Uno, que no aprende de los errores, decidió volver al restaurante Tempura, (¡atención a su atractiva web!); a este local hace años que lo había desterrado debido a su pésimo servicio, sólo para descubrir que todo sigue igual.
El Tempura tiene dos virtudes: la situación, en pleno paseo marítimo, y la decoración, pues es un local que, sin emocionar a estas alturas, sí que hay que reconocer que está bien montado. presume de ser un restaurante “fusión” y en la carta se combina cocina más occidental con cocina japonesa.
Pero cuento mi última experiencia:
Llegar y esperar cinco minutos a que nos traigan la carta, mientras el único camarero charla en la barra con, aparentemente, dos amigos. Pedimos sushi (makis y nigiris) y tempura de langostinos; a los diez minutos vino el pan y la bebida; otros diez minutos y sale un plato de sushi que se queda en la barra, durante unos cuantos minutos más lo observamos con desesperación pero no parece que sea para nosotros. El camarero pasa a su lado un par de veces y le echa una especie de salsa; pasa otro ratito y lo lleva de vuelta a la cocina mientras nosotros ponemos cara de susto; segundos después sale de nuevo y nos planta el plato en la mesa. Media hora desde que nos sentamos hasta que nos sirvieron un plato.

El sushi estaba, por lo menos, bien de sabor, sobre todo el maki con uramaki de salmón, pero tenía tanta salsa (¡es la primera vez que me la encuentro!) que goteaba. Un desastre, vamos.
La tempura salió unos minutos después y eran piezas de langostino pequeñas, con un rebozado muy ordinario, alejado de la sutileza que debe tener una buena tempura.

Acabamos y rápidamente nos largamos. Un desastre de gestión y de servicio en un local que podía ser mucho más. Una pena. Esta vez sí que no vuelvo. Al menos en los próximos tres años… si no han cerrado antes.







