Al lado de la Plaza de María Pita, en pleno centro histórico de La Coruña, está La Iebolina, uno de los más clásicos restaurantes especializados en marisco de la ciudad.

No sé si es casualidad, pero en casi todas mis visitas al local, éste está siempre vacío o casi vacío. Teniendo en cuenta que, aunque intermitentemente, he acudido al mismo durante más de cuatro años, no deja de llamar la atención que se pueda mantener abierto. Supongo que suele tener mucha clientela que proviene del cercano Ayuntamiento, pero hoy estaba casi vacío también. Cierto es que han venido unas cuantas mesas después y que estamos en período vacacional para mucha gente.

En fin, yendo a lo importante, La Iebolina destaca por su magnífica materia prima en mariscos y pescados; es famoso su Salpicón de bogavante o langosta (según mercado), uno de los mejores, por no decir el mejor que el que escribe estas líneas se ha echado al coleto: tiene, huevo, aceite de oliva y marisco desmenuzado, nada más, ni vinagres, ni pescados ni pimiento ni cebolla. En general, todos los mariscos son sensacionales, aunque lo ideal es dejarse aconsejar por Antonio, el dueño del local, siendo mi plato favorito las Zamburiñas a la plancha: perfectas en su sencillez.

Los pescados varían también en función del mercado, pero las preparaciones clásicas del pescado son siempre la norma aquí: destaco la lubina (salvaje) hervida y desespinada, que servida con aceite de oliva y patatas también hervidas está realmente superior.

Sírvase acompañar todo lo anterior por un buen albariño (Santiago Ruiz, Pazo de Señorans, Terras Gauda…) y tenemos una composición perfecta de lo que es la cocina tradicional gallega, sin artificios ni innovaciones. Es cierto que la carta es escasa y que el servicio no es muy profesional, pero es un magnífico restaurante para degustar algunos de los mejores mariscos de la ciudad; eso sí, a un precio acorde con la calidad.

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