
Estamos un poquito igual que siempre con el cine español: directores que se creen Edward Burns, Amenábar y Cristopher Nolan juntos; actores masculinos que provocan un poco de grima visual (Karra Elejalde); una tía buena (Bárbara Goenaga) que enseña las tetas aun cuando es absolutamente innecesario y unos momentos que bordean el ridículo a pesar de que se busca tensión.
Eso es “Los cronocrímenes”, el debut de Nacho Vigalondo en el mundo de los largos; aunque también es mucho más, no todo es tan negativo: la idea de la trama es interesante, sorprende inicialmente y no está mal desarrollada; los hechos, que inicialmente parecen absurdos van adquiriendo algo de sentido a lo largo del metraje y, con poco presupuesto y sólo cinco personajes, crea una aceptable obra de ciencia-ficción.
Lo más interesante es cómo evoluciona el registro: si el comienzo es el propio de una película de terror con villano deforme, se transforma en una fantasía sci-fi.
No voy a desvelar la trama, el guión es interesante, pero bastante menos lo es la realización. Da la impresión de que se ha querido vender como la nueva “Abre los ojos”, pero está a años luz de la película de Amenábar. A Vigalondo le falta manejo de la tensión; el arranque es de verdad inquietante, pero a la actitud del protagonista le falta verosimilitud; parece que hace las cosas porque las tiene que hacer, pero aparte de jugar con los tiempos narrativos, no estás muy claras las razones de por qué hace las cosas.
Vigalondo aparece también como actor, y como actor es lamentable, en la línea de Kira Miró, que no es poco. A Kira le salva que está buena, pero Vigalondo parece el típico freak del Salón del Cómic, de esos que nunca se comen una rosca salvo que se hagan directores de cine.
Si, como dicen, hay remake americano, puede hacerse una sensacional película, porque el guión de Vigalondo, para mí, es muy bueno; en realidad, el argumento es bueno, ya que el guión en algún punto está cojo; falla Vigalondo como actor y director, pero me gusta como guionista. Es un intento estimable, no se puede negar, pero hay que saber qué se sabe hacer: no se puede aspirar a hacerlo todo y todo bien.
En cualquier caso, no entiendo el entusiasmo que ha despertado la primera película de Nacho Vigalondo, a pesar de sus éxitos previos a nivel internacional (nominado en 2004 para el Oscar al mejor cortometraje) y los premios en festivales que ha cosechado (Málaga, Sitges…).








