Hoy me siento un poquito bipolar
“Trainspotting” de Irvine Welsh

“Trainspotting” se ha convertido, con el paso de los años, en un mito de la contracultura, tanto por el texto, como por la adaptación cinematográfica que supuso el primer éxito de Danny Boyle y Ewan McGregor, así como por el Born Slippy (tema principal de la película) compuesto y cantado por “Underworld” -auténtico himno de mediados de los años´90-.
La novela se lo merece: es absolutamente rompedora en lo formal, con una utilización de muchos puntos de vista diferentes, así como estilos, con la armonía que les da a todos pertenecer al mismo estrato social. Es un reflejo vigoroso y descarnado del mundo de la droga, de la adicción al caballo. Y es sin embargo esto último, que es inicialmente lo más característico, una excusa para mostrarnos la vida desgraciada, vacía y desvalorizada de una clase social baja, bajísima; muestra de una Escocia decadente, tanto individualmente como al ser parte del Reino Unido. Sinceramente, lo que vemos está muy lejos de un país próspero, lejos de la imagen que los turistas nos llevamos de Edimburgo.
Los protagonistas no son héroes, son ladronzuelos, drogadictos, miserables y acomplejados, rodeados de muerte, droga y desesperación y, sin embargo, están dotados de un sentido del humor ácido y cruel. Cuando lees sus historias no puedes culparles por engancharse al caballo.
La novela es dura, pero también divertidísima, ágil y con momentos memorables. Un clásico moderno. “Trainspotting” constituye, junto al “Yonqui” de William Burroughs, uno de los mejores retratos de la droga. Para Burroughs: “La droga no es, como el alcohol o la yerba, un medio para aumentar el disfrute de la vida. La droga no es un estimulante. Es un modo de vivir”. Y esta máxima la aplican a tope los chicos de Edimburgo que protagonizan la novela de Welsh.
Recomendable también la película y su banda sonora.
| Print article | This entry was posted by Melvin on 20/06/2008 at 17:37, and is filed under Literatura. Follow any responses to this post through RSS 2.0. Both comments and pings are currently closed. |
Comments are closed.
about 2 years ago
Yo he entrado en muchas letrinas que hacen que la de la famosa escena de la película parezca el trono de la reina Victoria.
Enlazando con cagaderos de referencia, viene a mi memoria otro clásico del cine europeo, “Makinavaja, el último choriso” (1992, Carlos Suárez), delicada sinfonía costumbrista, plagada de diálogos tan brillantes como memorables, e imágenes imborrables como aquella en que Moromierda -representación atávica del gañán que todos llevamos dentro- se las ve y se las desea para rescatar un Rólex del retrete después de que el comisario de turno haya atendido, muy inoportunamente, a la llamada de la naturaleza. Podrías recomendarla en tu próximo post, tú que eres tan amigo del cine de arte y ensayo.
P.S.: Como se te ocurra volver a tocar la plantilla y hagas desaparecer este comentario, después de lo que me ha costado escribirlo, te corto las pelotas.
about 2 years ago
Sí, pero este tipo de películas exigen un público tipo “me apasiona Kurosawa aunque no entienda una mierda de lo que me está contando”, que no se encuentra entre los múltiples lectores (unos tres) de este blog farandulero y antiguamente procaz…
Realmente, no me fío mucho de sus recomendaciones cinematográficas, teniendo en cuenta que “Zoolander” no le gustó: ése sí que es un un título clásico…
about 2 years ago
Bueno, no me gustó tanto como «Iris», pero me gustó más que «Yo soy Sam». Y estuvo cerca de igualar a «Los chicos de la casa de al lado».
No sé qué hago dándole explicaciones a uno que ha ido a ver «Sexo y Jamón York».
about 2 years ago
Ésa de “Sexo y Jamón de York” me suena a peli porno de chinas…