Este local es la apoteosis del producto natural. Eso es lo que se encuentra en “La Iebolina”, el restaurante situado junto a la Plaza de María Pita y que ya se ha comentado aquí en otras ocasiones.

Antonio sigue fiel a su estilo, a la selección inmejorable de mariscos y pescados, a las preparaciones sencillas que otorgan el protagonismo, merecido, a la materia prima.

Si en otras visitas se apreció una escasa afluencia, los congresos de Palexco parece que le están sentando bien a “La Iebolina”, pues estaba casi al completo, como nunca lo habíamos visto. Y se agradece.

En nuestra última visita no había el famoso salpicón, normalmente de Lubrigante, sin más historia que huevo, aceite y el marisco… ¡Fuera los pimientos y las cebollas: es auténtico salpicón de lubrigante y que se note! Esta vez tuvimos suerte y a fe que lo disfrutamos: tan bueno como siempre, con unos trozos gordos y jugosos de lubrigante es, en mi modesta opinión, el mejor de la ciudad.

También a la entrada había captado nuestra atención unas cigalas en edad de merecer con un porte elegante: no puedo menos que admitir que, cocidad, estaban a la altura esperada… Imperiales.

Para el segundo, con prisas porque andábamos escasos de tiempo, pedimos la ya clásica lubina hervida con aceite de oliva virgen y patata… Cuando degusto un plato como éste, en ocasiones me pregunto ¿y para qué algo más?

Cuando alguien quiera degustar alguno de los mejores pescados y mariscos de la ciudad le sigo recomendando que se pase por aquí.

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