Ridley Scott lleva unos años demostrando que ha recuperado el pulso perdido a mediados de los 90 y, aun con altibajos, desarrolla, durante esta década, películas muy sólidas; rodeado de un equipo prestigioso a todos los niveles, su cine puede que ya no consista en las obras maestras que dirigió al principio de su carrera, pero ha conseguido un difícil equilibrio entre cine comercial y de calidad, entre acción y reflexión y es, en estos tiempos de basura de celuloide, un llanero solitario, un profesional con talento que hace lo que quiere hacer, y lo hace bien.

“Red de mentiras”, su última película, es un ejemplo de todo lo anterior. Al igual que “American Gangster”, estrenada a principios de año, se apoya en un buen guión, con personajes complejos y creíbles encarnados por actores de peso (en varios sentidos), que aquí son su habitual Russell Crowe (gordo como un capón de Villalba) y un cada vez asentado (y menos galán de “SuperPop”) Leonardo DiCaprio. Especialmente interesante el papel de Crowe, que encarna a esos burócratas que, a miles de kilómetros, deciden sobre la vida y la muerte de las personas, basándose en discutibles análisis geopolíticos.

El filme es sólido, entretenido e interesante; eso, en sí mismo, es más que suficiente, pero es que además huye de maniqueísmos y convencionalismos sobre los problemas en Oriente Medio. Creo que es una magnífica película e incluso, a pesar del metraje extenso, el espectador se queda con ganas de saber más.

Demoledora es la última conversación/confrontación entre Di Caprio y Crowe; la cita es de memoria, disculpen la inexactitud:

Hoffman: ¿Pero quién quiere vivir en Oriente Medio?

Ferris: Ése es vuestro problema, que sois incapaces de entenderlo.

No es “Blade Runner”, “Alien” o “Thelma & Louise” pero es cine de mucho nivel.

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