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Semana de trabajo en Jaén en la que intento explorar un poco la para mí desconocida gastronomía jienense.

El local más famoso de la ciudad es el clásico Casa Antonio, situado en el centro de la ciudad. Se trata de un restaurante al que se accede a través de un pequeño bar: el entorno no está precisamente pleno de encanto, pero la Gourmetour lo premiaba con un 7,5 si no me equivoco, una nota más que respetable, así que le dimos una oportunidad. 

La carta interesante pero ya vista: mezcla de cocina andaluza con toques de fusión. Fuera de carta nos ofrecieron bastantes cosas y, para comenzar, nos lanzamos a unas quisquillas de motril cocidas… Atención, porque aunque la comida fue correcta, las quisquillas eran tremendas: ¡Qué tamaño, oiga! ¡Qué punto de cocción y de sal gruesa! Lo mejor de la cena y me arrepentí de no haber pedido alguna sugerencia si la calidad se acercaba a la de las quisquillas.

Como principales me atreví con un ajoblanco con anguila: esta clásica sopa andaluza es de mis favoritas, y aquí no desmereció; la anguila, a pesar de su peculiar textura de daba gracia al plato y la sopa, en sí misma, estaba bastante conseguida, bien batida y sin notar la almendra. Buena nota.

El plato principal que pedimos varios comensales fue un chuletón de atún: apetitoso de nombre y con un porte espectacular apareció en la mesa; tristemente, venía cocinado por un sólo lado, churruscado por un extremo y crudo por el otro… Es una forma de prepararlo, pero no nos convenció: la parte cocinada se seca en exceso y la otra parte queda fría. Casi prefiero que me den crudo un lomo de tanta calidad, porque el atún era de primera división. Una pena.

Acompañamos la cena con un ajustadísimo “Secastilla”, Somontano por excelencia que nunca defrauda y que me reengancha a la garnacha cada vez que lo pruebo.

Al día siguiente pasaeamos por el centro histórico de Jaén, por las calles cercanas a la impresionante catedral o al edificio de la Diputación; cerca de allí nos recomendaron “La Viña” pero estaba todavía cerrado y, a pocos metros, en una minúscula calleja, se encontraba “La Espadaña”. El otro local que recomienda la guía “Gourmetour” también se llama así, pero tiene una ubicación diferente: ignoro si es el mismo.

Esta “Espadaña” es un clásico mesón andaluz, con un patio interior en una antigua casa; el local era interesante y la comida: salmorejo, jamón, etc… también la habitual. La sesión fue satisfactoria, teniendo en cuenta que íbamos a ciegas y es un lugar recomendable si se busca algo con sabor local y precio contenido.

En fin, no es demasiado sobre la ciudad pero el tiempo libre disponible fue escaso. La ciudad y sus vecinas Úbeda y Baeza bien valen una visita.

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