El “Coral” no me motiva lo más mínimo. En los últimos cinco años debo haber ido unas tantas veces y, en cada ocasión, me quedo sin ganas de volver. Todo es de buena calidad, pero parece anclado en el tiempo.
Hoy nos inclinamos por un salpicón de bogavante, correcto sin más, lejos pero muy lejos del de “La Iebolina” o el del mismo “El Refugio”; es convencional, con bastante marisco, pero con vinagre y verduras, más cerca de una ensalada de bogavante que de lo que entiendo por un auténtico salpicón. Otros primeros fueron una típica vieira y unas judías verdes bastante acertadas al decir del comensal.

Los segundos demostraron que se cuida la materia prima, destacaría mi mero ¿a la bilbaína?, muy rico, aunque demasiado enérgico y un tanto… repetidor, diríamos: nada que objetar. Por otra parte un entrecotte al roquefort, de muy buena calidad también, pero muy visto ya; al igual que las cocochas de merluza.
Un último punto a destacar es la oferta de carne de buey de Kobe, que según tengo entendido no se puede exportar de Japón, así que lo que se encuentra en España es el ganado waygu, que es la misma raza y se supone que tratado con el mismo cuidado -mas criado en Estados Unidos o dónde sea, pero nunca en el país nipón-. Sin embargo, en el local se anuncia que es un buey criado en Japón, en la zona de Kobe, y que es el más caro del mundo… Si estoy equivocado que alguien me corrija, pero si es imposible que el buey sea de Kobe esto roza la estafa.
En los postres, el habitual carrito del restaurante; probé la tarta de manzana y era también consistente y sabrosa. Los restantes comensales coincidieron en la valoración de todos los postres: sabrosos, pero demasiado cargados de azúcar y/o mantequilla.
Para mí, es un local que vive en otros tiempos. Sé que puedo ser injusto, ya que la buena materia prima es una virtud en otros de mis locales favoritos, como “La Iebolina” o “El Refugio”, pero estos tienen algo más que me seduce, es una cocina tradicional, que no un episodio de “Cuéntame cómo pasó”.




