Volvemos a hablar de El Higuerón, ya que una nueva visita se salda con un reencuentro anhelado con la calidad de la que siempre se ha disfrutado aquí.

Esta vez acudimos al bar, situado en la entrada del local, para pinchar algo antes de seguir camino. Y hay que decir que fue una sabia elección, ya que se puede optar por una carta reducida o comer lo mismo que en el comedor principal, a un ritmo no tan pausado.

Compartimos, entre tres comensales, lo siguiente:

- El pastel de centollo, que no por habitual es menos necesario: fantástico de sabor y con una especie de bechamel por encima, a pesar de todo bastante ligero.

- La ensalada con vestresca tibia: absolutamente superior, la ventresca en su punto de elaboración, sin estar fría ni pasada, de una enorme calidad y sobre una cama de pasas, lo que le daba un toque muy acertado.

- Anchoas con aguacate: que es la auténtica razón de escribir este post, ya que en nuestra última crónica las echamos en falta, y no quiero dejar pasar la ocasión de señalar que han vuelto a la Cara ¡y de qué manera! Sé que son escasas, sé que están en peligro de extinción e ignoro si son del Cantábrico, pero las anchoas con ese aguacate malagueño tierno y sabroso con el que se acompañan en El Higuerón son para quitarse el sombrero.

En resumen, solución ideal para comer rápido y muy muy bien en un local atractivo y magníficamente gestionado. Esta vez no hay quejas referidas al servicio, muy rápido y correcto.

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