Aquí, por fin, el Plan de actuación en el Nikki Beach a partir de mañana día 29, con la inauguración oficial.
Va a ser duro, lo sé… pero hay que hacerlo. El viernes, como sea, espero colgar algo.
Aquí, por fin, el Plan de actuación en el Nikki Beach a partir de mañana día 29, con la inauguración oficial.
Va a ser duro, lo sé… pero hay que hacerlo. El viernes, como sea, espero colgar algo.
Teníamos muchas ganas de conocer Casa Solla, del que tanto y tan bien se ha hablado en otras páginas, tanto de blogastrónomos como de críticos tradicionales, así que nos lanzamos a la carretera para una rápida incursión en tierras pontevedresas y cenar en tan prestigioso lugar, considerado el mejor restaurante actualmente de Galicia. El cocinero y propietario es Pepe Solla, perteneciente también al grupo gastronómico Nove.
El restaurantes se ubica en una antigua casona de piedra, en la carretera que va de Poio a Sanxenxo, pero al entrar descubrimos un comedor francamente agradable, muy luminoso, amplio y moderno, con una cocina a la vista tras una gran mampara de cristal y que tiene un su interior una llamativa escultura de ¿Cristino Mallo? -agradecería la confirmación-.
Por supuesto, ante la magnitud de la tarea encomendada, no pudimos decidir los platos así que, aprovechando la temprana hora y la escasa afluencia de público, nos inclinamos por el menú degustación, que se apuntaba apetitoso.
Y no nos equivocamos.
El menú es largo, pero se sirve con eficacia y un ritmo envidiable; no es de los que necesita tres horas para comer. El orden fue así:
Caldo gallego de chorizo: un aperitivo de sabor curioso, un chupito que entusiasmó a algunos comensales, no tanto a mí.
Berberechos con una salsa verde, que sustituían la vieira del menú: no sé si estaba casi crudo o sólo frío, pero el sabor excesivamente marino no emocionaba, era un tanto basto.
Calamar con puerrros: la cosa sube de nivel, con un cuerpo de calamar muy tierno, perfectamente cocinado sobre una salsa con puerros que era lo mejor del plato.
Espárragos con jamón: recién pelados y donde el jamón brilla por su ausencia, es más bien la grasa del jamón cocido que está encima de los espárragos o al jamón convertido en gelatina o qué sé yo… una mezcla de texturas y de sabores que ya nos congració definitivamente con Pepe Solla.
Huevo con pan-ceta: aquí ya los comensales nos entregamos y a punto estuvimos de hacerle la ola al cocinero. ¡Qué calidad! El huevo, casero y sin clara, con unos taquitos de panceta de cerdo y un pan triturado que, mezclado, creaba un plato delicioso y nada tosco. No sé cómo prepara el huevo, pero era de una calidad tan superior que ni nos importó. Fue, para algunos, el mejor plato de la noche y queríamos un bis…
Merluza con acelga: similar a algunas preparaciones tomadas en nuestras últimas incursiones. Muy correcto, muy bueno, muy sano y lo que se quiera. Perfecto para el menú si después hay algo que despierte los sentidos, como así fue.
Capón en pepitoria: para mí el plato estrella; prácticamente crudo, lo que en principio complica el capón, pero no es así en este caso; sabrosísimo sin ser pesado, con una salsa en pepitoria magnífica sin ser opulenta. No soy muy amigo del capón, pero preparado así afirmo que es de los mejores platos de carne que he degustado en mucho tiempo.
Queso del país con membrillo y compota de manzana: el propio Pepe Solla nos sorprendió con un carrito con el queso, que venía dentro derretido dentro de un cuenco de madera. Preguntamos si era una torta y el cocinero nos explicó que era queso del país, o sea, tipo Arzúa, pero elaborado con leche cruda y con la consistencia de una torta del Casar: una auténtica exquisitez, a pesar de que me fallaba el membrillo, que encontré algo insulso. Fue en ese momento en el que realmente nos arrepentimos de no haber pedido una botella de vino para degustar el queso; pero qué le vamos a hacer, había un largo camino de vuelta conduciendo hasta La Coruña y había que ser prudentes.
De postre tuvimos una especie de nube con crema y un Chocolate con albaricoque: dos postres realmente buenos y que acabaron con nosotros, ya que la cena, a pesar de ser el menú degustación, no había sido excesivamente copiosa; de hecho, hubiéramos repetido sin dudar el Huevo con pan-ceta y el Capón en pepitoria.
Fantástico restaurante: bastante por encima de otros que tienen la misma valoración para los señores de Michelín. Si no es el mejor restaurante de Galicia poco le falta.

Volvemos a hablar de El Higuerón, ya que una nueva visita se salda con un reencuentro anhelado con la calidad de la que siempre se ha disfrutado aquí.
Esta vez acudimos al bar, situado en la entrada del local, para pinchar algo antes de seguir camino. Y hay que decir que fue una sabia elección, ya que se puede optar por una carta reducida o comer lo mismo que en el comedor principal, a un ritmo no tan pausado.
Compartimos, entre tres comensales, lo siguiente:
- El pastel de centollo, que no por habitual es menos necesario: fantástico de sabor y con una especie de bechamel por encima, a pesar de todo bastante ligero.
- La ensalada con vestresca tibia: absolutamente superior, la ventresca en su punto de elaboración, sin estar fría ni pasada, de una enorme calidad y sobre una cama de pasas, lo que le daba un toque muy acertado.
- Anchoas con aguacate: que es la auténtica razón de escribir este post, ya que en nuestra última crónica las echamos en falta, y no quiero dejar pasar la ocasión de señalar que han vuelto a la Cara ¡y de qué manera! Sé que son escasas, sé que están en peligro de extinción e ignoro si son del Cantábrico, pero las anchoas con ese aguacate malagueño tierno y sabroso con el que se acompañan en El Higuerón son para quitarse el sombrero.
En resumen, solución ideal para comer rápido y muy muy bien en un local atractivo y magníficamente gestionado. Esta vez no hay quejas referidas al servicio, muy rápido y correcto.

Sultanes del sur es de esas películas a la que le sobran algunas cosas, especialmente la voluntad de imitar al cine americano. Sin embargo, y obviando esto, esta producción hispano-mexicana es bastante decente y entretenida, un buen producto comercial.
Lo mejor para mí es el papel de Jordi Mollá, lejos el histrionismo de alguno de sus papeles como narco en el cine americano, aquí su actitud tranquila es más desasosegante, la verdad. Es una pena que su rol sea un tanto breve, ya que tiene muchas más fuerza que el protagonista y guionista, Tony Dalton, un gran representante de la rigidez facial y el gruñido como técnica interpretativa, que tan bien desarrolló en tiempos Sylvester Stallone. Es este Tony Dalton un punto flojo a nivel de actuación.
Por otra parte, el filme tiene un buen ritmo, divierte a ratos y, sobre todo al principio mantiene la tensión. Además, los personajes de los mafiosos de Buenos Aires, El Tejano y Pablo Benes están muy logrados, especialmente el primero, encarnado por el actor gallego Celso Bugallo.

Sin embargo, el final es muy flojo, muy forzado y el último elemento es innecesario. Yo puede entender que a Tony Dalton le gustara Sospechosos Habituales, pero él no es Christopher McQuarrie ni tampoco Kevin Spacey.
En cualquier caso, se puede ir al cine a pasar un buen rato con una historia de atracadores, violenta y ágil, aunque flojee un poco el guión.
Hedi Slimane, convertido desde antes de su marcha de Dior Homme en auténtica leyenda del diseño de moda, muestra aspectos interesantes de su vida y evolución en esta entrevista publicada en El País, que lo califica de creador de tendencias para la juventud. Y yo me pregunto: ¿La juventud lo sabe? Tal vez no conscientemente, pero su estilo ha sido y sigue siendo imitado continuamente en todos los lugares del mundo.
¿Es un fotógrafo? ¿Es un diseñador? ¿O es tal vez un artista multimedia? (Y no lo confundan por favor con el subidito y durante años ubicuo Antón Reixa…)
Genio y figura este Slimane. Esperemos que vuelva algún día.


(foto de marseoane)
Con el Playa Club me ocurre una cosa curiosa:como muy bien pero me cansa. Y me ha cansado en 4 ó 5 visitas, lo que es bien poco. Los problemas son, en mi opinión, dos: una carta muy escasa y que ésta apenas varía; hacía un año desde mi última visita y me pareció encontrar más de lo mismo. Todo muy bueno, pero los platos de siempre.
De primero nos inclinamos por los famosos langostinos crujientes con compota de mango -sabrosos y abundantes, para todos los públicos-, también pedimos los huevos escalfados con patata y crujiente de chorizo -otro acierto seguro- y, por último, una novedad para mí:el lubrigante asado con naranja y coliflor, que consistía en varias piezas pequeñas y peladas de este marisco -casi un poco frías-, bien contrastadas con una suerte de salsa de naranja muy conseguida que era la única aportación original. Este lubrigante no estaba mal, pero está mucho mejor con un preparación clásica tipo El Refugio que con inventos un tanto forzados. Sin querer ser fundamentalista, diré que los langostinos o los huevos son elecciones mucho más adecuadas.
Los platos principales fueron un mero con chalota, puré de olivas negras y ajetes bastante bueno, basado en una buena pieza de mero (o lubina en función del mercado) y unos ajetes riquísimos (”No sé qué tendrán los ajetes, que cada día me gustan más”); unas carrilleras de ternera, otro de los sospechosos habituales del restaurante, sabrosas y muy bien preparadas, aunque un tanto pesada para la cena y nada sorprendentes, aunque a todo el mundo le gustan; y, por último, su humilde servidor se decantó por la merluza con berberechos y tirabeques: el mejor plato de la noche, con una fantástica merluza, apoyada sobre una cama de tirabeques que, si no se hubieran terminado, seguiría comiéndolos (¡Qué cosa más buena!) y un caldito que no recuerdo de qué estaba compuesto. Sólo me sobraron los berberechos, que no aportaban nada al conjunto.
El servicio es bueno, pero no hay un cuidado especial. Uno no se siente bien atendido… ni mal. Estándar.
La carta de vinos tiene bastantes referencias y el vino escogido fue un absoluto acierto: el AALTO 2004 de Mariano García, que está en su punto; es un vino moderno que no necesita envejecer más, éste es el momento adecuado para este Ribera del Duero: superior y con un precio demasiado bajo, muy cercano a su cotización actual en bodega. Me siento un poco como Jim Cramer pero… ¡Comprar, hay que comprar!
Y por último el postre: una crema de chocolate blanco servida en una copa con una mermelada de naranja ligeramente amarga por encima y una especie de galleta triturada al fondo de la misma: un postre bastante conseguido, no muy sutil en los sabores pero muy rico y potente (uno fue suficiente para los cuatro comensales).
En fin, echo en falta más innovación, aunque la merluza, el lubrigante y el postre eran novedosos, pero la sensación es que la carta es muy escasa, poco dinámica y que no convierten la cena en una ocasión especial. Y después de lo anterior, declaro que es uno de los mejores restaurantes de la ciudad, perfectamente ubicado y con unas vistas sensacionales sobre la playa de Riazor.
Discúlpenme por insistir con el vino, pero el AALTO 2004 es de lo mejor en relación calidad-precio de mis últimas incursiones… Lo dice hasta Robert Parker.
Recuperamos hoy otro de nuestros locales favoritos: el Mesón Comarea en La Coruña, del que ya posteamos en otra ocasión.
Aplicando su fórmula de mesón, en el cual se cuida mucho la calidad del producto en la comida y la bebida, el éxito de este local en la ciudad es incontestable y continuado.
El otro día la visita fue una comida de trabajo breve, apresurada. Deseo centarme aquí en dos platos de gran calidad fuera del circuito habitual de mariscos plancha o cocidos; se trata del raxo con patatas y los huevos rotos con jamón.
El raxo en adobo es un plato típico de la zona, un tanto ordinario pero sabroso, consistente en carne de cerdo en tacos y frita con ajos, guindillas, etc… acompañado de patatas. Nada espectacular, como puede apreciarse, pero un plato tradicional, contundente y económico, que existe en multitud de mesones y tascas de la ciudad. Lo sorprendente aquí es la calidad del mismo: ciñéndose a la fórmula tradicional el raxo es el mejor que he probado; magnífica la carne, perfecto el adobo y buenísimas las patatas, que cogen el sabor de la carne y muy abundante.
Los huevos rotos con jamón, que no son precisamente patrimonio exclusivo de la gastronomía local, están magníficamente resueltos, basados en lo mismo: unos estupendos huevos, las mejores patatas del mundo que son las de aquí y un buen jamón. Es tomar lo de siempre pero haciéndolo mejor, en un mesón (o tapas bar como se denominan) que es la referencia en la ciudad.
Destacable como siempre la cambiante y completa oferta de vinos por copas, en tintos y blancos.

La noticia no es el perro es una magnífica entrada en Orsai, el blog de Hernan Casciari, en la cual la noticia se disfraza de cuento o al revés. Vale la pena leerlo y entristecerse porque podría ser auténticamente real.
De repente, un video de You Tube recibe un millón de visitas. Su autora, una gordita de Illinois, escribe con el culo en una pizarra. En casa de la gorda suena el teléfono sin parar. (seguir leyendo)
También se puede seguir al gran Casciari en otro de sus blogs, Espoiler, dedicado a las series de televisión: un gran modo de encontrar o reeencontrar auténticas joyitas.
Hacía mucho tiempo que no visitaba Casa Pardo y no sé por qué, ya que todo sigue siendo de primer nivel en este restaurante. Sigue siendo, merecidamente, el restaurante más prestigioso de la ciudad, contando con una estrella Michelín.
Casa Pardo ha sido recientemente redecorado en la línea neobarroca que es habitual en casi todos los locales de la ciudad en los últimos tiempos, a pesar de que el resultado es bueno y el local sigue siendo acogedor y algo menos retro que antes. Pasando a cuestiones de más peso, en la cocina de Ana Gago se sigue apostando por una mezcla de tradición bien entendida, por una selección primorosa de la materia prima y por un toque de innovación -no demasiado- en la preparación, lo que garantiza un público amplio y que, a pesar del precio elevado pero acorde a la calidad, mantienen el local con un nivel de ocupación bastante alto.
El servicio es muy profesional, el maitre Eduardo Pardo y Serafín Fraga vigilan la sala con atención y los platos salen de cocina a un ritmo constante: apenas hay que esperar entre las comandas. La gestión de la sala y de la cocina lo sitúan como la referencia de los locales de la ciudad, con el mérito añadido de mantenerse a la cabeza durante casi quince años.
Como aperitivo de la casa nos sirvieron mejillones en escabeche y un salpicón muy bueno. De entrantes compartimos unas zamburiñas al horno (diferentes de la preparación de la Iebolina pero de gran calidad también) y las clásicas bolsitas de gambas con salsa agridulce: uno de los platos más conseguidos de la carta, sabroso y apto para casi todos los paladares y que nunca desaparece del menú. Los platos principales fueron una merluza con guisantes y berberechos (¡prácticamente calcado el plato al que tomamos el sábado en La Estación pero más afinado) y un magnífico mero en salsa de nécoras; ninguno de estos platos pasará a la historia, pero estaban muy logrados y utilizando una materia prima muy selecta. De postre compartimos una deconstrucción de tiramisú que, lo reconozco, es una de mis debilidades: fantástico.
Casa Pardo sigue muy arriba por méritos propios; muy por encima del nivel del restaurante de la Domus, del mismo grupo y con la cocina del hijo de Ana Gago y Eduardo Pardo, los propietarios del restaurante.
Nueva visita el sábado a La estación de Cambre, después de unos meses sin venir. Y nos fuimos un poco desencantados, la verdad.
Llegamos con mucha ganas, tantas que nos inclinamos por el menú degustación; incluimos los vinos, lo que no me convencía demasiado, pero lo hicimos confiando en la pericia de Beatriz Sotelo y Xoán Manuel Crujeiras, que tan buenos ratos nos han hecho pasar en otras ocasiones.
Foto extraída de Manuel Gago (Capítulo 0)
Sin embargo, todos salimos de la cena un tanto defraudados, tanto por el menú como por los vinos.
El menú incluía la habitual degustación de aceites (siempre bien seleccionados, variados y acompañados de sal Maldon) y un aperitivo de crema de maíz; como entrante un canelón de faisán que ya es un clásico y fue lo mejor de la noche; luego dos platos principales: un mero con caldo de jamón y guisantes bueno pero un tanto insípido y un lomo de ciervo olvidable. Sabores demasiado convencionales para un restaurante que ha ofrecido veladas mucho mejores.
Sé que soy duro en la crítica, pero A Estación es para mí, y ya lo he dicho antes, la mejor cocina de La Coruña y alrededores; y debe mejorar mucho en profesionalidad del servicio y trato del vino. Seguiré volviendo, pero Sotelo y Crujeiras tienen mucho más que ofrecer.
Los vinos sufrieron alguna variación con respecto a lo previsto: parecía que los sacaban al tun tun y no hubo ninguno destacable, tan sólo un simpático chardonnay chileno.
Nota: la web de La Estación sigue siendo imposible de encontrar vía Google y, si la encuentras, la página en general está absolutamente desactualizada, lo que es absolutamente reprobable en estos tiempos. Teniendo en cuenta que el local nunca está precisamente lleno, ya podían esforzarse un poco más para promocionarlo, como hacen algunos blogueros desinteresados como Pantagruel, el Gourmet de Provincias, De pinchos o Manuel Gago, auténticos animadores del local en Internet.

Tengo la necesidad de escribir esta tarde después de una comida exprés en “El Higuerón”. Sigo manteniendo mi opinión del anterior post, pero quiero reseñar que la especialidad de este restaurante son los guisos, algunos de inspiración asturiana y todos de gran calidad, que no son habituales en esta tierra y son el objeto principal de esta entrada.
Como entrante compartimos, pues hoy íbamos de ligeritos -”Melvin se pone a plan”- un tartar de tomate con anchoas y una salsa de mostaza: plato sólo correcto y un tanto avinagrado, en el cual se camufla unas anchoas de medio nivel. Quiero recordar (con nostalgia) que durante años uno de los platos estrellas del local han sido unas impresionantes anchoas con aguacates pero que hoy, ante la escasez del bocarte, han desaparecido de carta.
Nos lanzamos des pués con un Rossejat de fideos con langostinos y setas. Sólo puedo decir que el nivel de este plato, relativamente sencillo y casero, es realmente superior: perfecta consistencia del fideo, ni demasiado duro ni pegado; muchas verduras muy bien troceadas que se integran perfectamente en el plato; un uso maestro del pimentón; un gran caldo de base y unos langostinos de calidad perfectamente cocinados -cuando lo más habitual es que sólo valgan para decorar-. Plato muy conseguido y sabroso.
Vuelvo a darle otro punto negativo al servicio: muchos camareros para tener que acabar pidiendo tres veces una botella de agua y persiguiéndoles para que me cobren…
“Iron Man“, el nuevo producto de la factoría Marvel, acaba de estrenarse en nuestro país. Y me ha sorprendido agradablemente.
A pesar de ser un gran aficionado al mundo de los comics en general, y al de los superhéroes Marvel en particular, no puedo menos que reconocer que, en los últimos años, casi todas las adpataciones cinematográficas de dichos superhéroes han sido lamentables, salvo contadas excepciones como las dos primeras entregas de los X-Men de Bryan Singer, de Singer también y la apreciable Superman Returns, Batman Begins del brillante Christopher Nolan y, relativamente, la primera de Spiderman; el resto pura bazofia, desgraciadamente. Por todo lo anterior, mis expectativas al ir a ver “Iron Man” eran bastante modestas, esperando algo similar a los pésimos Transformers de 2007; al no ser así, probablemente exagero las virtudes de la película.
Gran parte del éxito del proyecto es poner a Robert Downey Jr. como héroe redimido; su personaje, Tony Stark, es un fabricante de armas genial y cínico, deseoso de negar su responsabilidad en la destrucción que sus armas crean. Es un giro muy interesante: primero por los conocidos vicios de un Downey Jr., que aquí luce un destacable físico, indispensable para dar a luz a un héroe comiquero, y segundo porque lejos del personaje de comic creado por Stan Lee, este “Iron Man” no es un patriota que lucha contra los comunistas sino un hombre sarcástico y desencantado, de vuelta de todo.

Es cierto que la trama es bastante típica y no encierra grandes sorpresas, pero es lo habitual en un guión como éste, que tiene que presentar a un elenco de personajes y que aspira a ser el primero de una saga; sin embargo, el ritmo narrativo es bueno (¡muy potente el arranque de la película!), no se dicen demasiadas tonterías y el trabajo de Downey Jr. es impagable, ya que dota de gran entidad a un personaje un tanto plano, como es el Tony Stark que aparece en los cómics. Con respecto a la posible continuación, los aficionados deben saber que, después de los títulos de crédito, cuando las luces están encendidas y te están achando del cine, hay un epílogo que aclara algo sobre este punto.
Dice Calamarín en su post sobre el tema que le sobran las guitarras en las escenas de acción y, aun reconociendo que sus sugerencias pueden ser buenas, a mí me gustan bastante y son más adecuadas para el público adolescente al que va dirigido el filme; rebuscando entre los créditos vemos que las guitarras son obra de Tom Morello, guitarrista de Rage against the Machine, que aparece también como actor acreditado.
Por otra parte, la estética general de la película es genial y los efectos especiales son impresionantes, en la línea habitual de la Industrial Light & Magic de Lucas. Es un producto bastante aceptable, mejor que la media, y que va a ser uno de los taquillazos de este año, aunque admito que hay una escena, fácilmente reconocible, que suena mucho al Equipo A -cosa que a mí particularmente no me molesta, más bien al contrario-.
Mención especial para el genial Jeff Bridges, siempre perfecto y adaptable a todas las situaciones,y que aquí encarna a la némesis de Iron Man; también para la elegante Gwyneth Paltrow, como la sensual y pelirroja ayudante de Stark.


Sí, fieles compañeros: el Nikki Beach ya ha abierto. Una vez más reabre sus puertas coincidiendo con el comienzo de la larga temporada turística en Marbella. Y lo hace con su ya conocida fórmula de sol, música, gente guapa. daiquiris, mojitos y champán, en el orden que se prefiera.
El Nikki está en el Hotel Don Carlos, en una de las mejores playas de Marbella y, de manera oficial, tiene prevista su inauguración el 29 de mayo, con el evento “White Opening Party” que marca para muchos el comienzo del verano marbellí, y que es el lugar para dejarse ver. Coincide con la apertura del restaurante en horario nocturno y de la discoteca (la antigua Oh! Marbella).

Previamente, el 4 de mayo es el primer “Amazing Sunday” del año, actuaciones de go-go´s, percusionistas y al menos un saxofonista, dirigidos por el DJ residente, Mario Óscar Zárate. ¡Estas fiestas son la seña de identidad del Nikki en Marbella y nadie que sea un poco responsable debe perdérselas!
Sin embargo, sé de buena tinta que se han marchado, junto al mánager que llevaba el Nikki la temporada pasada, unos cuantos camareros y camareras al Ocean Club de Puerto Banús que, después de un par de años de problemas, parece querer volver por todo lo alto… Habrá que estar muy atento.
Hoy es la fiesta de apertura en el Ocean Club y, debido a la extramas condiciones de trabajo que le aplican a Melvin, no vamos a poder asisitir, pero si alguien va a estar por allí que nos cuente algo: ¡Queremos saber!