Restaurante “Casa de comestibles” (La Coruña)

10 comentarios »

Tenía pendiente pasar por este local de reciente apertura y, aprovechando estos días navideños de semitrabajo, me dejé caer por ahí. “Casa de Comestibles” es un pequeñísimo restaurante (4-5 mesas) que se encuentra muy cerca de la plaza de España, en la calle San José.

El local es agradable, con un diseño que parece imitar un salón de té inglés, con iluminación y colores suaves y en el que afortunadamente no se puede fumar. La carta se veía interesante, con los postres colocados en primer lugar de la misma, lo que llevaba a suponer que no era algo que uno debiera saltarse: se veía la propuesta no muy amplia, pero imagino -por lo que comentan en su blog-, que la rotación de platos será alta. En la mesa colocan, mientras se espera, una mantequilla (de pimentón en nuestro caso) al parecer elaborada por ellos mismos y que tiene su punto.

El problema que nos encontramos fue la atención de la camarera-jefe de sala, me explico: a todos los comensales nos dejó una sensación extraña, fue incapaz de recomendarnos nada porque todo estaba muy bueno, no ayudaba nada en la elección del vino y sus respuestas (rozando la displicencia) le quitaban a uno las ganas de preguntar más. Alguien que está en la sala debe orientar y ayudar a los clientes, cosa que aquí no ocurre.

Por otra parte, algunos detalles están cuidados (cubiertos, platos) y otros, como las copas de vino (que son las mismas que las del agua) hacen que se pierdan las ganas de repetir. Por otra parte, la única cerveza que ofrecen es Estrella Galicia de lata, lo que encuentro inaudito.

De entrantes compartimos unas zamburiñas y unos buñuelos de bacalao desmigado; las zamburiñas destacaron pues tenían un toque de aceite (con pimentón me pareció) ligero y original, pero que venían con algo de arena, lo que era una pena: bastante aceptables y una ración razonable, pero lejos de las que preparan en “La Iebolina”, por ejemplo. Por otra parte los buñuelos de bacalao, que parecían más bien enormes croquetas, estaban también bastante conseguidas.

En los segundos llegamos a las palabras mayores: atún, lubina con aceite de remolacha y steak tartar. Los pescados, de impresión, de las mejores piezas que he visto últimamente; el atún, que venía acompañado de tirabeques, estaba en su punto, rojo por dentro y jugoso, con un grosor estimable y la lubina era una cola sensacional, con el aceite de remolacha que le da un punto dulce que, aunque creo que no aporta demasiado, tampoco desentona. Muy buen producto.

El steak tartar venía con foie, lo que resultaba un tanto excesivo y pesado, pero era más que aceptable.

Los postres también muy destacables: brioche de plátano con helado de cascarilla, más que recomendable, y natillas con castañas, también de calidad.

Sensaciones encontradas al salir de allí. No es un lugar barato -la calidad del producto se paga-, la cocina, sin innovaciones estridentes, es más que notable, los platos salen a un ritmo adecuado a la mesa y, sin embargo… los detalles. Dios está en los detalles, y son éstos los que convierten una buena cena en una experiencia imborrable, y aquí los detalles no se cuidan:no sólo el tema de las copas (¡qué poco cuesta poner una buena copa de vino!) o las cervezas, es la sensación de que la persona que te atiende te está haciendo un favor, que la petición de consejo o las simples preguntas molestan… Es una pena, al menos desde mi punto de vista, que una buena cocina y un gran producto no vayan acompañados de un servicio a la altura.

En relación a lo anterior, hace unos días volví al Alborada, después de unos meses, y la gestión de la sala que tienen allí es una de las cosas que anima a repetir. En cualquier caso, “Casa de comestibles” es un sitio joven y siempre hay errores, cuestiones a mejorar: lo que diferencia a los buenos restauradores es la voluntad de corregir los problemas.

Share/Save/Bookmark

Restaurante “La Bodeguilla” (La Coruña)

3 comentarios »

“La Bodeguilla” es una vinoteca-restaurante situada en la calle del Padre Feijoo, zona muy popular para el tapeo-cena. Todos los locales, salvo el “Cienfuegos Lounge” (ya traspasado) han funcionado bien en los últimos años.

Este local tiene dos zonas diferenciadas: una de vinoteca y otra de restaurante, todo decorado con maderas naturales, granito y una interesante cava de obra: un diseño bastante acertado a pesar de la extraña distribución de espacios. “La Bodeguilla” es para mí, de los locales existentes en esta calle, el más interesante, a pesar de su claro bajón. Hablo de bajón a nivel subjetivo: la sensación de que era la mejor vinoteca de la ciudad se ha ido diluyendo, así como la calidad del servicio que, sin ser malo para lo habitual, sí ha ido decayendo. Pero es una apreciación muy personal, basada más en sensaciones que en aspectos concretos. La carta ha evolucionado muy poco en estos años y, siendo adecuada para el restaurante, es un poco menos acertada para la barra y mesas exteriores. La selección de vinos es bastante variada, posiblemente de las más completas por copa en la ciudad, e incluye espumosos por copa, algo poco frecuente.

Mi nube

Foto de mi nube (Bertomeu)

Se nota la profesionalidad de la gente del grupo “El Huerto”, propietarios de este local. ¿Cuál es entonces el problema? Como he dicho antes, es una cuestión personal. Al igual que pasa en “La Barra”, local del mismo grupo, el concepto de negocio es un acierto, así como el planteamiento inicial; sin embargo, a uno le queda la sensación de que, como funciona muy bien, se han dejado ir, que se han acomodado: la carta varía muy poco (o nada), el servicio flojea (mucho más en “La Barra”) y, cuando abrieron, tenían un maitre (asturiano me parece recordar) muy profesional, que llevaba la sala y el trato con el cliente de maravilla. Ese chico hace tiempo que ya no está. Reconozco que hace unos años era un habitual del local y cada vez voy menos.

Eso sí, el local está casi siempre lleno: de gente y de humo, por lo que mi opinión no debe ser muy compartida, pero es que lo del humo en los restaurantes o vinotecas es una cuestión que merece una reflexión profunda. ¿Cómo disfrutar los aromas del vino con gente soltando humo a mi lado? Es bastante difícil. Supongo que dentro de unos años lo veremos como una atrocidad pero a día de hoy, concentrados en el aspecto exclusivamente social, parece que pasamos todo por alto.

El otro día comimos en el restaurante, después de un par de malas experiencias en la zona de la vinoteca, y me reconcilié un tanto con el lugar.

Nos sirvieron de entrante unas anchoas de Santoña que, aunque de porte moderado, estaban muy ricas, así como una ventresca de bonito y tomate (un plato clásico en su carta) que, aunque buena, estaba un pelín demasiado oscura para mi gusto y no tan jugosa como debería (aunque aprobaba).

Con el plato principal una raya a la gallega fuera de carta: un acierto total, una ración suficiente para el pescado con una carne gelatinosa que a mí, con moderación, me encanta. El otro segundo fue el clásico secreto ibérico fileteado: muy sabroso, aunque algo pesado por exceso de grasa (nada extraño en el secreto ibérico) que no recordaba.

En resumen, comida más que aceptable en el restaurante; mejor que en la barra y servicio también muy correcto (camareros diferentes también a los de la zona de vinos). La carta de vinos del restaurante, con algunas referencias un tanto pasadas de precio, es de las más completas de la ciudad.

En resumen, no es un local para nada perfecto, por esa falta de novedad en la comida y el servicio, pero creo que sigue siendo una de las mejores opciones (si no la mejor) para tomar vinos por copas.

Share/Save/Bookmark