Después del agradable descubrimiento que para mí supuso “No es país para viejos”, tenía ganas de echarle mano a otra novela del anacoreta McCarthy y escogí “La Carretera”, su obra más reciente, ganadora del Pulitzer.

“La carretera” tiene un estilo reconocible, una prosa directa y evocadora, casi desnuda. Cambia aquí, con respecto a “No es país para viejos” el punto de vista del narrador, pero demuestra que es un enorme novelita, que con pocas pinceladas nos sitúa y nos hace creíble un futuro apocalíptico. Porque “La carretera” es eso, una parábola futurista apocalíptica, cercana al infierno, aunque es, a la vez, un canto a la esperanza.

Saca McCarthy lo peor de los hombres en esta novela, en la cual los personajes no tienen nombre, sino qu son El hombre y El niño, un padre y su hijo, un padre y un hijo cualquiera en un lugar cualquiera, destruído por el hombre, una guerra nuclear, se supone.

Es una novela breve y absorbente, extremadamente inquietante, con el horror a la vuelta de cada página, que deja un amargo sabor de boca y que induce a una deprimente reflexión.

¿Hasta dónde es capaz de llegar el hombre por la supervivencia?

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