe a sus precios, ya que no es barato precisamente, sino a la calidad de su cocina, de inspiración asturiana. Es un restaurante profesional en el servicio, selectivo en las materias primas y muy eficaz en los fogones. Es cierto que no hay nueva cocina aquí, pero a la vez los platos tienen un punto y una elaboración propia y original. Hay, además, muchas sugerencias del día fuera de carta, lo que hace que se pueda repetir con cierta asiduidad.

El establecimiento es muy amplio, con reservados disponibles, suelos de barro y decoración tradicional. Uno de sus platos estrellas son las fabes, asturianas o con almejas, realmente superiores, sueltas pero perfectamente cocinadas, ¡cuidado, porque es recomendable pedirlas como plato único!

Si nos hemos decantado por algo diferente, las anchoas con aguacates son un clásico que no falla, así como la porra antequerana. Algo más flojo es el tartar de tomate con aguacates, simplemente correctos. Por supuesto, hay sospechosos habituales, como un muy buen jamón ibérico de Joselito o unas milhojas de foie.

En mi opinión, en las carnes es donde demuestran los profesionales de El Higuerón su buen hacer: chuletilas de cordero, albóndigas de rabo de toro o buey de kobe (en ocasiones contadas) elevan mucho el listón de estos platos de elaboración tradicional y eternamente efectiva, que no efectista.

Ya sea para compromisos profesionales o citas románticas, El Higuerón es un restaurante que gustará a casi todos, especialmente a los que no tengan que pagar la cuenta.

Share/Save/Bookmark

Restaurante “Casa Pepa” (Ondara, Alicante)

Sin comentarios »

Dentro de las oportunidades culinarias que el Puente de diciembre ofreció, estaba Casa Pepa, agradable establecimiento situado en mitad de la huerta de Ondara, Alicante.

Apuntemos un dato: al contrario que en otros casos, soy un habitual de Casa Pepa y suelo venir varias veces al año. Es un local que me encanta, lo he visto crecer y mejorar con los años, alcanzar una estrella Michelín y perderla, siempre innovando y aportando cosas, a las órdenes de Pepa en la cocina.

Una vez dicho esto, pasemos a hablar sobre la comida: Casa Pepa es un restaurante especializado en arroces, pero en arroces melosos o caldosos, no paellas; estamos en Alicante.

El local, que ha sufrido varias ampliaciones y modificaciones, tiene una interesante mezcla de elementos tradicionales y modernos en su decoración, incluso una preciosa bodega acristalada muy completa, cuyo atractivo se ve acentuado por los muy interesantes vinos valencianos que se producen en la actualidad.

Centrándonos en la comida, los entrantes tienen varias novedades interesantes, nos inclinamos por unas setas de otoño salteadas, una combinación de varios tipos realmente sensacional; unas manitas de cerdo espectaculares en su concepción y ejecución, de las mejores que he probado en mucho tiempo y un clásico del lugar: la pasta fresca con foie y boletus, un plato que lleva muchos años en el menú y nunca se elimina, los clientes no lo permitirían.

Cuando llegamos al arroz, ya íbamos por la segunda botella de Sequé 2005, vino alicantino muy reciente su salida de bodega y ya redondo, redondo. Para el arroz preferimos un caldoso de invierno: arroz con conejo y alcachofas. ¡Qué decir de los arroces de Casa Pepa! Son impecables, no hay errores y, a su vez, todas las combinaciones son brillantes. Cada año en función de las temporadas de verano o invierno la carta de arroces se transforma, aunque siempre se mantiene el arroz con bogavante, siempre el más caro pero no necesariamente el mejor; en particular yo prefiero aquellos con verduras, arroz y conejo. Pero no se equivoquen, si buscan paella mixta (sic) éste no es el lugar.

En fin, como siempre una grata experiencia, con un servicio afable comandado por un Manolo experto por el cual el visitante debe dejarse aconsejar. Un local para no olvidar, acertado maridaje de cocina moderna y tradicional

Por último, una crítica de La Verdad, aunque la foto no hace justicia, es bastante antigua.

Share/Save/Bookmark

Restaurante “Skina” (Marbella, Málaga)

Sin comentarios »

Siguiendo las recomendaciones de varias webs y alguna revista, nos encaminamos a Skina, en el casco antiguo de Marbella, uno de los más desconocidos centros urbanos de la Costa del Sol. Allí, entre las estrechas y encantadoras calles empedradas, se encontraba nuestro esperado destino.

Skina es un establecimiento mínimo en extensión —cinco mesas en el interior y dos robadas a la terraza—, en el cual hay que ir con cuidado para no escuchar la conversación del vecino. Ese día la clientela era mayoritariamente española, ya que creo que la Michelín no recoge todavía este restaurante entre sus recomendaciones de la zona. Los clientes daban la sensación de ser repetidores. El servicio: muy bueno en el jefe de sala, aunque tal vez demasiado cercano, y algo más flojo el de los camareros pero, en cualquier caso, agradable; la coordinación con la cocina es buena: los platos salen rápidos, sin largas esperas entre unos y otros. De inicio nos obsequiaron con una copa de cava Agustí Torelló, acompañada de unos curiosos snacks. Como aperitivo una sopa de maíz con foie simplemente espectacular. Los entrantes pusieron el listón muy alto: consomé y ravioli de rabo de toro con melón, notable alto. Los segundos no desmerecieron, destacando un sensacional tronco de merluza. Sobre el vino hagamos un alto para contar una anécdota que refleja el cuidado por el cliente: pedimos un Hacienda Monasterio 2004 Crianza, el jefe de sala decidió cambiarlo —ya que era la primera vez que íbamos— por el Reserva de 2001, sensiblemente más caro, pero cobrándonos lo que habíamos pedido. Si bien es discutible que tengamos que preferir siempre el reserva al crianza —ese tipo de apreciaciones siempre las he encontrado un tanto snobs —, es un muy buen detalle que, aunque voluntarista, refleja el aprecio por el cliente. Por supuesto nos quedaron muchas ganas de volver. Una opción muy interesante para el que quiera optar a cocina moderna y creativa sin que le cruja la cuenta corriente (Calima), aunque sin ser barato. No se fíen demasiado de la Carta-menú de la web porque, o no la actualizan mucho o los platos cambian una barbaridad. Hay que recordar que, por lo minúsculo del local es imprescindible reservar.

Me despido con un par de críticas mucho más profesionales:

- Raimundo García del Moral:

Share/Save/Bookmark

Restaurante “Torrijos” (Valencia)

2 comentarios »

El Puente de Diciembre nos envió a Valencia, ciudad muy de moda y, aun oriundo de allí como soy, debo reconocer mi escaso conocimiento de la misma. Es Valencia una ciudad muy diferente de aquella de la que me marché siendo un niño, una ciudad más cosmopolita, con importantes atractivos turísticos y culturales. Y la comida no es, por supuesto, una excepción. El panorama gastronómico en la ciudad del Turia es interesante… y bastante concurrido.

Valencia estaba durante el Puente realmente llena; con un clima más propio de abril que de diciembre pasear por el Barrio del Carmen, visitar el Miguelete o la Plaza del Ayuntamiento se convertía en un grato placer del que disfrutaban muchas personas a la vez. Rápidamente nos dimos cuenta de que reservar una mesa en nuestra primera opción, Ca Sento, iba a ser complicado. Y así fue, totalmente completo para la noche del viernes. También estaba completa la siguiente opción: La Sucursal, el cual ya habíamos visitado la primavera pasada; completo también el Albahacar y sólo tuvimos opción con una recomendación que recordaba de la guía Michelín del 2007: Torrijos Restaurante. Torrijos es un local muy céntrico y moderno, en la línea de la restauración de la ciudad levantina, con elementos minimalistas contrapuestos a coloristas azulejos rotos, bastante agradable. No sé por qué, pero me recordó mucho al Riff. Como nota curiosa, diré que llevábamos un niño de seis meses en carrito y el servicio del restaurante intentó facilitarnos las cosas en todo momento. Centrándonos en la comida, comenzamos con unos aperitivos de la casa: cucharita con embutidos y crema de maíz, francamente interesantes y que presagiaban una velada gastronómicamente interesante. La carta tenía una querencia especial por la carne de caza y los pescados de la zona. La de vinos me llamó bastante la atención, ya que tenía referencias de vinos muy modernos, alejados de los topicazos tan predecibles y tan habituales (según me comentaron después, parece ser que la somelier es bastante destacada, siendo la hija del dueño del restaurante original): nos decantamos por Tres Picos Borsao, vino de D.O. Campo de Borja con una fantastica relación calidad-precio y muy muy redondo.

Los entrantes fueron magníficos: un foie, una Pularda escabechada con foie tambien y una ensalada templada de faisán. Siempre es digno de alabanza encontrar platos de aves de caza tan bien conseguidos. Los platos principales que elegimos (lomo de ciervo, salmonetes y San Pedro con trompetas) no fueron tan espectaculares como los entrantes, por lo menos el San Pedro, pescado muy neutro y demasiado necesitado de aditamentos para lucir. Tengo que admitir que los quesos son una de mis debilidades, por lo que me satisfizo enormemente tener la posibilidad de acabar la cena y el vino con una selección del carrito de quesos del Restaurante. La calidad de los quesos era alta, y aunque el camarero que los sirvió no dio toda la información y la orientación que hubiera sido aconsejable, fue un gran broche a la velada.

Nos fuimos con ganas de repetir, lo que es un gran halago para un restaurante. Como elemento negativo, decir que el precio fue bastante elevado.

Share/Save/Bookmark