Más reflexiones sobre la copia privada

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Aun a riesgo de ser considerado reinicidente, me permito extractar -de nuevo- algunos puntos del post de Enrique Dans sobre la “piratería”, cuya entrada original podéis ver aquí:

Contra la mal llamada “piratería” [...] Segundo, porque no es malo. No es robar. No se puede comparar al robo de propiedad física, es una falacia conceptual que solo los más ignorantes se atreven a mantener. La difusión no perjudica a los artistas cuando se asume que el modelo de cobrar por copia ha desaparecido. No se puede aspirar a cobrar por algo, generar una copia, que ya no cuesta nada. Producir música no es gratis, copiarla sí. Por tanto, hay que generar valor de otra manera. Proteger el negocio de las copias es absurdo.

Tercero, porque generar valor de otra manera no es imposible. Tal vez no requiera las costosas y pesadas estructuras que determinadas empresas mantenían para ello y se vean obligados a aligerarlas, pero no es imposible. Quien genere recursos con la propiedad intelectual de otros debe pagar por ello. En el nuevo entorno existen infinitas maneras de generar valor y de hacer que alguien pague por tu producto, sin extorsionarlo mediante un injusto canon o gravarlo con un impuesto arbitrario. Subvencionar la ineficiencia es absurdo.

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La americana de John Malkovich

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Como una broma siniestra, el destino me ha deparado en pocos días dos sorpresas: las inquietantes imágenes de Malkovich propuestas por Calamarín y esto…

Publicado en la sección de “Gente” en elmundo.es, el estampado demuestra que Mr. Malkovich está,  definitivamente, a otro nivel.

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Restaurante “La Iebolina” (La Coruña)

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Este local es la apoteosis del producto natural. Eso es lo que se encuentra en “La Iebolina”, el restaurante situado junto a la Plaza de María Pita y que ya se ha comentado aquí en otras ocasiones.

Antonio sigue fiel a su estilo, a la selección inmejorable de mariscos y pescados, a las preparaciones sencillas que otorgan el protagonismo, merecido, a la materia prima.

Si en otras visitas se apreció una escasa afluencia, los congresos de Palexco parece que le están sentando bien a “La Iebolina”, pues estaba casi al completo, como nunca lo habíamos visto. Y se agradece.

En nuestra última visita no había el famoso salpicón, normalmente de Lubrigante, sin más historia que huevo, aceite y el marisco… ¡Fuera los pimientos y las cebollas: es auténtico salpicón de lubrigante y que se note! Esta vez tuvimos suerte y a fe que lo disfrutamos: tan bueno como siempre, con unos trozos gordos y jugosos de lubrigante es, en mi modesta opinión, el mejor de la ciudad.

También a la entrada había captado nuestra atención unas cigalas en edad de merecer con un porte elegante: no puedo menos que admitir que, cocidad, estaban a la altura esperada… Imperiales.

Para el segundo, con prisas porque andábamos escasos de tiempo, pedimos la ya clásica lubina hervida con aceite de oliva virgen y patata… Cuando degusto un plato como éste, en ocasiones me pregunto ¿y para qué algo más?

Cuando alguien quiera degustar alguno de los mejores pescados y mariscos de la ciudad le sigo recomendando que se pase por aquí.

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Vinoteca “Kata 9″ (La Coruña)

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“Kata 9″ es una vinoteca de La Coruña, situada cerca de la Plaza de Portugal, al lado de Riazor.

Abierta hace un par de años, es una propuesta gastronómica interesante y que ha llamado la atención de los mejores blogastrónomos. Para empezar el diseño del local es bastante atractivo, contando con unas mesas altas para picar y beber a la entrada, una barra fantástica enfrentada a la puerta y una zona de restaurante más a la derecha, para los que quieren algo más relajado.

A pesar de que suele contar con bastante afluencia de público los fines de semana, entre semana está bastante más tranquilo, casi demasiado; a pesar de eso, la zona tiene bastante oferta de restauración y, el día de nuestra visita, el Artabria no tenía mesas libres.

Por otra parte, éramos pocos pero el servicio fue, como siempre, magnífico y cercano. La oferta de vinos, tanto por copas como por botellas es más que interesante, además de rotar bastante -¡ya podían aprender en la perennemente exitosa “La Montanera”-. Nosotros nos inclinamos por una botella de vino chileno con un toque bárbaro de cereza en la boca: ¡de los mejores malbecs que se ha echado uno al colete últimamente! Era, si no me equivoco “Viu Manent 2004 Reserva”.

La cena consistió en dos entrantes: el “crujiente de boquerones” y los raviolis de pato con mermelada y crema de patata, o algo parecido. El crujiente estaba muy conseguido, alguno el fuerte sabor a vinagre propio del plato mataba el vino, pero hay que asumirlo, y es un plato recomendable y ligero. Algo más consistente son los raviolis de hojaldre con pato desmenuzado en el interior que, tanto a mi acompañante como a mí nos gustó bastante.

Como plato principal, compartimos el secreto ibérico -fuera de carta- y fue un acierto: perfectamente cocinado y con una buena guarnición con tiras de una especie de judías y patata; un plato absolutamente superior. No todo el mundo, desgraciadamente, prepara bien el credo ibérico; aquí, en el “Kata 9″ acertaron de pleno.

La única pega fue que tardaron bastante entre plato y plato, lo que no es muy justificable si tenemos en cuenta que éramos sólo dos mesas en todo el local.

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“Red de Mentiras”

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Ridley Scott lleva unos años demostrando que ha recuperado el pulso perdido a mediados de los 90 y, aun con altibajos, desarrolla, durante esta década, películas muy sólidas; rodeado de un equipo prestigioso a todos los niveles, su cine puede que ya no consista en las obras maestras que dirigió al principio de su carrera, pero ha conseguido un difícil equilibrio entre cine comercial y de calidad, entre acción y reflexión y es, en estos tiempos de basura de celuloide, un llanero solitario, un profesional con talento que hace lo que quiere hacer, y lo hace bien.

“Red de mentiras”, su última película, es un ejemplo de todo lo anterior. Al igual que “American Gangster”, estrenada a principios de año, se apoya en un buen guión, con personajes complejos y creíbles encarnados por actores de peso (en varios sentidos), que aquí son su habitual Russell Crowe (gordo como un capón de Villalba) y un cada vez asentado (y menos galán de “SuperPop”) Leonardo DiCaprio. Especialmente interesante el papel de Crowe, que encarna a esos burócratas que, a miles de kilómetros, deciden sobre la vida y la muerte de las personas, basándose en discutibles análisis geopolíticos.

El filme es sólido, entretenido e interesante; eso, en sí mismo, es más que suficiente, pero es que además huye de maniqueísmos y convencionalismos sobre los problemas en Oriente Medio. Creo que es una magnífica película e incluso, a pesar del metraje extenso, el espectador se queda con ganas de saber más.

Demoledora es la última conversación/confrontación entre Di Caprio y Crowe; la cita es de memoria, disculpen la inexactitud:

Hoffman: ¿Pero quién quiere vivir en Oriente Medio?

Ferris: Ése es vuestro problema, que sois incapaces de entenderlo.

No es “Blade Runner”, “Alien” o “Thelma & Louise” pero es cine de mucho nivel.

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“Quemar después de leer”

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La última película de los hermanos Cohen, “Quemar después de leer”, ha tenido, entre el público, una reacción algo fría. A pesar de haber recaudado bastante, he oído a bastantes asistentes calificarla de obra menor. Es cierto que no tiene la seriedad de otras obras como “Fargo” o “No es país para viejos” (estrenada hace pocos meses), pero está en la línea de su producción habitual. Es puro cine Cohen.

El reparto es extraordinario, con Brad Pitt, George Clooney, John Malkovich, Frances McDormand y Tilda Swinton… ¡En plan Soderbergh, mire usted! Los Cohen han adquirido tal prestigio en estos años que se les cuadran los productores cuando entran en los estudios; al igual que el mencionado Soderbergh, con ellos los estudios se garantizan prestigio y taquilla, que es lo que quieren.

En fin, volviendo a la película e insistiendo que es un inconfundible producto de los hermanos Cohen, diré que me parece un estupendo guión, un buen divertimento, una comedia surrealista que va deviniendo en negra, hasta alcanzar niveles de enredo de auténtica locura. La he disfrutado y quiero destacar el trabajo de Brad Pitt, absolutamente hilarante, en su papel de monitor de gimnasio.

“Quemar después de leer” es, para mí, netamente superior a alguna de las últimas comedias de los hermanos, como “Ladykillers” y crea personajes casi tan memorables como los de “El gran Lebowski”, que es junto a “Barton Fink”, de mis favoritas dentro de su filmografía.

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“Kafka en la orilla” de Haruki Murakami

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Con los autores japoneses me ocurre algo extraño. No sé si debido a la traducción del japonés, que obliga a una tarea de recreación, el estilo de las novelas es extremadamente formal; e incluso las escenas de carácter sexual son distantes y el lenguaje es circunspecto. Es la misma sensación que dan autores como Joseph Conrad, que escribía en inglés sin ser su idioma nativo. Me pregunto si es debido a la traducción que es excesivamente formal o porque el japonés es un idioma con esa peculiaridad que es imposible no transmitir. En cualquier caso son extremadamente sugerentes autores como , Mishima o este Murakami.

Otra peculiaridad de estos autores es que transmiten una enorme melancolía vital, alejada de ese entusiasmo para vivir o matar que puede tener un escritor norteamericano; es, hasta cierto punto, como si supieran que no hay que correr buscando algo, que tu destino te encontrará.

La novela de Murakami “Kafka en la orilla” es larga y compleja, con dos líneas narrativas y dos puntos de vista diferentes. Es brillante, espectacular en ocasiones, triste y alegre, me ha emocionado en ocasiones pero, al final, no me ha acabado de convencer: durante muchas páginas pensaba que estaba leyendo una de las mejores novelas de los últimos años; sin embargo, al final me ha sabido a poco; es una novela muy larga, pero esperaba más que una resolución tan lírica y poco clara.

Aun así, la valoración es altamente positiva. Sólo por ese mundo fantástico que ha creado, vale la pena leer este trabajo de Murakami, uno de los grandes autores japoneses vivos. La novela es fantástica y su lectura te atrapa, a pesar del “pero” que he expresado antes. Tal vez ese pero se debe simplemente a que he disfrutado de la lectura, a que quería más…

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Restaurante “La Dehesa” (La Coruña)

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“La Dehesa” es una especie de mesón venido a más. Ocupa el antiguo local de “La Montanera” en la plaza de San Pablo y, sin grandes novedades en decoración o comida, plantea una oferta interesante.

Al entrar, la sensación es más cercana a estar en un bar o un mesón, como he dicho anteriormente, y tanto se puede ir a tomar un vino al mediodía (algunos clientes dicen que la comidad es mejor entonces), a comer o a cenar. El ambiente es un tanto ruidoso e informal, pero soportable, a pesar de que el comedor está al fondo, alejado de las ventanas; no es el mejor local del mundo, pero la localización es buena.

En cuanto a la oferta gastronómica, la carta se especializa en carnes y distintas preparaciones de huevos rotos, que pueden calificarse como la especialidad de la casa. Los huevos son muy buenos y bien preparados, siendo destacables los “Huevos La Dehesa” o los preparados con jamón (a pesar de que sigo prefiriendo, por poquito, los del “Mesón Comarea”). Adicionalmente, uno de los puntos fuertes del restaurante, es su oferta “fuera de carta”: todos los días hay bastantos platos, en preparaciones tradicionales, en función del mercado.

“La Dehesa” es un lugar donde se cuida el producto y se innova poco, pero tampoco hace falta. La selección es buena y las carnes, especialmente el chuletón de buey, muy recomendables. Hago hincapié en las carnes, porque en nuestras últimas visitas habíamos salido un tanto descontentos sobre la preparación de las mismas, pero no así el sábado pasado, cuando todo estuvo perfecto. Además, la relación calidad-precio es buena.

Sobre los vinos, hay bastentes referencias, pero son las habituales; las sorpresas son escasas, aunque no defrauda.

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“Las partículas elementales” de Michel Houellebecq

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Sobre Michel Houellebecq se ha escrito mucho, pero transcribo a continuación una de las reseñas más acertadas acerca de este escritor francés:

Atleta del desconcierto, experto en nihilismo, virtuoso del no future: Michel Houellebecq

(Pierre Assouline, Lire)

“Las partículas elementales”, obra de una gran profundidad intelectual y publicada en 1998, fue la primera novela del francés, aunque tiene en determinados momentos más de ensayo que de novelia. Existencialista extremo, el escritor nos deleita con un listado de razones para suicidarse o para reírnos de nosotros mismos y de nuestro afán de trascendencia, en tanto que seres humanos. Es difícil coger una temática como la que escoge este escritor, así como su planteamiento, y que no salga un pastiche pretencioso e infumable, pero Houellebecq sale victorioso. Un ejemplo de aforismo:

La desgracia sólo alcanza su punto más alto cuando hemos visto, lo bastante cerca, la posibilidad práctica de la felicidad.

Sabemos, al leer a Houellebecq, que nada bueno va a pasar, pero eso no nos exime de lo necesario de su lectura. Al contrario que Easton Ellis y algunos otros, Houllebecq es algo más que provocación vacía. Houllebecq es un visionario imprescindible.

No sé decir cuál de las novelas del francés es la mejor; posiblemente “Plataforma” sea la más asequible y “Las partículas elementales” la más densa, pero todas igualmente recomendables.

Una vez terminada la lectura, hay que decir que el último capítulo, aun sin revelar el final, tiene un airecillo a “El fin de la infancia” de Arthur C. Clarke que deja un tanto desubicado, y no sé si clasificar incluso como algo pretencioso.

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“Curtains” (John Frusciante)

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“Curtains“, disco en solitario de John Frusciante me tiene atrapado. Lo había descargado hace muchos meses, pero hasta hace pocas semanas no me puse a escucharlo. Y me ha atrapado.

Lejos de sus trabajos con los “Red Hot Chili Peppers”, este disco es tranquilo, intimista, en el que canta acompañado de su guitarra, una pequeña banda y escasos artificios. Pero es un disco que transmite fuerza y autenticidad, con enorme temas como “The past recedes”, “Anne” o “Leap you bar”. Es difícil escoger alguna como favorita puesto que el nivel es altísimo y mejora los dos últimos discos de los “Peppers”.

que pone a la altura que merece a un sensacional guitarrista que estuvo a punto de perderse, víctima de su antigua adicción a la heroína, hasta el punto de que fue apartado de los “Peppers” para ser sustituido por Dave Navarro en algunos discos. Su vuelta en el álbum “Californication” demostró que con él el grupo de Los Ángeles era grande de verdad, consiguiendo uno de los mejores discos de la segunda mitad de los 90.

Frusciante tiene algún otro disco en solitario. Hace unas semanas compré “Shadows collide with people”, aunque interesante, es más ruidoso y sin tanta humanidad.

“Curtains” es, sin embargo, magia pura.

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Restaurante “Senzone” (Madrid)

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El “Senzone” del Hospes Madrid es una de las grandes sensaciones gastronómicas de Madrid desde su apertura el año pasado. Había intentado reservar varias veces y siempre estaba lleno; esta vez, con tiempo, conseguí una mesa para el viernes pasado.

Lo primero es manifestar que la ubicación es perfecta, enfrente de la Puerta de Alcalá; sin embargo el Restaurante se ubica en los bajos del Hotel Hospes, por debajo del bar del hotel: eso es un error, ya que desmerece su localización. Lo mismo diría del nombre, ya que se llama igual que todos los restaurantes y bares de la cadena que, por muy lujosa que sea, se equivoca no diferenciando un restaurante como éste.

El restaurante es pequeño, con las mesas bastante juntas y da la sensación que, inicialmente, estaba previsto como un complemento del hotel, sin protagonismo alguno, pero el éxito ha sido tal que ha superado al del propio hotel. La labor de Paco Morales a los fogones y su mujer Ruth Cotroneo, como jefe de sala y sumiller, ha sido aparentemente fantástica, y rápidamente (¿demasiado rápidamente?) se auparon a los primeros puestos de la capital.

El servicio es muy atento, aunque ligeramente -muy ligeramente- displicente, o así me pareció a mí. Semeja, como en muchos restaurantes de la capital, que creer que se sabe mucho e intentar demostrarlo; es un vicio muy común en Madrid, donde la enorme afluencia de público hace que algunos se les suban los humos… Pero estoy divagando, lo cierto es que la atención en Senzone es fabulosa y el local estupendo. Más allá de eso está la comida:

Esta vez nos saltamos los menús degustación y, de una carta algo descompensada, pedimos unas verduras salteadas fuera de carta, con algunas curiosidades y, que para mi acompañante, fue todo un éxito. Yo me incliné, por el que creo que fue el mejor plato de todo el fin de semana -y hubo varios buenos-: el huevo cocido a baja temperatura con puré de coliflor y caviar de Riofrío… ¡Espectacular! Con sabores no desconocidos, pero fantásticamente elaborado, donde la coliflor adquiere un nivel desconocido para mí y el huevo… ¡Cosa fina, oiga! Como pega el precio, por lo que vale este plato se puede comer bien en muchos restaurantes de España.

Los segundos fueron también muy acertados: una presa ibérica con cuscus más que conseguida, apesar de que para mí la presa luce más en trozos más finos que el dispuesto aquí por Paco Morales; y un mero con ajetes tiernos y puré de coliflor también, otro plato si no novedoso, sí espectacularmente conseguido.

Punto y aparte merecen los vinos. En pocos lugares existe la posibilidad de un maridaje bien hecho: aquí sí. Ruth Cotroneo acompaña cada plato con una recomendación de vino por copas, en general alejados de lo común. No en todos acertó para mí, pero la nota fue alta.

De postre una espuma de leche alveolada para mí, muy ligera y bastante buena y un acierto después de una cena potente, sin excesos.

La sensación, ligeramente agridulce; quedamos algo desencantado ya que no fue una cena memorable, pero sí de mucha calidad. Tal vez las expectativas que tenía eran demasiado altas. Por otra parte, el precio fue realmente elevado si tenemos en cuenta que tomamos un par de copás de champagne y de vino cada uno, lo que tampoco hace que el resultado sea sobresaliente, y creo que pesa que el local no acompaña la calidad de la cocina.

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