Hoy me siento un poquito bipolar
Restaurante “Goizeko Wellington” (Madrid)
En plena calle Velázquez de Madrid se levanta el opulento Hotel Welington, que tiene aire de pijo hasta en el nombre. Allí se ubican dos magníficos restaurantes: el japonés Kabuki (que tiene otra ubicación, la original, algo más al norte) y el Goizeko.

Fue a este último al que nos dirigimos el sábado pasado al conseguir, de manera milagrosa e in extremis, una reserva para seis personas, rodeados de señores clásicos del Barrio de Salamanca, de americanas con botones dorados y camisas de rayas rosas.
Goizeko, especializado en cocina vasca y con varios restaurantes en Madrid y Bilbao, tiene una carta amplísima (aunque los datos de la web están muy desfasados) y con precios que asustan bastante, aunque existe la posibilidad de pedir medias raciones de algunos entrante, lo que aligera algo la sangría económica.
El servicio no podemos decir que fuera atento pues, aunque se ve la profesionalidad, estaban absolutamente desbordados en un local lleno a rebosar; además hay que tener en cuenta la afición de los restauradores capitalinos a meter todas las mesas posibles en un local, con lo que estaba más cerca de la mesa del vecino que de la persona que estaba en mi propia mesa. Supongo que por ello, sin que sirva de excusa, el servicio estuvo algo lento. Por otra parte, como somos así de chulos, llevábamos un bebé de 10 meses en su carrito y hubo algún despropósito entre los empleados del Goizeko, a pesar de que habíamos avisado del feliz acontecimiento, sobre qué hacer con el carrito y cómo gestionar la zona de fumadores.
En fin, vayamos a lo que importa: la comida. ¿En resumen? Sensacional.
El aperitivo fue una sopa de tomate con queso de búfala, nada arriesgado pero muy eficaz.
Los entrantes fueron unos creps de changurro bastante interesante, pero ciertamente facilones; un risotto bueno (aunque no soy nada aficionado a los risottos) y lo destacado: un toro de atún con caviar natural realmente es-pec-ta-cu-lar, apreciándose una calidad extrema en el selecto corte del atún que, preparado con sencillez, como un tartar, lo que permite que destaquen como merecen todos los sabores; el otro plato estrella furon los huevos poché con puré de patata y trufa, con sabores, aromas y texturas inigualables, ayudados por el mágico efecto de la trufa. Los dos mejores platos de la noche.
Cuando llegamos a los segundos, el grupo ya estaba entregado, y nos lanzamos entre otros al taco de atún, de calidad superior también y perfecta preparación, ya que el taco es una pieza de importante grosorque debe estar casi crudo en el interior, pero sin quedarse frío, lo que es bastante complicado. También en la mesa se pidió una lubina y unos canapés de merluza, lo más flojo de la noche. Entre las carnes, escogimos unas mini-hamburguesas de buey muy logradas y unas carrilleras estofadas con morcilla, todo de cerdo ibérico; estos dos platos no emocionaron como el toro de atún o los huevos poché pero son muy recomendables.
La carta de vinos tiene multitud de referencias, aunque nuestra primera opción no estaba disponible, pero nos arreglamos bien con un -denostado por algunos- Abadía Retuerta.
A pesar del atasco del servicio -que no soy el primero en notar-, el restaurante es de altísimo nivel, como lo es su precio, muy en la línea de lo que se aprecia en el Madrid gastronómico.
| Print article | This entry was posted by Melvin on 27/04/2008 at 16:12, and is filed under Gastronomía. Follow any responses to this post through RSS 2.0. You can leave a response or trackback from your own site. |