Hacía mucho tiempo que no visitaba Casa Pardo y no sé por qué, ya que todo sigue siendo de primer nivel en este restaurante. Sigue siendo, merecidamente, el restaurante más prestigioso de la ciudad, contando con una estrella Michelín.

Casa Pardo ha sido recientemente redecorado en la línea neobarroca que es habitual en casi todos los locales de la ciudad en los últimos tiempos, a pesar de que el resultado es bueno y el local sigue siendo acogedor y algo menos retro que antes. Pasando a cuestiones de más peso, en la cocina de Ana Gago se sigue apostando por una mezcla de tradición bien entendida, por una selección primorosa de la materia prima y por un toque de innovación -no demasiado- en la preparación, lo que garantiza un público amplio y que, a pesar del precio elevado pero acorde a la calidad, mantienen el local con un nivel de ocupación bastante alto.

El servicio es muy profesional, el maitre Eduardo Pardo y Serafín Fraga vigilan la sala con atención y los platos salen de cocina a un ritmo constante: apenas hay que esperar entre las comandas. La gestión de la sala y de la cocina lo sitúan como la referencia de los locales de la ciudad, con el mérito añadido de mantenerse a la cabeza durante casi quince años.

Como aperitivo de la casa nos sirvieron mejillones en escabeche y un salpicón muy bueno. De entrantes compartimos unas zamburiñas al horno (diferentes de la preparación de la Iebolina pero de gran calidad también) y las clásicas bolsitas de gambas con salsa agridulce: uno de los platos más conseguidos de la carta, sabroso y apto para casi todos los paladares y que nunca desaparece del menú. Los platos principales fueron una merluza con guisantes y berberechos (¡prácticamente calcado el plato al que tomamos el sábado en La Estación pero más afinado) y un magnífico mero en salsa de nécoras; ninguno de estos platos pasará a la historia, pero estaban muy logrados y utilizando una materia prima muy selecta. De postre compartimos una deconstrucción de tiramisú que, lo reconozco, es una de mis debilidades: fantástico.

Casa Pardo sigue muy arriba por méritos propios; muy por encima del nivel del restaurante de la Domus, del mismo grupo y con la cocina del hijo de Ana Gago y Eduardo Pardo, los propietarios del restaurante.

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