La última película de los hermanos Cohen, “Quemar después de leer”, ha tenido, entre el público, una reacción algo fría. A pesar de haber recaudado bastante, he oído a bastantes asistentes calificarla de obra menor. Es cierto que no tiene la seriedad de otras obras como “Fargo” o “No es país para viejos” (estrenada hace pocos meses), pero está en la línea de su producción habitual. Es puro cine Cohen.

El reparto es extraordinario, con Brad Pitt, George Clooney, John Malkovich, Frances McDormand y Tilda Swinton… ¡En plan Soderbergh, mire usted! Los Cohen han adquirido tal prestigio en estos años que se les cuadran los productores cuando entran en los estudios; al igual que el mencionado Soderbergh, con ellos los estudios se garantizan prestigio y taquilla, que es lo que quieren.

En fin, volviendo a la película e insistiendo que es un inconfundible producto de los hermanos Cohen, diré que me parece un estupendo guión, un buen divertimento, una comedia surrealista que va deviniendo en negra, hasta alcanzar niveles de enredo de auténtica locura. La he disfrutado y quiero destacar el trabajo de Brad Pitt, absolutamente hilarante, en su papel de monitor de gimnasio.

“Quemar después de leer” es, para mí, netamente superior a alguna de las últimas comedias de los hermanos, como “Ladykillers” y crea personajes casi tan memorables como los de “El gran Lebowski”, que es junto a “Barton Fink”, de mis favoritas dentro de su filmografía.

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