Jornada Riesling

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Ayer me entró el puntillo loco y decidí que ya estaba bien: era hora de probar un Riesling.

Había probado un vino elaborado con esta uva en el restaurante “Girasol” en Moraira, tristemente desaparecido hace unos años, propiedad del maestro Joachim Koerper, que en la actualidad es el “chef” del restaurante “Eleven” en Lisboa. Desde entonces no había tenido la oportunidad (o la voluntad) de beber otro blanco como el elaborado con esta uva, que en su momento me encantó. Así que le pedí al admirado Mariano que me recomendara algo interesante. Y lo hizo. Desgraciadamente tuve un ataque de ansiedad y me lancé al Club del gourmet a ver qué encontraba, que no fue ninguna de sus recomendaciones: sólo había cuatro botellas solitarias y me incliné por un “Prinz Von Hessen 2004″. Sin criterio. A boleo.

Una vez en casa preparé la cena para mi señora. Preparar la cena es, en mi caso, sacar a la mesa foie trufado, cecina de buey, mi querido reblochon, queso pecorino al tartufo y algo de jamón ibérico. Tampoco es que me complique  la vida ante los fogones, todo sea dicho.

Viendo lo elegido, de lo cual sólo el foie parecía adecuado para el riesling, me vi obligado a ir a la cava y abrir una botella de tinto. Tenía pendiente desde hace tiempo una botella de malbec que me había mi padre traído de Argentina y que considera él uno de sus favoritos: el Kaiken Ultra. y lo descorché… ¡Madre mía, qué maravilla! Lo de estos caldos mendocinos es una cosa increíble: no sé si habrá visto la madera, aunque sea en virutas, pero es que no hace ni falta; es un 2006 que está redondo, bien trabajado en bodega, sin la incorporación modesta del cabernet-sauvignon de otras añadas, fino -sin las brusquedades de otros malbecs- y en el que hasta un bárbaro como yo aprecia los aromas de frutos rojos y vainilla. La calidad del Kaiken me rompió los esquemas, pues no encontraba el momento de pasarme al Riesling, cuestión que posponía copa a poca.

En el último momento, con el final del foie, desenfundé el blanco alemán… y debo decir que la combinación es fantástica: el riesling realza sobremanera el hígado graso de la oca torturada.  El “Prinz Von Hessen” tiene 12,5º lo que, como bien dice el “Mileurista Gourmet”, lo hace más seco y menos dulce. Continuamos con el vino con esas pastas escocesas de mantequilla, “Walker´s”, imprescindibles en cualquier casa civilizada, a las que el caldo le venía estupendamente bien.

Al final me quedé un poco en medio de todo: conseguí el objetivo de retomar el riesling, pero no ninguno de los recomendados y con la duda de haber acertado con el vino. Tendré que seguir probando.

Eso sí, el Kaiken Ultra está para enmarcarlo.

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Restaurante “Alhambra” (Pamplona)

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No son los Sanfermines los mejores días para hacer un análisis de la magnífica gastronomía pamplonica, pero teniendo en cuenta que fueron los días que me tocaron vivir, intentaré transmitir mis impresiones.

Hay dos restaurantes prestigiosos en Pamplona, el Europa y el Alhambra. Y ambos, de aquella manera, visitamos.

El Alhambra es un restaurante de postín en el centro histórico de la ciudad, con una carta muy propia del norte de España, basada en carnes y verduras, que se preveía contundente. Y a fe que no defraudó. Un aperitivo consistente en una copita de melón con jamón, curiosa y sabrosa, pero poco novedosa.

Aquí el amigo se inclinó por unas pochas como entrante, pero pochas verdes, tiernas, cocinadas con verduras y sin carne: una auténtica exquisitez, potencia en su punto justo. También probé el sensacional huevo escalfado a baja temperatura con trufa negra y crujiente de puerros en tempura: un plato muy resultón y de larga denominación, que confirma el renovado vigor con el que el huevo vuelve a estar de moda en la cocina patria. No me canso de los huevos pochados, escalfados… o como quieran.

Como plato principal, después de varias botellas de Taittinger que me tenían un poquito acá un poquito allá, me incliné por una manitas de cerdo deshuesadas, a las cuales ya llegué con la luz de reserva: una exquisitez que desgraciadamente no pude apreciar como se merecía.

Criticable la escasa oferta de ginebras para rematar la comida que, por otra parte, se vio amenizada por las canciones del habitual grupo de mariachis, a las que se sumaron los hermanos dueños del local.

Nota: ¡atención a un grupo de calagurritanos sanfermineros, que tienen una querencia especial a sentarse en la mesa que no tienen reservada!

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Vacaciones

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A partir de mañana me voy de vacaciones durante unos cuantos días. Nos vemos a la vuelta y sean buenos.

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Blogastrónomos

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Este sábado tuve el placer, gracias a la amable invitación de Don Manuel Foucellas, de compartir mesa con los blogastrónomos gallegos para la IX Xantanza en el “Restaurante Alborada”. No puedo decir sino que fue un gran placer disfrutar de los conocimientos y simpatía de todos, así como del magnífico menú preparado por Luis Veira y la profesional atención de Santiago en la sala.

No voy aquí a describir la jornada, pues ya lo han hecho con detalle Manuel Gago o el Gourmet de Provincias, pero sí destacar a mi amigo el salpicón que aquí, como inesperado requiebro del destino, vuelve a aparecer para desmontar mis vanos intentos de clasificar a los restaurantes que sirven este plato; esta versión del salpicón del lubrigante (100% gallegos en teoría) se presenta servida en una tosta, que queda por encima del salpicón, y que prescinde del huevo y del aceite, quedándose sólo con un magnífico marisco y una ligera mayonesa.

Hubo platos más acertados que otros; algunos, como el arroz negro con puntillas, dejaron algo insatisfecho a casi todos los comensales, mientras que otros platos, como el nuevo carpaccio de langostinos y erizos, (al que para mi gusto le sobraba el helado de lichis),  provocó aplausos generales.

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