Llevo leídas en los últimos tiempos unas cuantas obras de Haruki Murakami y mis favoritas siguen siendo las primeras que cayeron en mis manos: “Tokio Blues” y “Kafka en la orilla”. Por otra parte algunas, como “Sputnik, mi amor”, me aburrieron considerablemente.

El lenguaje de Murakami, el mundo –entre real y onírico– que crea en sus novelas y relatos, empieza a resultarme familiar: a pesar de la opinión inicial que tuve del autor japonés después de leer “Tokio blues”, novela más realista e intimista, en otras obras –y parece ser una tónica– introduce elementos fantásticos, casi surrealistas, que desmontan al lector; como pega, tengo la sensación en ciertos momentos, de que abusa de la irrealidad, que todo vale en la trama; mas no es menos cierto que la mezcla de elementos en apariencia absurdos, hasta formar un extraño cóctel, en algunas obras como “Kafka en la orilla”, se consigue un resultado que a este lector le parece cercano a la genialidad.

“La caza del carnero salvaje” es la primera novela de Murakami que se publicó en España, a través de la editorial Anagrama (ahora sus novelas las publica Tusquets), y conjuga los elementos surrealistas antes mencionados de manera un tanto exagerada: el narrador habla en algún momento de la novela sobre los sueños, acerca del desarrollo de los mismos, de la lógica que impera en su interior, y eso se aplica a su narración también. La trama es embrollada, añade demasiados elementos a los que cuesta encontrarle el sentido y, sin embargo, al final, en la última parte de la obra, que se acelera de manera muy habilidosa, todo acaba por encajar… algo, al menos; y le queda al lector una sensación más grata que durante la lectura de gran parte de la misma. Aunque parezca extraño, el autor japonés parece saber, desde la primera página, adonde quería llegar.

Por otra parte, las referencias de Murakami al cine y a la música occidental son constantes, los diálogos son extravagantes, y las réplicas de los personajes dan la sensación de ser parte de un cómic… ¿Por qué digo esto? Pues ni idea, chico. Es lo que me parece.

Es una novela que no recomendaría especialmente a los que no sean grandes aficionados a la obra de Murakami, que tiene trabajos mucho más conseguidos, como los mencionados “Tokio blues” o “Kafka en la orilla”, pero que no deja de ser estimable. Y es que Murakami tiene el listón muy alto, no podemos dejar de admitir que tiene ese “algo” que distingue a los genios y que es apreciado por la crítica y los lectores al mismo tiempo.

Releo de nuevo el post. ¿Tiene sentido? Pues no mucho, la verdad.

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