El “Senzone” del Hospes Madrid es una de las grandes sensaciones gastronómicas de Madrid desde su apertura el año pasado. Había intentado reservar varias veces y siempre estaba lleno; esta vez, con tiempo, conseguí una mesa para el viernes pasado.
Lo primero es manifestar que la ubicación es perfecta, enfrente de la Puerta de Alcalá; sin embargo el Restaurante se ubica en los bajos del Hotel Hospes, por debajo del bar del hotel: eso es un error, ya que desmerece su localización. Lo mismo diría del nombre, ya que se llama igual que todos los restaurantes y bares de la cadena que, por muy lujosa que sea, se equivoca no diferenciando un restaurante como éste.

El restaurante es pequeño, con las mesas bastante juntas y da la sensación que, inicialmente, estaba previsto como un complemento del hotel, sin protagonismo alguno, pero el éxito ha sido tal que ha superado al del propio hotel. La labor de Paco Morales a los fogones y su mujer Ruth Cotroneo, como jefe de sala y sumiller, ha sido aparentemente fantástica, y rápidamente (¿demasiado rápidamente?) se auparon a los primeros puestos de la capital.
El servicio es muy atento, aunque ligeramente -muy ligeramente- displicente, o así me pareció a mí. Semeja, como en muchos restaurantes de la capital, que creer que se sabe mucho e intentar demostrarlo; es un vicio muy común en Madrid, donde la enorme afluencia de público hace que algunos se les suban los humos… Pero estoy divagando, lo cierto es que la atención en Senzone es fabulosa y el local estupendo. Más allá de eso está la comida:
Esta vez nos saltamos los menús degustación y, de una carta algo descompensada, pedimos unas verduras salteadas fuera de carta, con algunas curiosidades y, que para mi acompañante, fue todo un éxito. Yo me incliné, por el que creo que fue el mejor plato de todo el fin de semana -y hubo varios buenos-: el huevo cocido a baja temperatura con puré de coliflor y caviar de Riofrío… ¡Espectacular! Con sabores no desconocidos, pero fantásticamente elaborado, donde la coliflor adquiere un nivel desconocido para mí y el huevo… ¡Cosa fina, oiga! Como pega el precio, por lo que vale este plato se puede comer bien en muchos restaurantes de España.
Los segundos fueron también muy acertados: una presa ibérica con cuscus más que conseguida, apesar de que para mí la presa luce más en trozos más finos que el dispuesto aquí por Paco Morales; y un mero con ajetes tiernos y puré de coliflor también, otro plato si no novedoso, sí espectacularmente conseguido.
Punto y aparte merecen los vinos. En pocos lugares existe la posibilidad de un maridaje bien hecho: aquí sí. Ruth Cotroneo acompaña cada plato con una recomendación de vino por copas, en general alejados de lo común. No en todos acertó para mí, pero la nota fue alta.
De postre una espuma de leche alveolada para mí, muy ligera y bastante buena y un acierto después de una cena potente, sin excesos.
La sensación, ligeramente agridulce; quedamos algo desencantado ya que no fue una cena memorable, pero sí de mucha calidad. Tal vez las expectativas que tenía eran demasiado altas. Por otra parte, el precio fue realmente elevado si tenemos en cuenta que tomamos un par de copás de champagne y de vino cada uno, lo que tampoco hace que el resultado sea sobresaliente, y creo que pesa que el local no acompaña la calidad de la cocina.