En “Revolutionary Road”, Sam Mendes vuelve a explorar la gran mentira que se oculta tras la típica familia americana, como ya hizo en “American Beauty” y, en menor medida, en “Road to Perdition”.

Mendes se sitúa en los años cincuenta, durante la explosión del modelo social suburbano en Estados Unidos posteriormente exportado,  para contar la historia del matrimonio encarnado por Leonardo DiCaprio y Kate Winslet; (casada en la vida real con el director)  y “Revolutionary Road” no es más que la calle en la que viven.

Esta película es desasosegante, desagradable y realista; lo más inquietante es observar, en la vidadel matrimonio, actitudes fácilmente reconocibles. El amor cotidiano que se transforma en odio es el más horrible de todos; aquí no hay villanos, sino personas que sacan lo peor de ellas mismas.

Los personajes de DiCaprio (que cada vez está más anchote y cada vez es más sólido) y Winslet están magníficamente trazados, son complejos y verosímiles; en ese punto tanto el texto riginal de Richard Yates como el trabajo de los actores y de San Mendes es impecable.

Sinceramente es una película que me ha dejado un mal sabor de boca, que no volvería a ver, y sin embargo es una gran película y necesaria, que pone al espectador ante las incongruencias de la vida moderna; el personaje más lúcido de la película, el único que no vive una mentira es el perturbado hijo de unos vecinos, él único que plantea la gran cuestión: “¿Os habéis cansado ya de jugar a las casitas?”.

Es un largometraje terrible, cotidiano y muy recomendable.

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