Lo último de Clint Eastwood es lo viejo de Clint Eastwood. Y digo esto porque el veterano actor-director-compositor recupera en “Gran Torino” el estilo de los personajes bordes, malencarados y asqueados de la vida que le dieron fama a lo largo de estos años, y se acerca a la línea de la mítica “El sargento de hierro”.

En su último filme recupera a un personaje inicialmente odioso y sarcástico, un excombatiente con un punto racista y xenófobo que, en el transcurso del metraje va evolucionando y transformándose. Y Clint, hay que reconocerlo, borda ese papel. No deja de ser una historia clásica: la redención del ser humano y en la que el “Gran Torino” que da título no es más que un símbolo de su transformación personal.

Es posible que la película no sea reconocida como la mejor de su filmografía, pero es un trabajo sólido, propio de un talento experimentado. Es una muy buena película que demuestra que, con economía de medios (salvo Eastwood, el reparto es desconocido) se puede hacer buen cine si se tiene una buena historia y buenos profesionales. Por otra parte no se busca aturdir al espectador con muchos acontecimientos y muchos efectos especiales, lo que es virtud suficiente en estos tiempos de “Transformers” y demás.

La película nos regala también algunas de esas grandes citas de Clint que perdurarán en el tiempo. Y en esto también se parece a “El sargento de hierro” o “Space Cowboys”. De las mejores que he ido a ver últimamente y, en teoría, su última película como actor. Si se confirma le echaremos realmente de menos.

Le añado un mérito adicional al viejo ex-alcalde de la bella localidad californiana de Carmel: su intensa producción de uno o dos filmes al año, que debería hacer reflexionar a alguno de los niños de oro del cine actual, que sacan películas cada cinco años.

  • Share/Bookmark