Melvin
Hoy me siento un poquito bipolar
Hoy me siento un poquito bipolar
Jul 29th
Desde el cierre ¿temporal? del “Taro” en el hotel “Guadalpín” -tras el concurso de acreedores del grupo matriz- iba dando vueltas por la ciudad, intentando encontrar un buen japonés para sustituir al maestro Kikuchi. Después de varios intentos me recomendaron el “Sushi des Artistes”. Y ha sido un acierto.
El “Sushi des Artistes” se localiza en la llamada Milla de Oro marbellí, justo enfrente del famoso hotel “Marbella Club”. Es un local pequeño, extraño en la decoración, casi con más personal que clientes: los artistas del sushi se hacinan tras la barra, en una suerte de patera postmoderna, en remedo de una fiesta en un apartamento de Tokio.
Aunque les cuesta un poco, si se insiste, hay algún camarero que habla castellano, y si no, manéjense en el habitual inglés costasoleño.
La carta es relativamente amplia, con multitud de preparaciones de sushi, algunas bastante libres -como el nigiri de foie- pero todas muy conseguidas. En mis visitas me he quedado con nigiris y algún aperitivo, entre los que puedo recordar unas “gyozas” de impresión, de las mejores que he probado, con una pasta apenas frita y extremadamente sutil.
En los nigiris (que vienen en grupos de dos piezas) destacaría las preparaciones con salmón, muy abundantes y todas de gran calidad: la que tiene un toque de lima o el tartar de salmón están entre mis favoritas. Algo más flojo el atún rojo que, aunque de calidad, no me impresionó tanto como el salmón. Interesantes también preparaciones originales y ligeramente cocinadas, como la dorada “asada por un lado” o el sushi de foie, muy sabroso pero extremadamente contundente (mejor para compartir).
Como casi todos los locales en la zona, el “Sushi des Artistes” es de todo, menos barato, aunque, si estudiamos la sobrepoblación de cocineros tras la barra, más propia de un concierto de los Inhumanos que de un restaurante, coincidiremos en que son muchas bocas las que hay que alimentar.
Conclusión: un restaurante muy recomendable, con buen trato y una carta larga que merece varias visitas. Ahora mismo, mi favorito en la zona y un fijo en todas mis visitas.

Jul 19th
Tenía pendiente volver al “Artabria”, uno de los restaurantes aparentemente más exitosos en la ciudad a día de hoy y al que hacía mucho tiempo que no acudía. El local suele estar lleno y obtener una mesa los fines de semana es bastante complicado pero, durante la semana pasada, nos animamos a acudir.
Tenía buenos recuerdos de mis visitas anteriores, buenas referencias de blogueros ilustres y, viendo la carta al llegar, con sus “VIII Jornadas de bonito” y diferentes sugerencias, la cosa pintaba bien. El local, acogedor, fue llenándose de manera progresiva.
Pedimos un plato clásico del “Artabria”: las colas crujientes de langostinos. Una preparación, con su rebozado hilado, que gusta mucho; es muy sabroso, aunque con el correr de los años acaba cansando un poco. El otro entrante fue una de las sugerencias de la carta: el tartar de atún. Después de la experiencia en “El Refugio” con este mismo plato, la comparación es odiosa: el tartar era de textura pastosa y con un sabor demasiado tamizado por la preparación. Sin duda, la decepción de la noche, a pesar de que es un plato con un precio destacablemente reducido para ser un tartar de atún.

En los segundos: un plato de pasta con verduras para mi acompañante y un rape con bacon y risotto para mí. Las raciones fueron moderadamente abundantes y moderadamente anodinas. A mi rape el bacon no le aportaba nada, y la combinación se salvaba por el acompañamiento de un conseguidísimo risotto. Se aprecia el intentar escapar de la cocina más tradicional pero los resultados son muy desiguales.
La carta de vinos contaba con referencias muy interesantes y precios bastante ajustados, al igual que toda la carta. Si hay que destacar algo en el “Artabria”, es su buena relación calidad precio. La cuenta al final de la cena es más que soportable, aunque hablamos de un local que está definitivamente, varios pasos por detrás que “Alborada”, “Refugio” o “Casa Pardo”.
Jul 2nd

“El periodista deportivo” es la primera obra que leo de Richard Ford, autor muy prestigioso en Estados Unidos. En España es publicado por Anagrama, lo que suele ser ya una garantía de cierta calidad y más si, como es el caso, estamos ante una de sus novelas más famosas, escrita en 1986.
El punto de partida es bueno y las primeras páginas confirman las previsiones: Ford tiene una prosa ágil y plantea, en presente, un personaje curioso, Frank Bascombe, un tipo extremadamente conformista que abandona su carrera como escritor para dedicarse a escribir reportajes en una revista de deportes de Nueva York. Soprendentemente, Bascombe no tiene ningún tipo de ambición ni vanidad; sólo aspira a vivir con tranquilidad; en los últimos años su hijo mayor ha muerto, ha tenido docenas de amantes y su mujer se ha divorciado de él, que ha vivido en una feliz ensoñación con “poco dolor pero un largo duelo”.
Como digo el comienzo es vibrante pero luego, conforme avanzan las páginas, Ford da vueltas sobre sí mismo, sin tener muy claro hacia dónde quiere ir; recuerda en ocasiones a la brillantez de DeLillo, otro autor de culto y cuyas novelas me dejan algo frío; en otros momentos parece el Camus de “El extranjero” pero con exceso de metraje.
Por cierto, errores de bulto en algunos puntos de la traducción, que merecería un repaso.
A pesar de lo anterior, al final de la novela me quedo con la sensación de que es una obra bastante estimable -y cuya lectura vale la pena-, aunque se queda en mucho menos de lo que prometía. Me quedo con estas líneas:
Y yo me quedo solo en el frío silencio de muerte del jardín de Walter y del MG, con una desconocida casa de apartamentos a mis espaldas y un vecindario que no me conoce. Soy un hombre que no tiene adonde ir, sin ideas, en el triste epílogo de un día que no habría tenido lugar en un mundo mejor.
Jun 29th

Ayer comenzó el VIII concurso de Tapas Picadillo, que se celebra en la ciudad hasta el próximo 18 de julio. Desgraciadamente, los intentos, durante el día de ayer, de probar alguna de las tapas, fueron infructuosos: en algún caso por llegar demasiado pronto (decían que hasta hoy no empezaba) y en otros por llegar demasiado tarde (ya se habían terminado).
En los próximos días volveré a intentarlo pero, viendo a muchos de los participantes, así como el hecho de vivir situaciones parecidas durante el año pasado, esto no promete demasiado; sé que hay que aumentar el número de participantes, pero meter locales sin ninguna tradición gastronómica, sin ganas ni producto, no favorece la calidad del concurso, que no se va a medir por el número de tapas sino por la calidad de las mismas.
A ver que nos cuentan los amigos de Catalia, que veo que ya se han puesto al asunto también.
Sólo señalar que el local sin la tapa en el día de ayer era “La Bodeguilla” que, junto a su hermano “La Barra” semeja metido en una cuesta abajo en calidad y servicio poco o nada prometedora.
Jun 24th
El que durante cierto tiempo fue uno de los restaurantes de moda de la ciudad, “Il Tocco Genovese” ha ido languideciendo de manera constante en los últimos años. Dotado de una decoración simple e inamovible, este local, ubicado en el Paseo del Parrote y a pocos metros de la Puerta Real, es una muestra palpable de las virtudes y defectos de la restauración herculina.
“Il Tocco” era un local que lucía un lleno permanente (puede que todavía lo haga) los fines de semana; fue, probablemente, uno de los primeros que apostó por una cocina italiana de cierta calidad, superando claramente a la oferta local que por entonces había. Y sin embargo, el paso del tiempo nos enseña la misma carta (ya veterano y ajado el ejemplar) y se traslada al comensal una absoluta falta de emoción. Las pastas y las pizzas, que siempre fueron su mayor reclamo, están alejadas de calidad de las que ofrece la vecina “Casa D´Italia” o incluso la franquiciada “Tagliatella” y se acercan peligrosamente a las de la más popular “Cambalache”.
Las sillas son terriblemente incómodas (una comida larga se convierte en un suplicio) y del local sólo se salvan las vistas sobre la dársena deportiva de La Coruña. Supongo que el negocio sigue funcionando: los precios no son caros y la situación es buena, pero es una pena ver una absoluta falta de ambición en la cocina y en la gestión, un “mejor no meneallo” que, o yo tengo un mal día, o deprime al más pintado.
No sé, si como dicen algunos, el declive comenzó cuando se fue el cocinero que es el propietario de la “Casa D´Italia”, con el que comparte una carta similar pero una factura del producto diferente. Ignoro si es cierto, pero lo que sí lo es es que la situación actual es la demostración de lo peligroso que es dejarse llevar.
Jun 23rd
Hacía mucho tiempo que no me dejaba caer por el Refugio, y a fe que me arrepiento. Los que pasan por aquí ya conocen mi debilidad hacia este local de Oleiros al que, aunque le haga falta una lavadita de cara estética, mantiene una calidad de producto de impresión. Para mí la experiencia aquí siempre es gratificante y si, además, van añadiendo algunos platos a la sugerencias, pues mejor.
En la última visita optamos por unos mariscos a compartir: percebes y lubrigante plancha. Los percebes de primer nivel, mas el lubrigante a la plancha es una cosa increíble: lo traigan de donde lo traigan está espectacular y, a la plancha y algo de aceite… vamos, que no cansa.

De segundo, unos lomos de lubina que siempre están entre los mejores que se pueden comer en la ciudad y un tartar de atún que, directamente, pasa a ser uno de mis platos favoritos en este restaurante. Tiendo a pedir mucho el tartar de atún rojo y, diré que éste es el mejor que he tomado nunca: es una preparación sencilla en la que no se puede ocultar la calidad del túnido, que en este caso es excepcional; la textura de la preparación es perfecta, con el aparente añadido de algo de salsa de soja, cebolla y no sé si un toque de comino y sésamo: han pasado varios días y lo que perdura es la sensación, y no tanto los condimentos. Un gran plato.
Luego los postres, siempre lo más flojo del local; simplemente correctos y un tanto vistos para mí gusto. En cualquier caso, siempre un notable y una muy buena experiencia gastronómica.
May 21st
“Coquus” es una de las recientes aperturas que se han producido en Coruña en los últimos meses, en el antiguo local del “Gustó”, que tuvo una carrera corta y desafortunada.
El “Coquus” se sitúa muy cerca del Ayuntamiento y de la plaza de Azcárraga, en una bonita esquina; el local
es bastante pequeño y la cocina queda casi en el centro del mismo. Hace unas semanas pasé a probar, después de leer a Pantagruel, y la verdad es que no me encontré nada emocionante.
Pedimos para compartir unas croquetas de jamón y pastel de cabracho. Las croquetas eran muy olvidables, ya ni la textura del rebozado, ni la bechamel, ni el jamón pasaban de un aprobado raspadito: casi eran las propias del “Gasthof”, aunque suene un tanto exagerado; el pastel de cabracho sí es recomendable, pues realmente se apreciaba el pescado y no era una de esas pastas extrañas que te colocan por ahí. Para mí, lo mejor de la comida.
Los segundos, un secreto ibérico y unos solomillitos, ambos correctos pero sin nada especial que destacar. Por cierto, son platos que no localizo en la web del restaurante.
No puedo decir mucho de la carta de vinos ya que pedimos una sola copa de un Ribera del Duero -“Arroyo” creo que se llamaba-, pero las referencias que tienen en la web en cuanto a vino son bastante interesantes… aunque si fuera malpensado (que no lo soy) diría que han recurrido mucho a Peñín y a Robert Parker.
El servicio fue muy atento y correcto y la calidad del producto es buena, sin ser espectacular. No sé, nada malo encontré pero tampoco un lugar al que tenga ganas de regresar o de recomendar especialmente.

May 19th

Por su interés, enlazo el artículo del abogado Víctor Salgado publicado en la web de “La Voz de Galicia”. Es muy ilustrativo y desmonta algunas de las tonterías que se dicen y se escriben en referencia al famoso “canon digital”.
Con el fin de optimizar y simplificar su gestión, la Ley dispone que son las Asociaciones de Autores y Gestoras de Derechos (SGAE, AGEDI, etc.) quienes recaudan inicialmente dicho canon para que lo “distribuyan proporcionalmente” entre los autores y demás titulares de derechos de propiedad intelectual.
¿Cómo se distribuye en la práctica? Nadie lo sabe a ciencia cierta ya que los mecanismos que utilizan son totalmente opacos para los ciudadanos e, incluso, para las propiasAdministraciones Públicas las cuales no tienen conferido un control directo sobre ello.
Supuestamente, las Entidades Gestoras se basan en estadísticas manejadas (y muchas veces encargadas) por ellas mismas que indican el “ranking” de las obras más reproducidas por los ciudadanos (que no las más pirateadas).
Obviamente, de este ranking se deberían eliminar los datos de “reproducciones ilegales” o “piratería” que, como hemos visto, no puede compensar el canon. También se deberían eliminar aquellas obras que se hayan distribuido con sistemas de protección “anticopia” o similares, que tampoco pueden ser beneficiarias en base a la Ley (si no permites la “copia legal” de tus obras, no puedes pretender beneficiarte por una eventual compensación por ella).
Dado que no tenemos forma de fiscalizar dicho reparto desde un punto de vista público, no podemos evitar preguntarnos:
¿Esto se cumple en la práctica? No hay modo de saberlo.
Se puede consultar íntegramente aquí.
May 7th
Reconozco que iba con muchas ganas al nuevo “Augamar”, ya que ser parte del grupo del “Alborada”, era para mí motivo suficiente para ir y sentirme confiado.
“Augamar” se localiza en la planta superior del nuevo edificio de la Marina Coruña, cerca del dique de abrigo. El restaurante tiene las mesas enfrentadas al mar y con unas vistas realmente espectaculares, con una decoración moderna y conseguida, aunque me guste más el diseño interior del local del “Alborada”.

¿Y la comida? Nada que ver con el otro local. Aquí se especializan en mariscos y pescados, con una carta no muy profunda. De entrada unas cigalas cocidas, no muy grandes, perfectas en su cocción y en sabor: un buen producto; también compartimos unas zamburiñas fritas, con un rebozado un tanto excesivo, lo que fue una pena, era demasiado contundente y las zamburiñas, que eran unas piezas magníficas, quedaban muy oscurecidas. Es un plato resultón pero carente de finura.
En los principales dos pescados de impresión: una merluza a la gallega, lubina con compota de tomate y patatas y una tortilla de patata. Por partes: los pescados impecables, muy buenas piezas, elaboración sencilla pero que permite alcanzar al pescado el protagonismo que no le permiten a las zamburiñas. La lubina , en concreto, era un lomo de altísima calidad, y el acompañamiento, que aportaba más bien poco, no hacía ni falta. La tortilla, por contra, preparada al estilo de Betanzos, era correcta, pero muy alejada de la calidad de las de La Penela o el Manjar.
La mayor pega fue el vino: la carta está llena de referencias extrañas, con pocos valores reconocibles, muy diferente de la del Alborada, que si peca de algo es de previsibilidad. Aquí se van al extremo contrario, una carta que pretende ser original y resulta fallida: el único Ribeira Sacra era el Lagar do Cigur, lo que en los tiempos que corren es algo poco comprensible. Reconozco que no es vino que me guste pero es que la botella quedó a mitad. No soy el tipo con más conocimientos de vino pero puedo decir que el cliente medio no va a tener una percepción muy diferente a la mía. No sé quién ha hecho la carta pero, aunque sea un experto, creo ha metido la gamba.
El servicio tampoco destacó; la chica que nos atendió estaba un poco perdida y no hubo un gran seguimiento de la mesa. Muy alejado de la atención que da Santi en el “Alborada”.
En definitiva, un lugar que apunta bien, muy bien, por la calidad del producto que probamos. Los fallos, algunos propios de una reciente apertura, no tengo dudas de que los resolverán. Novedad interesante y local que, además de las vistas, tiene una zona de fumadores perfectamente separada, lo que es un mérito en estos tiempos de confusión.
[ACTUALIZACIÓN: Una parte del texto me había desaparecido]La otra falla es la carta de vinos: una carta extraña, como hecha para sorprender, en la que parece que se vuelcan más unos gustos muy personales que el interés de los clientes. Entiendo que se quieran poner referencias originales pero, si se es demasiado original, se corre el riesgo de patinar, que es lo que pasa con esta carta de vinos, que calificaría de bastante desafortunada.
May 4th
Había llegado varias veces a la puerta de la taberna “Pil-Pil” y siempre me había dado la vuelta, hasta la semana pasada. La taberna es eso, una taberna, y de otra época, que se encuentra cerca de la calle Orillamar. El local es muy poco atractivo desde el exterior. E igual desde el interior, atendido por una pareja bastante veterana pero extremadamente amable.
Hay dos zonas de comidas, unas pocas mesas abajo y otras arriba, a la que se accede a través de una estrecha escalera. Mesas de madera sencillas, mantel de papel y cubertería de comedor militar completan el cuadro que, tengo que reconocer, hasta aquí no era demasiado interesante.

La carta, escrita a mano, es breve y da la impresión de cambiar mucho, lo que entiendo que será uno de los atractivos del local. Sin embargo, después de un comienzo poco prometedor, todo lo que sale a la mesa está bastante conseguido: comenzamos con un salmón marinado, sencillo pero muy bueno, en el que se aprecia la calidad del mismo: supongo que lo preparan allí, si lo compran es que tienen un proveedor realmente bueno. De segundos una castañeta con salsa de azafrán y una merluza a la gallega, platos correctos pero olvidables, al igual que el mus de chocolate que elegimos para cerrar.
“Pil-Pil” es un lugar incómodo, anticuado, pero que sorprendentemente siempre acaba teniendo su hueco en las guías gastronómicas que hacen referencia a la ciudad. Para mí es más una casa de comidas, de las que hay muchas por toda Galicia, que un restaurante, por lo que si sabemos qué nos vamos a encontrar no habrá demasiadas sorpresas aunque, sinceramente, no me apetece demasiado volver. No es lo mío.
Dejo aquí la impresión del siempre solvente señor Foucellas. Poco ha cambiado.
Apr 26th
Vuelvo a “Pablo Gallego” después de bastante tiempo, no porque nada me disgustara en anteriores visitas, sino porque aunque se come bien, la experiencia nunca es memorable.
Antes de ir volví a releer el antiguo post de Pantagruel y, aunque pueda estar de acuerdo con él en algunos puntos, me separa del amigo Manoel que veo a “Pablo Gallego” con un punto diferente al “Coral” (también perteneciente a la familia) o al “Madrileño”, que se han quedado un poquito “Cuéntame”.
Pablo -que, por cierto, es un restaurador muy profesional- innova más que estos últimos pero su cocina es y será siempre de producto, con una carta que encuentro bastante “estable”, por decirlo de alguna manera, con escasas novedades.
Una vez dicho lo anterior, el restaurante tiene algunos platos muy conseguidos: uno sería la lubina hervida en algas, de la que he hablado en ocasiones anteriores, y otra serían los huevos de corral con angulas, un plato sencillo pero tremendamente espectacular y resultón, que nunca me cansaría de pedir: la especialidad de la casa. Cuando he pedido esos platos he salido muy contento.
De primero compartimos en la última visita un carpaccio de cigalas interesante, muy similar al que sirven en el “Alborada” y un platito de jamón ibérico que, siendo de calidad, tampoco deslumbró.
Para el postre un tatín de manzana potente potente, sólo apto para espíritus larpeiros.
En fin, algunos platos muy especiales pero se queda por detrás de otros locales de la ciudad, aun mereciendo mucho la visita. Por cierto, el servicio muy atento pero también con un toque “retro”, si se me permite la expresión.
Apr 10th
Aprovechando mi actual periplo por el continente amigo, he estado aplicándome con rigor de monje trapense a la degustación de los vinos propios de la zona, o no tan propios, pues el concepto de vinos del nuevo mundo abarca desde los afrancesados cabernets californianos, los golosos malbecs argentinos
o los afrutadísimos sauvignon-blanc chilenos.
Busco, como si fuera el grial, nuevos sauvignon-blancs, una de mis uvas blancas favoritas y que creo es desgraciadamente ignorada en España. Con el recuerdo que dejó en mi el “fumé blanc” reserva de Mondavi, he probado los siguientes:
– Casillero del Diablo Sauvignon-Blanc 2008: un vino de la línea más de batalla de la enorme bodega Concha y Toro. Es un vino sin madera, fermentado en acero inoxidable, con bastante fruta y cuya mayor virtud y mayor pecado es la presencia de aromas cítricos: es un vino agradable de beber, sin complicaciones, hecho con oficio pero que, por esa excesiva presencia de cítricos no es lo que espero de un caldo elaborado con esta uva. Buena relación calidad-precio.
– Duckhorn Vineyards Sauvignon-Blanc 2007: Mezcla de Sauvignon con Chenin en este

vino californiano que me defraudó bastante, sobre todo teniendo en cuenta su elevado precio. Tiene crianza en roble pero dicha crianza no le otorga, en mi opinión, mayor complejidad pero sí que reduce el peso de la fruta hasta generar un vino que se bebe pero no deja ningún recuerdo perdurable.
– Fumé Blanc de Robert Mondavi 2007: Un clásico entre los sauvignon-blanc californianos del creador del Valle de Napa como se entiende en la actualidad y cuya bodega es ahora parte del imperio vinícola de Constellation Brands. Mondavi lanzó el fumé blanc en 1966, y lo denomina así pues el paso en barrica le da unos aromas ahumados muy agradables. Es un vino en el que la fruta está presente, con aromas de melocotón y alguna fruta tropical; un vino magnífico con una graduación alcohólica y un precio bastante elevado pero que se alza como el mejor de los tres comentados con cierta distancia.
– Santa Rita Casa Real Sauvignon-Blanc 2008: Vino con las habituales virtudes de estos varietales chilenos: fruta y una adecuada acidez. Y sus defectos: escasa complejidad, un vino agradable de beber y con escasa persistencia en la boca, adecuado para acompañar arroces (como hice yo) o pescados.El aroma más destacado para mí es la pera, aunque la nota de cata habla de cítricos y de pomelo; no sé, yo veo y busco peras siempre en estos vinos, como si viniera de un “Spring Break” perpetuo.
Mar 23rd

Tengo auténtica debilidad por Hunter S. Thompson, al que considero un auténtico maestro; Thompson, el inventor del llamado periodismo “gonzo”, le da una vuelta de tuerca al “Nuevo Periodismo” de Tom Wolfe y se convierte en protagonista de la acción hasta extremos nunca vistos.
Su obra más conocida es, probablemente, “Miedo y asco en Las Vegas” –adaptada al cine por Terry Gilliam–, pero es esta “Los Ángeles del Infierno” la que considero su aportación más valiosa (y cuya primera copia dejé abandonada encima de una máquina tragaperras de un casino de Las Vegas, cosas de las casualidades), un trabajo menos novelístico que el primero pero que es una lectura tanto o más entretenida que la mencionada. “Los Ángeles del Infierno” se sitúa en los años 60 en California, una de las épocas más apasionantes de la historia reciente, el final de los “beatniks” y la aparición de los nuevos “hippies”; en las páginas de esta obra se entrecruzan Neal Cassady, Allen Ginsberg o Ken Kesey conformando un fascinante fresco de esos años.
Thompson elabora un exhaustivo reportaje de la banda de motoristas forajidos a los que ve como síntomas de una sociedad enferma. La obra es, además, una interesante muestra de cómo los medios generalistas retuercen la realidad para adaptarla a sus ideas y prejuicios y como son, en determinadas ocasiones, los propios medios los causantes de la alarma social. Thompson huye de los juicios apriorísticos y, aunque tenga su opinión, deja que el lector se forme la suya propia. Muchos ensayistas y periodistas deberían aprender de este autor y olvidar esa molesta manía de adoctrinar al lector, de convencerle de una tesis previa.
El estilo de la obra, su composición, es extremadamente libre, sin someterse a estrictas ortodoxias y utiliza de manera brillante multitud de citas y declaraciones que ayudan a comprender la historia de estos motoristas condenados al fracaso que chocan una y otra vez con los ciudadanos bienpensantes.
“Hablamos por teléfono casi una hora un jueves por la mañana. Yo estaba tan fascinado que no podía colgar. El alcalde hablaba de un modo muy exótico. Comprendí enseguida que era un hombre que desfilaba por la vida al ritmo de un tambor que yo no oiría nunca.”
Las obras de Thompson están todas publicadas por Anagrama en España y son, en mi opinión, imprescindibles. Aunque leyendo esto uno se deprime más comparándolo con el periodismo actual.
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