Bistrot “Ratatouille” (La Coruña)

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El “Ratatouille” está un poco en medio de todo: no llega a ser un restaurante y reclama el concepto francés del bistrot para sí, pero se queda a medio camino.

Es una propuesta original, desde el momento en que cuenta con un chef francés y ofrece platos de clara inspiración en ese país, al igual que la carta de vinos; el problema es que la originalidad se queda ahí. Para el que conozca algún bistrot francés, este local sabrá a poco. Se mantiene la decoración del anterior local y aporta más bien poquito en ese aspecto; la carta aparenta ser la misma que el año pasado y los vinos probados se ven bastante mediocres. La decoración es pobre y la presentación y comodidad de las mesas también: más cerca de una cafetería que de un restaurante.

Como a algunas de mis amigas les gusta el “Ratatouille” (y no son las únicas), volvimos el viernes pasado; el local estaba a medio gas, a pesar de la fantástica localización que tiene, pero esto empieza a ser una costumbre en muchos restaurantes -se salvan algunos como “O Bebedeiro”, lleno el viernes y durante todo el sábado (hice incluso la prueba de llamar a ver qué me decían), que se mantienen contra viento y marea-. Sin embargo, “Ratatouille” parece que está sufriendo una crisis de clientes.

Pedimos unos entrantes para compartir: un camembert al horno, nada novedoso y un foie a la naranja bastante atinado: en cualquier caso ninguno de estos platos tienen más secreto que una buena materia prima. Nos saltamos esta vez los raviolis de pera, que son de lo más original de la carta y casi el plato estrella de la misma.

Los principales fueron unos secretos de cerdo bastante conseguida, una pieza grande y bien cocinada, con una buena salsa, un pelín fría y un poquito cocida. Si no fuera porque el secreto y la presa están en todas partes últimamente la valoraría más. Entiendo que el plato utilizaba  cerdo ordinario (no ibérico). Adicionalmente un pato con una salsa de vino, creo, muy conseguido; en general los platos son bastante correctos.

Con los vinos nos lanzamos con dos botellas diferentes de la D.O. Vallée Du Rhone, de precio aceptable pero de calidad discutible; vinos poco hechos, que no me transmitieron nada. El precio del vino francés suele ser tan elevado que, para tener en carta alguno a precio razonable es complicado si no se quiere menoscabar la calidad, que está lejos de la de vinos de otras zonas con una mejor relación. La idea de tener vino francés es más que interesante, ya que la oferta en la ciudad es más bien escasa, pero la selección (y me he echado al colete unos cuantos).

Es una opción para cenar diferente y en una zona muy demandada, pero le falta mucho para ser un restaurante importante en la escena gastronómica de la ciudad, y es una pena, porque los platos no están mal, pero ni el vino ni el servicio ni el local llegan al nivel. En cualquier caso, y a pesar de la crítica, bien vale una visita y esperar que sigan mejorando.

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Restaurante “Shouri” (La Coruña)

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El “Shouri” era la gran esperanza blanca para los aficionados al sushi y a mí me ha defraudado bastante, aunque dentro de lo pobre, es lo mejor de la escasa oferta de cocina japonesa en La Coruña, y es al único al que acudo con alguna frecuencia.

Como bien se ha señalado en otras ocasiones, no es comida auténticamente japonesa, sino asiática en general: el “Shouri” pertenece a un grupo que tiene varios restaurantes chinos en la ciudad (”Town” y “Simbo”), los mejores, la verdad.

El local está bastante conseguido, aunque un tanto frío para mi gusto; el acceso, en la planta superior del centro comercial “El puerto” no le hace ningún favor, ya que es difícil de encontrar y bastante desangelado, aunque una vez en el interior del restaurante la cosa mejora: hay una zona con dos reservados y unas mesas para teppanyaki.

La afluencia de público no es lo elevada que debería ser y, de hecho, esta semana han anunciado descuentos del 30% en los platos de sushi; como no es tampoco barato, corre el riesgo de desaparecer.

Como destacable, la tempura de langostinos, que está bastante conseguida: es un plato sencillo pero el marisco es de calidad y el rebozado bastante adecuado. La sopa de miso, otro de los clásicos, es aceptable, nada más.

El nigiri sushi, el origen de la visita, sigue siendo de nivel medio: se utiliza pescado con un grosor adecuado, pero demasiado frío, lo que provoca una mala valoración del pescado (destaco el salmón como el mejor nigiri de la carta); el arroz es un poco más plasticoso de lo debido y en el California uramaki utilizan surimi y no auténtico cangrejo, lo que es bastante criticable, a pesar de ser desgraciadamente común.

Otros platos de estilo más “chino”, como puede ser el pato o arroces fritos son bastante buenos.En esa parte se defienden bastante bien: el “Town” es un buen restaurante chino (o lo que entendemos en España por ello).

Realmente no estamos ante un japonés al uso y, aunque puede valer para iniciarse, a un buen conocedor de la cocina japonesa puede que le defraude.

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¿Qué pasa en Nueva York?

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¿Cómo es posible qué, de los últimos accidentes aéreos, tantos hayan sucedido en el estado de Nueva York o sus cercanías?

El acontecido en Búfalo el jueves pasado con 50 víctimas mortales, se suma al del mes pasado sin muertos, gracias a la pericia del comandante. A éstos hay que sumarles los 265 fallecidos del vuelo 587 de American Airlines y los del 11-S. Parecen demasiados accidente aéreos para una misma ciudad.

Si sumamos que, de los aviones accidentados, los últimos eran un “Dash 8″ de Bombardier y un Airbus 320 la cosa extraña más todavía, ya que son aviones en plena vida útil, de los utilizados por Iberia y que apenas han dado problemas en España. Entonces, ¿a qué se debe? Es cierto que hay mucho tráfico en los aeropuertos de la zona, pero no más que en Londres o Los Ángeles, lo que por sí solo no justifica el contraste; y tampoco hablamos de aerolíneas sudanesas o de Yenyenfú, sino de American Airlines o US Airways.

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“Revolutionary Road”

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En “Revolutionary Road”, Sam Mendes vuelve a explorar la gran mentira que se oculta tras la típica familia americana, como ya hizo en “American Beauty” y, en menor medida, en “Road to Perdition”.

Mendes se sitúa en los años cincuenta, durante la explosión del modelo social suburbano en Estados Unidos posteriormente exportado,  para contar la historia del matrimonio encarnado por Leonardo DiCaprio y Kate Winslet; (casada en la vida real con el director)  y “Revolutionary Road” no es más que la calle en la que viven.

Esta película es desasosegante, desagradable y realista; lo más inquietante es observar, en la vidadel matrimonio, actitudes fácilmente reconocibles. El amor cotidiano que se transforma en odio es el más horrible de todos; aquí no hay villanos, sino personas que sacan lo peor de ellas mismas.

Los personajes de DiCaprio (que cada vez está más anchote y cada vez es más sólido) y Winslet están magníficamente trazados, son complejos y verosímiles; en ese punto tanto el texto riginal de Richard Yates como el trabajo de los actores y de San Mendes es impecable.

Sinceramente es una película que me ha dejado un mal sabor de boca, que no volvería a ver, y sin embargo es una gran película y necesaria, que pone al espectador ante las incongruencias de la vida moderna; el personaje más lúcido de la película, el único que no vive una mentira es el perturbado hijo de unos vecinos, él único que plantea la gran cuestión: “¿Os habéis cansado ya de jugar a las casitas?”.

Es un largometraje terrible, cotidiano y muy recomendable.

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“La carretera” de Cormac McCarthy

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Después del agradable descubrimiento que para mí supuso “No es país para viejos”, tenía ganas de echarle mano a otra novela del anacoreta McCarthy y escogí “La Carretera”, su obra más reciente, ganadora del Pulitzer.

“La carretera” tiene un estilo reconocible, una prosa directa y evocadora, casi desnuda. Cambia aquí, con respecto a “No es país para viejos” el punto de vista del narrador, pero demuestra que es un enorme novelita, que con pocas pinceladas nos sitúa y nos hace creíble un futuro apocalíptico. Porque “La carretera” es eso, una parábola futurista apocalíptica, cercana al infierno, aunque es, a la vez, un canto a la esperanza.

Saca McCarthy lo peor de los hombres en esta novela, en la cual los personajes no tienen nombre, sino qu son El hombre y El niño, un padre y su hijo, un padre y un hijo cualquiera en un lugar cualquiera, destruído por el hombre, una guerra nuclear, se supone.

Es una novela breve y absorbente, extremadamente inquietante, con el horror a la vuelta de cada página, que deja un amargo sabor de boca y que induce a una deprimente reflexión.

¿Hasta dónde es capaz de llegar el hombre por la supervivencia?

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Restaurante “El Manjar” (La Coruña)

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La última visita gastronómica de esta semana no se aleja del concepto tradicional que han tenido las últimas, ya que si algo tiene el restaurante “El manjar”, es su sabor clásico.

A este local, conocido a nivel nacional por su tortilla de patata, ganadora de unos cuantos premios y que siempre está ahí, en la pomada de las mejores de España, he acudido en varias ocasiones, y nunca me ha acabado de convencer; es un sitio extraño, y Crispi, el dueño y cocinero lo hace todavía más extraño: es de esos personajes que da este mundo, encantados de haberse conocido, convencido de lo superior de su producto y que tiende a darte lo que a él le apetece, no lo que le apetece al comensal. Adicionalmente, el servicio es malo, no desatento, sino que tiene un problema de oportunidad: que le quiten el plato a mi acompañante mientras todavía no he terminado, o que me retiren mi plato mientras estoy masticando, no ayuda demasiado.

La decoración del local es extraña y recargada; la remodelación de hace unos años convierte al restaurante en un pastiche de estilos, y los clientes están metidos a presión en un espacio alargado y difícil; la decoración la rematan unos cuadros un tanto horrorosos que obligan a no desviar la mirada del plato.

Ciñéndonos a la comida, hoy nos decidimos por dos entrantes compartidos: una chistorra abundante y enérgica, para mi gusto demasiado, que hubo que ayudar a bajar con el magnífico pan que sirven en el restaurante y la maravillosa tortilla. He probado muchas, y La Coruña tiene, probablemente, cuatro de las cinco mejores tortillas de patata de España, pero la de “El Manjar” es, en mi opinión, la mejor: increíblemente jugosa sin estar cruda, con la patata cortada en finas láminas perfectamente fritas, y utilizando un huevo y una patata excepcionales, además de un tamaño más que respetable.

Como iniciativa blogueril, reto desde aquí al señor Foucellas a un comparativo de las mejores tortillas de la ciudad (en su blog que tiene más lectores), porque creo que no lo ha hecho todavía y la tradición herculina lo merece.

De segundo nos lanzamos a una menestra de verduras, buena, pero excesivamente aceitosa y escasa de sal y, por mi parte, a una imponente raya, preparada con pimentón y guisantes: magnífico el ejemplar, y acertada la preparación, sencilla pero muy sabrosa, y si tiene algún pero este plato es que, al contrario que la menestra, estaba un poquito pasado de sal. Este pescado me lo recomendó Crispi, el cocinero y, a pesar de que en otras ocasiones no me habían convencido sus consejos, esta vez acertó de pleno.

Para acompañar los cafés, unas filloas, que estamos en época; no pasarán a la historia pero estaban buenas y me dejaron absolutamente para el arrastre. El mayor error de esta comida fue el exceso: si se pide la tortillas hay que olvidarse de otros platos.

En definitiva, buena materia prima, cocina tradicional y actitud pasada de moda. A pesar de la excepcional tortilla he salido, como en otras ocasiones, sin ganas de volver, después de una comida excesivamente copiosa.

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“Pulp Fiction”

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Estaba viendo ayer TCM, cuando me encontré la grata sorpresa de la emisión de “Pulp Fiction”, la gran obra de Quentin Tarantino.

No deja de llamar la atención cómo se ha incorporado esta película a la cultura popular, a partir de ser el propio largometraje un refrito y un producto de la propia cultura popular; cuántas chanzas, citas y actitudes han pasado a ser parte inseparable del hombre occidental de hoy.

En su momento esta película, ganadora de la Palma de Oro de Cannes, se destacó por las novedades de los tiempos narrativos, yendo para adelante o para atrás en la historia hasta cuadrarla. Y desde entonces, la película en general, su violencia retorcida  y la actitud de los personajes han sido imitadas hasta la saciedad.

Revisen, por favor, la memorable escena del baile:

Y siempre me queda la duda: ¿sería tan graciosa la escena si no fuera el gran Travolta el que baila? Sólo por haber recuperado a Travolta para el cine, la labor de Tarantino ya sería suficientemente valiosa.

Para los curiosos, aquí pueden descargarse el guión de la película.

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“Un hombre en la oscuridad” de Paul Auster

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La última novela de Paul Auster es “Un hombre en la oscuridad” y ha sido publicada por Anagrama, como todas las anteriores del premio Príncipe de Asturias de las Letras 2006.

Es una novela corta, muy corta, en la que en apenas doscientas páginas juega con los temas que son habituales en él: la historia dentro de la historia, la redención, su interés por el mundo del cine, etc… con extrema habilidad.

El comienzo es interesante y Auster demuestra su dominio de la técnica, del arte de escribir; posteriormente, y conforme avanzan las páginas, el escritor da la sensación de que no sabe adónde va y decepciona un poco pero mejora, y mucho, al final, centrándose en la redención moral de los personajes principales. Las últimas páginas me han parecido de un alto nivel.

Es posible que la historia de Owen Brick, la narrada por el personaje principal, fuera prometedora, pero se disuelve como un azucarillo en agua, para acabar dominada por la historia, más humana y sentida, de August Brill y del drama personal de su familia.

Varias de las novelas de Auster, salvo “Leviatán”, me han decepcionado parcialmente, porque son brillantes -Auster es un excepcional escritor- pero la historia no consigue atrapar al lector de manera total; es un tanto tramposo al darle giros a la trama que no acaban llevando a ningún lado; pero es un autor que tiene algo fascinante, y que lleva a su mejor nivel cuando se centra en Nueva York.

“Un hombre en la oscuridad” cuenta con la virtud de la brevedad, y los vicios que veo en otras obras de Auster quedan aquí minimizados, para disfrutar de su dominio del lenguaje y del conocimiento de las emociones humanas. Es una gran novela, aunque alejada de la perfección.

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