En este libro John Fante hace de sí mismo, hasta el extremo, hasta el paroxismo. Es el Fante que sus admiradores quieren, como señala la crítica, pero no es menos cierto que, en mi opinión, se nota la madurez del autor. Esta novel es brillante en la prosa y vigorosa en la trama, que no es más que una excusa para que Fante exorcice sus demonios interiores y salde cuentas con su familia.

“La hermandad de la uva” hace referencia, en su título, al conjunto de amigos bebedores de vino casero que forman el padre del protagonista y sus secuaces. Es una obra con una temática muy triste, ya que habla del final de la vida, de la vejez que no se acepta y del alcoholismo, pero es a la vez muy divertida y, a su manera, un canto a la esperanza.

Su lectura me ha atrapado, al igual que sucede con las mejores obras de Bukowski. La autenticidad de Fante es absoluta, se atreve a contar lo que muchos no se atreven ni a pensar: es lúcido y certero, enemigo de los formalismos y de los convencionalismos; es el protagonista, Henry Molisse, un personaje odioso que tiene mucho del propio autor y que dice siempre lo que piensa, sin importarle lo que pensemos.

Para mí es la novela que explica con más brillantez el conflicto generacional, la lucha de padres e hijos por destacar en su propio mundo. Es terrible y sincera. Es genial.

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