Restaurante “Mesana” (marbella, Málaga)

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Dentro de la ruta perdiguera en la que se ha convertido el devenir de nuestra vida, nos encontramos ayer martes ante el restaurante Taro, en el hotel Guadalpín de Marbella, y teníamos la intención de cenar ese sushi del maestro Kikuchi que quita el sentido, de darle un merecido homenaje a nuestro querido amigo el anisakis. Pero cual sería nuestra sorpresa al descubrir que el Taro cierra ahora los martes y no los lunes como hasta ahora… Nos vimos atrapados en un dilema: ¿Qué hacer?

En el mismo hotel está otro prestigioso restaurante, un tanto engolado, el Mesana. Era uno de los pocos locales de Marbella que tenía una estrella Michelín, estrella que le retiraron en la última edición, me parece. Decidimos, ante la hora avanzada de la noche, no vagar entre las otras opciones japonesas del panorama gastronómico marbellí y atrevernos con el pijismo local del Mesana.

El local es un tanto recargado en su decoración, con moquetones estampados y dorados en las puertas, muy en la línea del hotel, pero era agradable. Después de las apreturas sufridas en el Goizeko el sábado, se valoran los espacios amplios de los que disfrutamos aquí.

El trato del servicio es curioso: un tanto distante al principio, excesivamente cercano y conversador al final. No puedo decir que me desagradara, pero me llamó la atención que al llegar nos ofrrecieran una copa de champán (Taittinger), aclarando que era por cuenta de la casa. No sé si calificarlo de buen detalle o empezarme a preocupar por dar la impresión de que no soy capaz de pagar la cuenta del restaurante.

Con el champán nos sacaron a la mesa unos snacks de la casa interesantes (especialmente la croqueta de berenjena y el sandwich de plátano), un formato -estos snacks- que sólo recordaba en Hacienda Benzuza. Con ritmo pausado sacaron un aperitivo (una interesante deconstrucción del pan tomaca con jamón) mientras pedíamos los platos y el vino (un AALTO 2004 que no coincidía con la referencia de la carta, la cual exhibía unos precios un tanto hinchados). Se complementa todo con una buena selección de panes y una carta de aguas premium.

De entrante pedimos un ajoblanco con espuma y setas (muy aparente y bastante efectivo, aunque la espuma no me decía demasiado) y unas verduras salteadas que, aunque no pasarán a la historia de la cocina, estaban perfectamente seleccionadas, cocinadas y con una presentación espectacular.

Los platos principales fueron unos canelones de foie y helado (correctos) y un bacalao con alioli excesivamente salado (de sabor bastante conocido), no hasta el punto de devolverlo a cocina pero casi. No nos dejaron contentos, y más teniendo en cuenta el precio que tienen los platos.

Nos saltamos el postre y nos concentramos en el carrito de los quesos que, aquí sí, estuvieron a la altura prevista, tanto en la selección como en la presentación; memorables fueron el Munster, el Pont L´Eveque o una torta de oveja La Pastora que no conocía y me soprendió gratamente.

En fin, un buen remate de la cena, pero nos queda la sensación de que pagamos un precio insultantemente alto para la calidad obtenida, que es bastante buena, pero muy muy lejos del Calima, similar en la factura a pagar, del que ya se opinó en este blog en su momento.

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Restaurante “Goizeko Wellington” (Madrid)

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En plena calle Velázquez de Madrid se levanta el opulento Hotel Welington, que tiene aire de pijo hasta en el nombre. Allí se ubican dos magníficos restaurantes: el japonés Kabuki (que tiene otra ubicación, la original, algo más al norte) y el Goizeko.

Fue a este último al que nos dirigimos el sábado pasado al conseguir, de manera milagrosa e in extremis, una reserva para seis personas, rodeados de señores clásicos del Barrio de Salamanca, de americanas con botones dorados y camisas de rayas rosas.

Goizeko, especializado en cocina vasca y con varios restaurantes en Madrid y Bilbao, tiene una carta amplísima (aunque los datos de la web están muy desfasados) y con precios que asustan bastante, aunque existe la posibilidad de pedir medias raciones de algunos entrante, lo que aligera algo la sangría económica.

El servicio no podemos decir que fuera atento pues, aunque se ve la profesionalidad, estaban absolutamente desbordados en un local lleno a rebosar; además hay que tener en cuenta la afición de los restauradores capitalinos a meter todas las mesas posibles en un local, con lo que estaba más cerca de la mesa del vecino que de la persona que estaba en mi propia mesa. Supongo que por ello, sin que sirva de excusa, el servicio estuvo algo lento. Por otra parte, como somos así de chulos, llevábamos un bebé de 10 meses en su carrito y hubo algún despropósito entre los empleados del Goizeko, a pesar de que habíamos avisado del feliz acontecimiento, sobre qué hacer con el carrito y cómo gestionar la zona de fumadores.

En fin, vayamos a lo que importa: la comida. ¿En resumen? Sensacional.

El aperitivo fue una sopa de tomate con queso de búfala, nada arriesgado pero muy eficaz.

Los entrantes fueron unos creps de changurro bastante interesante, pero ciertamente facilones; un risotto bueno (aunque no soy nada aficionado a los risottos) y lo destacado: un toro de atún con caviar natural realmente es-pec-ta-cu-lar, apreciándose una calidad extrema en el selecto corte del atún que, preparado con sencillez, como un tartar, lo que permite que destaquen como merecen todos los sabores; el otro plato estrella furon los huevos poché con puré de patata y trufa, con sabores, aromas y texturas inigualables, ayudados por el mágico efecto de la trufa. Los dos mejores platos de la noche.

Cuando llegamos a los segundos, el grupo ya estaba entregado, y nos lanzamos entre otros al taco de atún, de calidad superior también y perfecta preparación, ya que el taco es una pieza de importante grosorque debe estar casi crudo en el interior, pero sin quedarse frío, lo que es bastante complicado. También en la mesa se pidió una lubina y unos canapés de merluza, lo más flojo de la noche. Entre las carnes, escogimos unas mini-hamburguesas de buey muy logradas y unas carrilleras estofadas con morcilla, todo de cerdo ibérico; estos dos platos no emocionaron como el toro de atún o los huevos poché pero son muy recomendables.

La carta de vinos tiene multitud de referencias, aunque nuestra primera opción no estaba disponible, pero nos arreglamos bien con un -denostado por algunos- Abadía Retuerta.

A pesar del atasco del servicio -que no soy el primero en notar-, el restaurante es de altísimo nivel, como lo es su precio, muy en la línea de lo que se aprecia en el Madrid gastronómico.

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“Amor, curiosidad, Prozac y dudas” de Lucía Etxebarría

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Lucía Etxebarría (breve biografía) logró publicar ésta, su primera novela, en 1997. “Amor, curiosidad, Prozac y dudas” es una novela con tres puntos de vista diferentes de tres hermanas, y que narra su relación entre ellas y con el mundo.

Es difícil separar la personalidad de la autora, Lucía Etxebarría, y su feminismo militante, del análisis de la novela ya que en ella se aprecian continuamente detalles que delatan su forma de pensar. Imagino que la novela tiene tintes autobiográficos en alguno o todos los personajes.

Las mujeres de esta obra son personajes que se muestran absolutamente inadaptados en un mundo de hombres, organizado a imagen y semajanza de ellos. Las hermanas son desgraciadas ya que, en algún momento de su vida, algún hombre las ha violado, ha abusado de ellas o las ha abandonado como padre. Etxebarría refleja mujeres y escribe para ellas, o lo que entiende que las mujeres de su generación quieren leer. Desgraciadamente, los personajes masculinos son planos e insustanciales, apenas aparecen en las conversaciones y Borja, el único hombre que no es un villano (pero sí estúpido), no pasa de constituirse como simple atrezzo.

La novela se estructura en tantos capítulos como letras del abecedario hay, siendo cada letra el comienzo del título de cada capítulo, lo que ya en sí encuentro un poco simplón, la verdad. El punto de vista es equisciente pero variando de una a otra hermana en cada uno de los capítulos; las tres hermanas diferentes pero las tres insatisfechas con la vida que les toca vivir.

Se aprecian, desde mi punto de vista, claras influencias de Don DeLillo o de sus seguidor Breat Easton Ellis (no voy a hablar de Palahniuk, que es posterior), que se plasman en importancia que concede a los detalles de la elaboración de tareas o productos cotidianos, a la exhaustiva enumercación de marcas comerciales, etc… Sin llegar ni de lejos a la calidad de DeLillo, el cual, podrá gustar más o gustar menos, pero es un novelista de calidad (”Ruido de Fondo” es una buena muestra).

Supongo que el prestigio de Lucía Etxebarría en el mercado local se explica por la afinidad que puedan sentir determinados grupos de lectoras ante las historias que narra, tal vez incluso ante su propia actitud vital. Dudo mucho que sea por la calidad de su escritura lo cual, siendo francos, nunca ha sido un impedimento para disfrutar de éxito editorial (pregúntenselo a Jorge Bucay). Comprendo que sea una lectura interesante, incluso fascinante, para todos aquellos que se sientan identificados; yo no lo estoy. Hay todavía a día de hoy, sin embargo, grandes admiradores y detractores de la novela en la red.

En cualquier caso, tengo que reconocer que arrancaba la lectura con muchos prejuicios y que la novela me ha durado pocos días, lo que no es mala señal: es un libro bastante entretenido, lo que no es poca cosa. Me sobra la pretenciosidad o la ambición social de lo que es una novelilla con exceso de metraje y una trama difusa y de objetivo poco claro, más allá de protestar. Sin embargo insisto en que pensaba que iba a ser peor, lo que no deja de ser un elogio.

Un último apunte acerca de esa costumbre moderna, muy de Easton Ellis, de escribir sin aprecio por las palabras, como si fuera una conversación entre amigos, abusando de la narración en primera persona, puro stream of consciousness pero de andar por casa.

“Es más auténtico” argumentarán algunos.

“Elimina la impostura o la pretenciosidad de la literatura ortodoxa” dirán otros.

La verdad es que, con la excusa de un nuevo modo de narrar, se utiliza una narración en primera persona porque resulta más fácil de utilizar en ella un estilo muy coloquial, que parece justifica el no elaborar las oraciones y utilizar metáforas bastas.

Es como si me pusiera yo mismo a cantar ópera y me grabara un disco por la cara. Tal vez fuera la voz de la calle, tal vez podría decir que es más natural (y hasta gracioso). Desde luego sería muy auténtico. Pero no sería arte.

Puede encontrarse más información sobre los supuestos plagios (o sobre la famosa intertextualización) de los que han acusado a la autora en esta web y también en este artículo o aquí.

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“El rumor del oleaje” de Yukio Mishima

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Yukio Mishima es de esos autores universales, a los que todos debemos leer y que pocos (y menos sin hablar japonés) somos capaces de apreciar en todo su valor. Famoso por su radicalismo crítico, por su postura antioccidental, Yukio Mishima (cuyo nombre real era Kimitake Hiraoka) defendía los valores tradicionales que hicieron grande al pueblo japonés, incluso los propios de los samurais. Es por ello que se aprecian posturas claramente sintoístas o zen en sus escritos: la armonía con la naturaleza, la superación de los superfluo y material, la capacidad curativa del esfuerzo y del trabajo para evitar convertirnos en prisioneros de una mente ociosa.

El rumor del oleaje” va en la línea mencionada anteriormente, siendo un cuento acerca del amor entre dos jóvenes, amor que supera todas las trabas impuestas, como son los villanos y las trabas sociales. Refleja un cuadro muy interesante acerca de las comunidades rurales que subsistían en los años 50 todavía, alejadas del occidentalizado Tokio; aquí, en la isla de Utajima, no hay alcantarillado, las clases sociales desaparecen y ricos y pobres viven en semejantes condiciones.

Los valores que Mishima intenta destacar son la humildad, la comunión con la naturaleza y el trabajo, no todos compatibles con la civilización occidental que se ha impuesto en Japón, principalmente después de la Segunda Guerra Mundial.

En cualquier caso, gran parte del valor de estas obras, escritas en idiomas tan diferentes del nuestro, residen en la calidad de la traducción, ya que no estamos ante autores occidentalizados como Murakami sino específicamente japoneses. Da la sensación que en este aspecto, la traducción que hacen en Alianza Editorial (por parte de Keiko Takahashi y Jordi Fibla) es bastante atinada, ya que el conjunto se ve bastante lógico y se entiende perfectamente. No es una novela de lectura pesada, sino bastante amena, que recomiendo para todos aquellos que sientan algo de inquietud por la cultura japonesa.

El lenguaje utilizado por Yukio Mishima es realmente poético y crea una historia de amor, eterna en cuanto a su temática y que perdurará debido a su inmensa calidad. Creo que podemos hablar, sin temor a equivocarnos, de uno de los mejores escritores de todo el siglo XX a nivel mundial y, junto a Kenzaburo Oé, la gran pluma japonesa contemporánea.

La vida y la muerte de Mishima (mediante harakiri o seppuku) es una gran historia en sí misma de la que se ha hablado y escrito mucho. Su actitud crítica y vital lo convirtieron en un personaje mítico, lo que no debe enmascarar el trabajo de un genial novelista, ensayista y dramaturgo.

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Lucía Etxebarría

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Con un par, y dentro de la sección de Literatura, Melvin se atreve con una “novela” de Lucía Etxebarría: “Amor, curiosidad, Prozac y dudas“. Como uno es malo de verdad, les cuento algo de la historia negra de esta señorita….

¡Miedo, tengo miedo!

Después de leer a Jorge Bucay (sus citas aquí), Melvin sigue adentrándose en la literatura de alto riesgo (para el lector).

Algunos dirían que esta actitud es casi suicida.

A pesar de lo anterior, la mentalidad abierta de Melvin le permite dejar a un lado sus prejuicios y sumergirse en la lectura. Todo esto siempre en contra de la amistosa opinión de Mr. Izarra.

Espero salir ileso.

Si no es así, les digo que ha sido un placer conocerles.

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Restaurante “Mesón do Campo” (Villalba, Lugo)

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En Villalba, localidad de Lugo famosa por su Capón (de Villalba, se entiende), se encuentra un restaurante magnífico; no muy fino pero realmente bueno. Es un templo donde se adora la calidad del producto, donde la carta es amplia y bien surtido, donde se ofenden si preguntas si la lubina es de piscifactoría. Ése es el “Mesón do Campo“.

Conozco algún otro restaurante en la localidad, pero ésta sigue siendo mi primera elección. Salones agradables y razonablemente reservados, un entorno muy… diríamos donmanuelfraguista, por estilo no por política. Por cuestiones laborales y recreativas (no sólo de bloguear vive el hombre) Melvin tiene que acudir a esta zona de Lugo con regularidad, y no importa, ya que este local siempre tenemos un buen refugio.

El personal femenino es joven y atento, entusiasta incluso; la carta del menú es profunda, al igual que la de los vinos.

Los primeros fueron ligeros, ya que la comida en Lugo es especialmente abundante: si no se es previsor no se llega al segundo plato, por lo que escogimos unas zamburiñas a la plancha no muy grandes pero muy sabrosas.

En los platos principales se pidió una lubina con salsa de erizos realmente espectacular en tamaño y calidad y, por supuesto, la especialidad, el chuletón a la piedra, auténtica mantequilla en el paladar y un plato imprescindible para cualquier visitante.

Por supuesto, postres abundantes (tarta de Santiago) y café de pota.

No puntúa en la Guía Michelín ni en la Gourmetour, pero el cliente se irá de aquí muy satisfecho.

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“Presa” (Prey) de Doug Moench y Paul Gulacy

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Hoy nos atrevemos con un clásico de los comics, “Presa“, reeditado en formato de lujo y que incluye el mencionado trabajo de Moench y Gulacy y su secuela “Terror“, ambas protagonizadas por Batman, el alter ego del millonario Bruce Wayne.

Soy un gran seguidor de Doug Moench y Paul Gulacy desde su “Shang Chi: Master of Kung Fu” en los lejanos tiempos de la editorial Vértice Comics, desaparecida hace mucho mucho tiempo. Este comic representó para mí, en aquella juventud, un salto hacia adelante, ya que, con el sello que indicaba “para adultos”, entraba en un mundo de mayor complejidad de los personajes, con elementos dramáticos. Y ya Moench, acompañado del genial Bill Sienkiewicz (antes de que se le fuera la pinza y fuera demasiado genial para este mundillo), me habían entusiasmadocon aquellos episodios del “Caballero Luna” editados aquí a principios de los 80.

En “Presa”, Moench cuenta una historia basada en los primeros años de Batman, una variación sobre el Año Uno que profundiza en la psicología del personaje, en las razones que lo llevaron a ser como es y nos descubre los orígenes de algunos elementos comunes en años posteriores. Para ello, utiliza a un psiquiatra perturbado, el doctor Hugo Strange, que utiliza su inteligencia y a diversos peones para atacar y casi acabar con Batman.

(NOTA: Hugo Strange no tiene nada que ver con el escritor Hugo Izarra, a pesar del evidente parecido)

La trama de esta obra es oscura y urbana, con un toque de perversión incluso, como corresponde al Batman de esa época, alejado de la espectacularidad y batallas especiales que entonces se imponían en Marvel y que dieron como resultado la creación de Image Comics a manos de dibujantes que se creyeron guionistas. En “Presa” es claramente perceptible la influencia de Jim Steranko en el arte de Paul Gulacy, manteniendo un estilo muy cinematográfico, magníficamente entintado por Terry Austin; se aprecia claramente la diferencia en la secuela “Terror”, tanto en el entintado del ubicuo Jimmy Palmiotti (con el que ya trabajó en Shang Chi) como el color por ordenador, que le dan un toque mucho más actual y mucho menos encantador. “Terror” tiene un buen nivel, pero no alcanza, ni de lejos, la calidad, la originalidad y la profundidad de “Presa” que, coincidiendo además con el estreno de la primera película del Hombre Murciélago, tuvo un gran impacto entre los aficionados al género.

Moench utiliza en “Presa” una estructura narrativa compleja, con varios personajes superponiendo impresos sus pensamientos (diferenciados sólo por el color), y plasmadas en composiciones de página muy elaboradas. Se busca dotar a los personajes de una gran profundidad psicológica, y a fe que lo consigue. Sin embargo “Terror” tiene un elemento muy brillante, que es el importante papel que juega Jonathan Crane, el “Espantapájaros” , que se vuelve contra su liberador Hugo Strange, negándose a ser un simple instrumento en manos del villano, y que se eleva -mediante el supuesto asesinato de Strange- en principal némesis de Batman, que es ayudado en las dos partes de la historia por Catwoman.

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“Otra vuelta de tuerca” (The turn of the screw) de Henry James

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Henry James utiliza un lenguaje preciosista, es un auténtico virtuoso en la escritura, y lo demuestra en “Otra vuelta de tuerca” (The turn of the screw). Es un maestro que se atreve con una historia gótica de fantasmas, que escribió en 1898.

El escritor americano tuvo, al igual que su hermano, una exquisita educación europea, y se nota. Casi diría que le gustaba que se notara: con esas oraciones de cinco líneas, ampulosas y brillantes; que están muy alejadas del estilo de la novela de terror actual. Es como la novela de fantasmas definitiva; entendiendo “definitiva” como el tipo de trabajo de género que intentaba realizar Stanley Kubrick. Un ejemplo de la novela:

“Entonces comenzó otra cosa; durante algunos días la cosa fue bastante extraña. De vez en cuando había horas, o por lo menos momentos, incluso intercalados entre las tareas cotidianas, en que necesitaba encerrarme a pensar. No era tanto que me encontrase más nerviosa de lo que era capaz de soportar como que sentía un insoslayable miedo a llegar a estarlo; pues la verdad que ahora debía afrontar era, llana y lisamente, la verdad de que no conseguía saber nada del visitante, con quien había mantenido un contacto tan inexplicable y, sin embargo, tan íntimo en mi opinión. Tardé poco en comprender que era posible sondear sin recurrir a interrogatorios ni a comentarios que llamaran la atención y dieran lugar a complicaciones domésticas. La conmoción sufrida debió agudizarme todos los sentidos; al cabo de tres días, y sólo mediante una mayor atención, estaba convencida de no estar siendo perseguida por los criados ni ser objeto de ninguna clase de broma. Fuera lo que fuese aquello de lo que yo no sabía nada, nada sabían tampoco quienes me rodeaban. Sólo cabía sacar una conclusión razonable: alguien se había tomado una libertad bastante indecorosa. Para decirme eso necesité meterme repetidas veces en mi cuarto y encerrarme con llave. Todos habíamos sido objeto de una intrusión: algún viajero sin escrúpulos, con curiosidad por las casas antiguas, se había abierto paso sin ser visto y había disfrutado del panorama desde el mejor punto de vista, y luego había escapado de la misma forma que entró. La mirada prolongada y fija con que me había encarado formaba parte de su misma indiscreción. Lo bueno, a fin de cuentas, era que podíamos estar seguros de nunca volver a verlo.”

Utiliza un elemento introductorio (una reunión alrededor del fuego) en el que un caballero lee la historia de una institutriz en un viejo caserón, acompañada de dos niños inquietantes -sus alumnos- y del servicio de la mansión, con apariciones de antiguos empleados ya fallecidos… Sí, sé que se pueden ver demasiadas similitudes con “Los Otros” de Amenábar, que ignoro si fueron reconocidas en su momento o estamos ante la clásica interpretación amplia del homenaje que siempre ha practicado con éxito Brian de Palma. Aunque, siendo rigurosos, lo cierto es que la historia de James o de Amenábar es un tema recurrente en la narrativa moderna, pero no deja de llamar la atención.

La novela es magnífica, brillante: un clásico universal que todos deberían leer; creo que los estudiantes encontrarían mucho más interesante, y ayudaría a coger el hábito de la lectura con más facilidad que ladrillos como “El lazarillo de Tormes” o “Don Juan Tenorio“, como los que nos hacían leer algunos.

Nota: libro de dominio público, se puede descargar en inglés desde el vínculo del título original o desde aquí.

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Quote

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“He gastado mucho dinero en coches, alcohol y mujeres… El resto lo he despilfarrado.”

George Best (1946-2005)

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“La mujer de negro” de Stephen Mallatratt

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Aquí en Melvin, somos muy de teatrillo y, siendo de esa manera, no podíamos dejar de faltar a la única representación que se hacía en La Coruña de “La mujer de negro”, la versión de Juan Vi Martínez Luciano y Ana Gimeno Sanz de la obra de Stephen Mallatratt, que a su vez adapta una novela de Susan Hill. Ya que no hacemos el teatrillo últimamente -sobredosis de seriedad-, qué menos que ir a verlo…

Había visto esta obra hace unos 8 años en Madrid. El reparto original ha vuelto a juntarse para realizar, durante varios meses, representaciones que, empezando desde la capital de España, visitarán varias ciudades españolas, incluyendo esas medianas y/o pequeñas que, tristemente y en demasiadas ocasiones, quedan fuera de los circuitos teatrales, para los que sólo parecen existir Madrid, Barcelona y Valencia, en ocasiones.

Esta obra ya me había gustado en su momento, por lo que no dudé en asistir de nuevo. Y no me defraudó.

Los actores están en una forma magnífica; encontrándose especialmente impresionante Jorge de Juan, que intercambia el papel en varias ocasiones con ese histórico actor que es Emilio Gutiérrez Caba, inicial protagonista de la historia.

La trama es propia de una novela gótica de fantasmas: un entierro, una mujer aislada en un caserón, niebla, pantanos… Elementos clásicos para un montaje brillante: con una absoluta economía de medios, los actores, apoyándose en magníficos efectos luminosos y sonoros nos transportan a la Inglaterra del siglo pasado. Una increíble ambientación, sin duda.

En la obra aparecen elementos también de “metateatro”, como elemento introductorio al relato de fantasmas. Me recuerda al inicio de “Otra vuelta de tuerca” de Henry James -que comentaré esta semana-, pero con elementos cómicos mezclados con los terroríficos, creando cierta turbación en los espectadores.

Hay golpes de efectos, hay emoción y hay diversión. Hay mucho teatro de calidad.

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Restaurante “La Torre D´Altamar” (Barcelona)

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La Torre D´Altamar” es un espectacular restaurante de Barcelona. Ubicado en la parte superior de la torre del teleférico de Barcelona, en el Paseo Juan de Borbón, sólo las vistas que se disfrutan desde el comedor acristalado sobre el puerto y toda la ciudad hacen que valga la pena la visita.

Era la segunda visita a este local, que se mueve de manera perceptible -absténgase los que sufran de vértigo-, y guardaba un buen recuerdo. Realmente no me defraudó.

El servicio es bastante atento. Los platos salen con rapidez de cocina y, en general, se aprecia una gestión muy profesional, de hosteleros que saben lo que hacen. Y sin embargo le falta algo. Da la sensación -a mí, que soy así- que aquí, un empresario de la restauración ha cogido a un buen cocinero y le ha dicho: “Prepárame un menú espectacular”. Luego, en su local, el empresario se busca a su propio equipo de cocina para preparar creaciones ajenas: fuera la cocina de autor… Así, sin especular.

Los aperitivos: una crema de maíz y un pisto con patata fueron correctos, en la línea de pretendida modernidad que tienen tantos restaurantes en las grandes ciudades. De primero sirvieron unos rigattoni rellenos de setas y foie con crema de trufas bastante logrados; no emocionaban pero es una combinación lograda y efectiva. Como plato principal me atreví con un steak tartar que falló un poquito: en mi opinión el steak deben prepararlo delante del comensal y durante la preparación, darlo a probar para comprobar el picante; el espectáculo y el protocolo es parte de la comida.

Fallaron los vinos; la única opción de vino por copas era un Protos bastante desangelado, que hubo que rematar con una selección de quesos (franceses y españoles), alguno de ellos bastante bueno.

La cuenta: cara, muy cara. Buena calidad en la comida, pero excesiva desde todos los puntos de vista. Y sin embargo es un local que casi siempre está lleno.

Seguro que es un gran negocio, y es profesional, pero le falta ese punto de genio que atrae a los gourmets. Y le falta alma.

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Duffy “Rockferry”

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A raíz de esta entrada de Calamarín en su magnífico blog, he descubierto a Duffy.

Duffy es una auténtica maravilla, y su álbum debut “Rockferry” es, para mí, de lo más agradable -no diré lo mejor- del año.

Para Calamarín, Duffy es la hermana buena de Amy Winehouse y, aunque no tienen la misma imagen, si logramos prescindir de las excentricidades de la autora del multipremiado “Back to black“, se pueden apreciar influencias similares; más orientadas al soul en el caso de Winehouse y con elemento más comercial en la galesa Duffy, a la que veo influencias claras de los años 60, de grupos como “Love” y, muy especialmente, de “Jefferson Airplane“.

El álbum viene además con “bonus tracks”, que incluyen alguna remezcla de su superéxito “Mercy“.

Será un producto, pero es de gran calidad.

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Camisa blanca (Homenaje dadaísta a Herman Melville)

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Una camisa blanca es fundamental en cualquier armario masculino.

Hasta ahí todos podríamos estar de acuerdo.

Yo afirmo, además, que muchas camisas blancas son la base sobre la que se debe sustentar un buen fondo de armario.

Y muchos estarían de acuerdo.

Pero todo tiene un límite… Hasta yo estaría de acuerdo.

El armario de Melvin, hoy lo he descubierto, está repleto de camisas blancas; las hay sport, formales; hay camisas con y sin ballenas, con el cuello abotonado, más o menos armadas; las hay con mezclas sintéticas y de algodón natural; otras tienen puños de doble botón y algunas de gemelos; hay camisas entalladas en elcorte y otras cuadradas. Hay de todo salvo camisas blancas con chorreras.

Incluso creyendo que es la base del vestuario masculino, una prenda que, más que básica, es definitivamente atemporal me parece, amigo Melvin, que el asunto se te ha ido de las manos: mirar dentro de mi armario es como ver las interioridades del volante de “Airbag“.

Tiemblo al pensar en la nueva gama de camisas que ha diseñado Kris Van Assche para Dior Homme, sustituyendo al ya legendario Hedi Slimane… Aunque para leyendas la versión chanante de Galliano (no lo he podido evitar).

Tiemblo como un adicto ante la promesa de una paga extraordinaria.

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“Despierto” (Awake)

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¡Venga ya! Esto de ir al cine está tomando un cariz un tanto desagradable… ¿Qué está pasando? ¿Estos eran los guionistas que estaban de huelga? Porque de ser así podían haber seguido protestando: no se les iba a echar de menos.

Pero seamos justos y empecemos por el principio…

Era un domingo de novia y cine cualquiera y decidimos (más bien ella decide y Melvin asiente estúpidamente) ir a ver una película. Pero Melvin, con una maniobra astuta, destaca el hecho de que Hayden Christensen (a.k.a. Anakin Skaywalker, auténtico imán para señoras) protagoniza la película “Despierto” (y obviando el hecho de que Jessica Alba es el auténtico objetivo de ese Melvin un poco verde y un poco viejo), lo que inclina la balanza hacia este largometraje.

¡Y vaya elección! La trama es absolutamente increíble, los personajes irreales y los giros del guión son forzados, buscando simplemente impactar a los espectadores (los cuales podemos ser algo tontunos, pero tenemos límites). La excusa habitual sería decir que es una película para niños, pero por la temática y el enfoque nada más lejos de la realidad.

En descargo de los anteriormente mencionados guionistas, el guión de este infumable pastiche ha sido perpetrado por el mismo director, el debutante Joby Harold el cual, después de esto, puede dedicarse con entusiasmo a la cría de llamas en el mismo Rodeo Drive: seguro que no lo hará peor.

Parte el guión de la posibilidad de quedarse paralizado en la mesa de operaciones debido a la anestesia pero despierto; posibilidad ciertamente inquietante, como es ser enterrado vivo; pero Joby Harold no es precisamente Edgar Allan Poe y, a partir de esa idea, la historia es un destarifo absoluto, con elementos un poco “gore” y poco más.

Conclusión: Melvin, el próximo domingo no escojas tú la película, que te estás cubriendo de gloria.

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“10.000 B.C.”

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10.000 B.C.“, la última película del alemán Roland Emmerich provoca sensaciones encontradas:

Por una parte tiene buenas intenciones: intenta partir de una idea original y ser entretenida, especialmente para el público joven y eso, en determinadas partes del metraje del filme, lo consigue; además, aunque es una película de presupuesto elevado, no utiliza actores conocidos, pero que resultan bien en pantalla. Hay momentos realmente espectaculares, y la asociación de dientes de sable, mamuts, egipcios y hombres prehistóricos tiene su aquel.

Sin embargo, hay aspectos de la película que bordean el ridículo: hay algunos diálogos -a los que no favorece nada el doblaje, todo sea dicho- francamente estúpidos; los guapos y guapas no pegan demasiado, aunque los pongan un poco greñudos (¡Melvin.es nunca apoya este tipo de estilismo forzadamente troglodita!). Añado que el final es apresurado y el villano defrauda un tanto…

Una pena, porque podía ser una muy interesante película de aventuras y se queda en un pastiche flojo. Me recuerda mucho a Stargate, del mismo director; de hecho algunas partes del “plot” parecen calcadas. Creo que, si hubiera estado apoyado por un guinista de calidad, el resultado podría haber sido mucho más interesante, superando el mero producto para adolescentes.

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