James Ellroy es presentado siempre como el Hammett o el Raymond Chandler actual. No diré tanto, pero sí que es un enorme novelista.

Dotado de un estilo muy cinematográfico, Ellroy bucea en las profundidades del mal que se esconde en los cerebros perversos de los psicópatas del siglo XX, y sale victorioso. De alguna manera, los asesinos en serie son creíbles en manos del escritor, y los crímenes encuentran en la ciudad de Los Ángeles que refleja, su escenario ideal. Y me hace preguntarme por qué los grandes autores de novela negra casi siempre se localizan en la ciudad californiana.

“El asesino de la carretera” es su última novela publicada en España, pero se trata de un trabajo de hace más de 20 años, que creo estaba inédito en nuestro país. A la novela se le nota que no tiene la solidez de obras posteriores, como “Seis de los grandes” o “El gran desierto”, donde afina mucho más su estilo esquemático, casi cortante. Sin embargo, “El asesino de la carretera” es un trabajo notable, en la que se aprecian recursos como la utilización de  publicaciones de prensa o informes policiales que repetirá posteriormente, pero aquí con un solo punto de vista. Para mí, lo más destacable es la percepción, en primera persona, de la locura del protagonista, un asesino en serie que, al final no sabemos si está loco; los resortes mentales que explican su locura y su acción criminal son notablemente fascinantes, así como su tremenda habilidad para no ser atrapado a pesar de su larga estela de crímenes.

Es una buena e inquietante novela, pero lejos de los clásicos modernos que Ellroy ha publicado después.

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