Hoy me siento un poquito bipolar
Gastronomía
Restaurante “Sushi des Artistes” (Marbella)
Jul 29th
Desde el cierre ¿temporal? del “Taro” en el hotel “Guadalpín” -tras el concurso de acreedores del grupo matriz- iba dando vueltas por la ciudad, intentando encontrar un buen japonés para sustituir al maestro Kikuchi. Después de varios intentos me recomendaron el “Sushi des Artistes”. Y ha sido un acierto.
El “Sushi des Artistes” se localiza en la llamada Milla de Oro marbellí, justo enfrente del famoso hotel “Marbella Club”. Es un local pequeño, extraño en la decoración, casi con más personal que clientes: los artistas del sushi se hacinan tras la barra, en una suerte de patera postmoderna, en remedo de una fiesta en un apartamento de Tokio.
Aunque les cuesta un poco, si se insiste, hay algún camarero que habla castellano, y si no, manéjense en el habitual inglés costasoleño.
La carta es relativamente amplia, con multitud de preparaciones de sushi, algunas bastante libres -como el nigiri de foie- pero todas muy conseguidas. En mis visitas me he quedado con nigiris y algún aperitivo, entre los que puedo recordar unas “gyozas” de impresión, de las mejores que he probado, con una pasta apenas frita y extremadamente sutil.
En los nigiris (que vienen en grupos de dos piezas) destacaría las preparaciones con salmón, muy abundantes y todas de gran calidad: la que tiene un toque de lima o el tartar de salmón están entre mis favoritas. Algo más flojo el atún rojo que, aunque de calidad, no me impresionó tanto como el salmón. Interesantes también preparaciones originales y ligeramente cocinadas, como la dorada “asada por un lado” o el sushi de foie, muy sabroso pero extremadamente contundente (mejor para compartir).
Como casi todos los locales en la zona, el “Sushi des Artistes” es de todo, menos barato, aunque, si estudiamos la sobrepoblación de cocineros tras la barra, más propia de un concierto de los Inhumanos que de un restaurante, coincidiremos en que son muchas bocas las que hay que alimentar.
Conclusión: un restaurante muy recomendable, con buen trato y una carta larga que merece varias visitas. Ahora mismo, mi favorito en la zona y un fijo en todas mis visitas.

Restaurante “Artabria” (La Coruña)
Jul 19th
Tenía pendiente volver al “Artabria”, uno de los restaurantes aparentemente más exitosos en la ciudad a día de hoy y al que hacía mucho tiempo que no acudía. El local suele estar lleno y obtener una mesa los fines de semana es bastante complicado pero, durante la semana pasada, nos animamos a acudir.
Tenía buenos recuerdos de mis visitas anteriores, buenas referencias de blogueros ilustres y, viendo la carta al llegar, con sus “VIII Jornadas de bonito” y diferentes sugerencias, la cosa pintaba bien. El local, acogedor, fue llenándose de manera progresiva.
Pedimos un plato clásico del “Artabria”: las colas crujientes de langostinos. Una preparación, con su rebozado hilado, que gusta mucho; es muy sabroso, aunque con el correr de los años acaba cansando un poco. El otro entrante fue una de las sugerencias de la carta: el tartar de atún. Después de la experiencia en “El Refugio” con este mismo plato, la comparación es odiosa: el tartar era de textura pastosa y con un sabor demasiado tamizado por la preparación. Sin duda, la decepción de la noche, a pesar de que es un plato con un precio destacablemente reducido para ser un tartar de atún.

En los segundos: un plato de pasta con verduras para mi acompañante y un rape con bacon y risotto para mí. Las raciones fueron moderadamente abundantes y moderadamente anodinas. A mi rape el bacon no le aportaba nada, y la combinación se salvaba por el acompañamiento de un conseguidísimo risotto. Se aprecia el intentar escapar de la cocina más tradicional pero los resultados son muy desiguales.
La carta de vinos contaba con referencias muy interesantes y precios bastante ajustados, al igual que toda la carta. Si hay que destacar algo en el “Artabria”, es su buena relación calidad precio. La cuenta al final de la cena es más que soportable, aunque hablamos de un local que está definitivamente, varios pasos por detrás que “Alborada”, “Refugio” o “Casa Pardo”.
VIII Concurso Tapas Picadillo
Jun 29th

Ayer comenzó el VIII concurso de Tapas Picadillo, que se celebra en la ciudad hasta el próximo 18 de julio. Desgraciadamente, los intentos, durante el día de ayer, de probar alguna de las tapas, fueron infructuosos: en algún caso por llegar demasiado pronto (decían que hasta hoy no empezaba) y en otros por llegar demasiado tarde (ya se habían terminado).
En los próximos días volveré a intentarlo pero, viendo a muchos de los participantes, así como el hecho de vivir situaciones parecidas durante el año pasado, esto no promete demasiado; sé que hay que aumentar el número de participantes, pero meter locales sin ninguna tradición gastronómica, sin ganas ni producto, no favorece la calidad del concurso, que no se va a medir por el número de tapas sino por la calidad de las mismas.
A ver que nos cuentan los amigos de Catalia, que veo que ya se han puesto al asunto también.
Sólo señalar que el local sin la tapa en el día de ayer era “La Bodeguilla” que, junto a su hermano “La Barra” semeja metido en una cuesta abajo en calidad y servicio poco o nada prometedora.
Restaurante “Il Tocco Genovese” (La Coruña)
Jun 24th
El que durante cierto tiempo fue uno de los restaurantes de moda de la ciudad, “Il Tocco Genovese” ha ido languideciendo de manera constante en los últimos años. Dotado de una decoración simple e inamovible, este local, ubicado en el Paseo del Parrote y a pocos metros de la Puerta Real, es una muestra palpable de las virtudes y defectos de la restauración herculina.
“Il Tocco” era un local que lucía un lleno permanente (puede que todavía lo haga) los fines de semana; fue, probablemente, uno de los primeros que apostó por una cocina italiana de cierta calidad, superando claramente a la oferta local que por entonces había. Y sin embargo, el paso del tiempo nos enseña la misma carta (ya veterano y ajado el ejemplar) y se traslada al comensal una absoluta falta de emoción. Las pastas y las pizzas, que siempre fueron su mayor reclamo, están alejadas de calidad de las que ofrece la vecina “Casa D´Italia” o incluso la franquiciada “Tagliatella” y se acercan peligrosamente a las de la más popular “Cambalache”.
Las sillas son terriblemente incómodas (una comida larga se convierte en un suplicio) y del local sólo se salvan las vistas sobre la dársena deportiva de La Coruña. Supongo que el negocio sigue funcionando: los precios no son caros y la situación es buena, pero es una pena ver una absoluta falta de ambición en la cocina y en la gestión, un “mejor no meneallo” que, o yo tengo un mal día, o deprime al más pintado.
No sé, si como dicen algunos, el declive comenzó cuando se fue el cocinero que es el propietario de la “Casa D´Italia”, con el que comparte una carta similar pero una factura del producto diferente. Ignoro si es cierto, pero lo que sí lo es es que la situación actual es la demostración de lo peligroso que es dejarse llevar.
Restaurante “El Refugio” (Oleiros)
Jun 23rd
Hacía mucho tiempo que no me dejaba caer por el Refugio, y a fe que me arrepiento. Los que pasan por aquí ya conocen mi debilidad hacia este local de Oleiros al que, aunque le haga falta una lavadita de cara estética, mantiene una calidad de producto de impresión. Para mí la experiencia aquí siempre es gratificante y si, además, van añadiendo algunos platos a la sugerencias, pues mejor.
En la última visita optamos por unos mariscos a compartir: percebes y lubrigante plancha. Los percebes de primer nivel, mas el lubrigante a la plancha es una cosa increíble: lo traigan de donde lo traigan está espectacular y, a la plancha y algo de aceite… vamos, que no cansa.

De segundo, unos lomos de lubina que siempre están entre los mejores que se pueden comer en la ciudad y un tartar de atún que, directamente, pasa a ser uno de mis platos favoritos en este restaurante. Tiendo a pedir mucho el tartar de atún rojo y, diré que éste es el mejor que he tomado nunca: es una preparación sencilla en la que no se puede ocultar la calidad del túnido, que en este caso es excepcional; la textura de la preparación es perfecta, con el aparente añadido de algo de salsa de soja, cebolla y no sé si un toque de comino y sésamo: han pasado varios días y lo que perdura es la sensación, y no tanto los condimentos. Un gran plato.
Luego los postres, siempre lo más flojo del local; simplemente correctos y un tanto vistos para mí gusto. En cualquier caso, siempre un notable y una muy buena experiencia gastronómica.
Restaurante “Coquus” (La Coruña)
May 21st
“Coquus” es una de las recientes aperturas que se han producido en Coruña en los últimos meses, en el antiguo local del “Gustó”, que tuvo una carrera corta y desafortunada.
El “Coquus” se sitúa muy cerca del Ayuntamiento y de la plaza de Azcárraga, en una bonita esquina; el local
es bastante pequeño y la cocina queda casi en el centro del mismo. Hace unas semanas pasé a probar, después de leer a Pantagruel, y la verdad es que no me encontré nada emocionante.
Pedimos para compartir unas croquetas de jamón y pastel de cabracho. Las croquetas eran muy olvidables, ya ni la textura del rebozado, ni la bechamel, ni el jamón pasaban de un aprobado raspadito: casi eran las propias del “Gasthof”, aunque suene un tanto exagerado; el pastel de cabracho sí es recomendable, pues realmente se apreciaba el pescado y no era una de esas pastas extrañas que te colocan por ahí. Para mí, lo mejor de la comida.
Los segundos, un secreto ibérico y unos solomillitos, ambos correctos pero sin nada especial que destacar. Por cierto, son platos que no localizo en la web del restaurante.
No puedo decir mucho de la carta de vinos ya que pedimos una sola copa de un Ribera del Duero -“Arroyo” creo que se llamaba-, pero las referencias que tienen en la web en cuanto a vino son bastante interesantes… aunque si fuera malpensado (que no lo soy) diría que han recurrido mucho a Peñín y a Robert Parker.
El servicio fue muy atento y correcto y la calidad del producto es buena, sin ser espectacular. No sé, nada malo encontré pero tampoco un lugar al que tenga ganas de regresar o de recomendar especialmente.

Taberna “Pil-Pil” (La Coruña)
May 4th
Había llegado varias veces a la puerta de la taberna “Pil-Pil” y siempre me había dado la vuelta, hasta la semana pasada. La taberna es eso, una taberna, y de otra época, que se encuentra cerca de la calle Orillamar. El local es muy poco atractivo desde el exterior. E igual desde el interior, atendido por una pareja bastante veterana pero extremadamente amable.
Hay dos zonas de comidas, unas pocas mesas abajo y otras arriba, a la que se accede a través de una estrecha escalera. Mesas de madera sencillas, mantel de papel y cubertería de comedor militar completan el cuadro que, tengo que reconocer, hasta aquí no era demasiado interesante.

La carta, escrita a mano, es breve y da la impresión de cambiar mucho, lo que entiendo que será uno de los atractivos del local. Sin embargo, después de un comienzo poco prometedor, todo lo que sale a la mesa está bastante conseguido: comenzamos con un salmón marinado, sencillo pero muy bueno, en el que se aprecia la calidad del mismo: supongo que lo preparan allí, si lo compran es que tienen un proveedor realmente bueno. De segundos una castañeta con salsa de azafrán y una merluza a la gallega, platos correctos pero olvidables, al igual que el mus de chocolate que elegimos para cerrar.
“Pil-Pil” es un lugar incómodo, anticuado, pero que sorprendentemente siempre acaba teniendo su hueco en las guías gastronómicas que hacen referencia a la ciudad. Para mí es más una casa de comidas, de las que hay muchas por toda Galicia, que un restaurante, por lo que si sabemos qué nos vamos a encontrar no habrá demasiadas sorpresas aunque, sinceramente, no me apetece demasiado volver. No es lo mío.
Dejo aquí la impresión del siempre solvente señor Foucellas. Poco ha cambiado.
Restaurante “Pablo Gallego” (La Coruña)
Apr 26th
Vuelvo a “Pablo Gallego” después de bastante tiempo, no porque nada me disgustara en anteriores visitas, sino porque aunque se come bien, la experiencia nunca es memorable.
Antes de ir volví a releer el antiguo post de Pantagruel y, aunque pueda estar de acuerdo con él en algunos puntos, me separa del amigo Manoel que veo a “Pablo Gallego” con un punto diferente al “Coral” (también perteneciente a la familia) o al “Madrileño”, que se han quedado un poquito “Cuéntame”.
Pablo -que, por cierto, es un restaurador muy profesional- innova más que estos últimos pero su cocina es y será siempre de producto, con una carta que encuentro bastante “estable”, por decirlo de alguna manera, con escasas novedades.
Una vez dicho lo anterior, el restaurante tiene algunos platos muy conseguidos: uno sería la lubina hervida en algas, de la que he hablado en ocasiones anteriores, y otra serían los huevos de corral con angulas, un plato sencillo pero tremendamente espectacular y resultón, que nunca me cansaría de pedir: la especialidad de la casa. Cuando he pedido esos platos he salido muy contento.
De primero compartimos en la última visita un carpaccio de cigalas interesante, muy similar al que sirven en el “Alborada” y un platito de jamón ibérico que, siendo de calidad, tampoco deslumbró.
Para el postre un tatín de manzana potente potente, sólo apto para espíritus larpeiros.
En fin, algunos platos muy especiales pero se queda por detrás de otros locales de la ciudad, aun mereciendo mucho la visita. Por cierto, el servicio muy atento pero también con un toque “retro”, si se me permite la expresión.
Algo de Sauvignon-Blanc americano
Apr 10th
Aprovechando mi actual periplo por el continente amigo, he estado aplicándome con rigor de monje trapense a la degustación de los vinos propios de la zona, o no tan propios, pues el concepto de vinos del nuevo mundo abarca desde los afrancesados cabernets californianos, los golosos malbecs argentinos
o los afrutadísimos sauvignon-blanc chilenos.
Busco, como si fuera el grial, nuevos sauvignon-blancs, una de mis uvas blancas favoritas y que creo es desgraciadamente ignorada en España. Con el recuerdo que dejó en mi el “fumé blanc” reserva de Mondavi, he probado los siguientes:
– Casillero del Diablo Sauvignon-Blanc 2008: un vino de la línea más de batalla de la enorme bodega Concha y Toro. Es un vino sin madera, fermentado en acero inoxidable, con bastante fruta y cuya mayor virtud y mayor pecado es la presencia de aromas cítricos: es un vino agradable de beber, sin complicaciones, hecho con oficio pero que, por esa excesiva presencia de cítricos no es lo que espero de un caldo elaborado con esta uva. Buena relación calidad-precio.
– Duckhorn Vineyards Sauvignon-Blanc 2007: Mezcla de Sauvignon con Chenin en este

vino californiano que me defraudó bastante, sobre todo teniendo en cuenta su elevado precio. Tiene crianza en roble pero dicha crianza no le otorga, en mi opinión, mayor complejidad pero sí que reduce el peso de la fruta hasta generar un vino que se bebe pero no deja ningún recuerdo perdurable.
– Fumé Blanc de Robert Mondavi 2007: Un clásico entre los sauvignon-blanc californianos del creador del Valle de Napa como se entiende en la actualidad y cuya bodega es ahora parte del imperio vinícola de Constellation Brands. Mondavi lanzó el fumé blanc en 1966, y lo denomina así pues el paso en barrica le da unos aromas ahumados muy agradables. Es un vino en el que la fruta está presente, con aromas de melocotón y alguna fruta tropical; un vino magnífico con una graduación alcohólica y un precio bastante elevado pero que se alza como el mejor de los tres comentados con cierta distancia.
– Santa Rita Casa Real Sauvignon-Blanc 2008: Vino con las habituales virtudes de estos varietales chilenos: fruta y una adecuada acidez. Y sus defectos: escasa complejidad, un vino agradable de beber y con escasa persistencia en la boca, adecuado para acompañar arroces (como hice yo) o pescados.El aroma más destacado para mí es la pera, aunque la nota de cata habla de cítricos y de pomelo; no sé, yo veo y busco peras siempre en estos vinos, como si viniera de un “Spring Break” perpetuo.
Restaurante “El Salero” (La Coruña)
Feb 7th
Era este “El Salero” un restaurante al que tenía ganas de ir: siempre me habían hablado bien de él y, por unas cosas u otras, nunca había acudido. Unos apuntes rápidos:
El local está en Zalaeta, en la llamada Plaza de la Lupa, un poco escondido, la verdad, y alejado de otros restaurantes; es tan discreto que, desde fuera, cuesta saber si está abierto o cerrado. A la entrada del local, de dos alturas, está la cafetería y el comedor se ubica en la entreplanta. La decoración es un tanto anodina.
La carta es bastante corta, aunque parece ser que hay bastante rotación de platos, lo cuales eran bastante sugerentes. Nos inclinamos por compartir unos saquitos de wanton con pollo y setas, de sabores gratificantes y fáciles, como entrante.
Para los principales me decidí por el confit de pato, acompañado con lo que parecía pera y salsa de zanahoria; el confit de pato estaba crujiente y jugoso, muy conseguido, sin ser sabores demasiado novedosos la ejecución la encontré más que correcta. Mi acompañante se decidió por el pulpo a la brasa, elaborado también de manera impecable, churruscadito sin estar seco.
El postre fue el cremoso de chocolate blanco, también muy recomendable, dotado de consistencia, como si fuera una bola de helado.
Lo mejor de todo es que la visita tuvo un precio más que contenido, aunque hay que tener en cuenta que no tomamos vino. La relación calidad-precio de “El salero” me pareció más que notable. Como nota negativa sólo decir que la chica que atendía el comedor iba un poco justa ella sola y que el local se veía un tanto desangelado, tanto por decoración como por escasa afluencia de público, lo que llama la atención teniendo en cuenta la mencionada RCP y que la oferta de platos es bastante interesante.
Es un lugar que bien vale una visita y que invita a reflexionar sobre los usos de los consumidores, que abarrotan locales con calidad mucho más reducida y precios más elevados.
Restaurante “Sant Celoni” (Madrid)
Feb 1st
Hacía varios años que no había ido a “Sant Celoni” y, aprovechando un viaje de última hora a Madrid, decidí que era momento de intentar dejarme caer por ahí. No tenía muchas esperanzas de encontrar mesas pero, curiosamente, había sitio.
El local, dentro del hotel Hesperia, obliga a bajar unas escaleras, pero es un sitio muy amplio, con un par de jardines interiores y un diseño cuidado: sobrio pero elegante.
Esta vez, debido a la hora y al cansancio acumulado, no llegamos con energía para un menú, por lo que nos decidimos con dos platos cada uno, buscando que la cena no fuera excesivamente larga; debo decir que no fue así pues, el servicio, aunque atento, no iba muy sobrado para atender todas las mesas y los platos se hacían esperar bastante: tardamos más de tres horas para cenar, lo que es demasiado largo, en mi opinión.

De aperitivo se nos sirvieron unos snacks, entretenimientos y mezcla de sabores curiosos. Después un par de aperitivos: unas lentejas sorprendentemente tradicionales y una ensalada de pasta, que consistía en un macarrón con verduras en su interior, preparación inversa para sabores conocidos. Lo acompañamos con unas copitas de Taittinger, un gran champagne que nunca defrauda.

Como entrantes nos decidimos por una menestra de verduras y el canelón de trufa negra con cebolla. La menestra tenía, como añadido, una especie de carpaccio de algún crustáceo. El canelón de trufa fue, en mi opinión, el mejor plato de la noche: la pasta muy fina y perfecta de punto y textura, la trufa negra y la cebolla creaban unas sensaciones realmente interesantes.
Los platos principales fueron la becada y los salmonetes con huevos rotos y migas. La becada, servida con la cabeza del animal troceada, daba un poquito de grima y no gustó en la mesa: las aves de caza siempre son peculiares. Los salmonetes, por contra, perfectamente desespinados, eran unos lomos sensacionales, aunque la combinación de sabores no era demasiado impactante: un gran plato, pero…
Plato de quesos al final: el carro de los mismos, que es en realidad una mesa que trasladan los camareros, es realmente impresionante, y la calidad de la elección que hizo el encargado fue realmente notable: aunque la selección que preparan es diferente para cada mesa, aunque los principios que se siguen son similares. Un surtido muy impresionante, al nivel de los mejores restaurantes en este sentido.

En los vinos nos acabamos decidiendo por un Pujanza Norte 2006, un rioja muy moderno, con la fruta muy presente y sin exceso de madera, con un toque muy mineral y que fue ganando jerarquía conforme avanzaba la mesa. No lo considero mi tipo de vino pero es de extraordinaria calidad.
¿Sensaciones? Decepción. Esta vez no nos inclinamos por algún menú, como en ocasiones pasadas, pero la satisfacción es muy moderada y, si tenemos en cuenta los altísimos precios, pues esa satisfacción desaparece y casi, casi, diría que no me han quedado ganas de volver. Aunque suene un poco extremo.
Restaurante “Alborada” (La Coruña)
Jan 20th
En el “Alborada” siguen muy en forma: muy en forma en la cocina y en la sala; la regularidad y el alto nivel es apabullante y mejora cada día más.
Puede parecer un poco exagerado, pero es, actualmente, el restaurante en La Coruña en el que estoy más a gusto: el servicio atento sin atosigar, el ritmo de los platos perfecto, la carta de vinos completa -aunque eche de menos algo de audacia en la selección- y la comida sensacional. Sé que siempre estamos a vueltas con las estrellas Michelin, pero he comido en muchos restaurantes peores y con al menos una estrella.
Durante la primera época del “Alborada” criticamos las escasas novedades en la carta pero esto, poco a poco, va cambiando; Luis Veira va sacando novedades, manteniendo los platos más clásicos y eliminando otros (por cuestiones de temporada o porque se demuestren fallidos); en esta última visita probamos algunas de las novedades y nos dejaron muy satisfechos.
Como aperitivo una pequeña terrina de foie, nada novedosa. Para los entrantes no pude evitar pedir -tengo que hacérmelo mirar- el Salpicón de bogavante, ya consolidado en la carta, y de calidad excepcional; siempre le he encontrado un toque curioso de sabor comparándolo con mis favoritos y creo que se debe a que el cocinero utiliza salsa de soja que, aunque me gusta, reduce la importancia de los sabores primarios del bogavante, que queda un punto excesivamente salado.
Después una de las novedades en carta: Carpaccio de manitas de cerdo con gambón y puntas de espárragos blancos; muy rico el carpaccio, con una combinación de sabores “mar y tierra” curiosa pero efectiva, primando la especial textura gelatinosa de las manitas. Los espárragos no los noté por ningún lado. Muy bueno, aunque prefiero la sencillez del carpaccio de gambón que tenían en carta.
Los platos principales fueron: en primer lugar el imprescindible Huevos rotos con cigalas y patatas, ¿Qué decir? Conjunción perfecta de sabores, sencillez y pegada en un mismo concepto. Cuando vamos es un plato que casi siempre cae, víctima de nuestra gula; luego, como novedad, el mero a la brasa con espárragos y una salsa a base de mostaza, que venía como guarnición, sin quitarle protagonismo al lomo de mero. Es de las pocas veces que me he arrancado por un pescado en este restaurante -normalmente las carnes han atraído más mi atención- pero este mero merece un notable muy alto.
Al final, para acompañar los postres, un tokaji 4 puttonyos de Disznoko, con el punto perfecto de dulzor para no matar el leches, galletas y chocolate, ya suficientemente dulce.
Por cierto, sobre los vinos, en la carta del “Alborada” tienen una opción que me gusta mucho: el Juan Gil crianza 2007 D.O. Jumilla: un vino con una sensacional relación calidad-precio, en el que la monastrell expresa todo su potencial, un vino carnoso y goloso que invita a beber más.
Restaurante “Casa de comestibles” (La Coruña)
Dec 31st
Tenía pendiente pasar por este local de reciente apertura y, aprovechando estos días navideños de semitrabajo, me dejé caer por ahí. “Casa de Comestibles” es un pequeñísimo restaurante (4-5 mesas) que se encuentra muy cerca de la plaza de España, en la calle San José.

El local es agradable, con un diseño que parece imitar un salón de té inglés, con iluminación y colores suaves y en el que afortunadamente no se puede fumar. La carta se veía interesante, con los postres colocados en primer lugar de la misma, lo que llevaba a suponer que no era algo que uno debiera saltarse: se veía la propuesta no muy amplia, pero imagino -por lo que comentan en su blog-, que la rotación de platos será alta. En la mesa colocan, mientras se espera, una mantequilla (de pimentón en nuestro caso) al parecer elaborada por ellos mismos y que tiene su punto.
El problema que nos encontramos fue la atención de la camarera-jefe de sala, me explico: a todos los comensales nos dejó una sensación extraña, fue incapaz de recomendarnos nada porque todo estaba muy bueno, no ayudaba nada en la elección del vino y sus respuestas (rozando la displicencia) le quitaban a uno las ganas de preguntar más. Alguien que está en la sala debe orientar y ayudar a los clientes, cosa que aquí no ocurre.
Por otra parte, algunos detalles están cuidados (cubiertos, platos) y otros, como las copas de vino (que son las mismas que las del agua) hacen que se pierdan las ganas de repetir. Por otra parte, la única cerveza que ofrecen es Estrella Galicia de lata, lo que encuentro inaudito.
De entrantes compartimos unas zamburiñas y unos buñuelos de bacalao desmigado; las zamburiñas destacaron pues tenían un toque de aceite (con pimentón me pareció) ligero y original, pero que venían con algo de arena, lo que era una pena: bastante aceptables y una ración razonable, pero lejos de las que preparan en “La Iebolina”, por ejemplo. Por otra parte los buñuelos de bacalao, que parecían más bien enormes croquetas, estaban también bastante conseguidas.
En los segundos llegamos a las palabras mayores: atún, lubina con aceite de remolacha y steak tartar. Los pescados, de impresión, de las mejores piezas que he visto últimamente; el atún, que venía acompañado de tirabeques, estaba en su punto, rojo por dentro y jugoso, con un grosor estimable y la lubina era una cola sensacional, con el aceite de remolacha que le da un punto dulce que, aunque creo que no aporta demasiado, tampoco desentona. Muy buen producto.
El steak tartar venía con foie, lo que resultaba un tanto excesivo y pesado, pero era más que aceptable.
Los postres también muy destacables: brioche de plátano con helado de cascarilla, más que recomendable, y natillas con castañas, también de calidad.
Sensaciones encontradas al salir de allí. No es un lugar barato -la calidad del producto se paga-, la cocina, sin innovaciones estridentes, es más que notable, los platos salen a un ritmo adecuado a la mesa y, sin embargo… los detalles. Dios está en los detalles, y son éstos los que convierten una buena cena en una experiencia imborrable, y aquí los detalles no se cuidan:no sólo el tema de las copas (¡qué poco cuesta poner una buena copa de vino!) o las cervezas, es la sensación de que la persona que te atiende te está haciendo un favor, que la petición de consejo o las simples preguntas molestan… Es una pena, al menos desde mi punto de vista, que una buena cocina y un gran producto no vayan acompañados de un servicio a la altura.
En relación a lo anterior, hace unos días volví al Alborada, después de unos meses, y la gestión de la sala que tienen allí es una de las cosas que anima a repetir. En cualquier caso, “Casa de comestibles” es un sitio joven y siempre hay errores, cuestiones a mejorar: lo que diferencia a los buenos restauradores es la voluntad de corregir los problemas.
Restaurante “La Bodeguilla” (La Coruña)
Dec 2nd
“La Bodeguilla” es una vinoteca-restaurante situada en la calle del Padre Feijoo, zona muy popular para el tapeo-cena. Todos los locales, salvo el “Cienfuegos Lounge” (ya traspasado) han funcionado bien en los últimos años.
Este local tiene dos zonas diferenciadas: una de vinoteca y otra de restaurante, todo decorado con maderas naturales, granito y una interesante cava de obra: un diseño bastante acertado a pesar de la extraña distribución de espacios. “La Bodeguilla” es para mí, de los locales existentes en esta calle, el más interesante, a pesar de su claro bajón. Hablo de bajón a nivel subjetivo: la sensación de que era la mejor vinoteca de la ciudad se ha ido diluyendo, así como la calidad del servicio que, sin ser malo para lo habitual, sí ha ido decayendo. Pero es una apreciación muy personal, basada más en sensaciones que en aspectos concretos. La carta ha evolucionado muy poco en estos años y, siendo adecuada para el restaurante, es un poco menos acertada para la barra y mesas exteriores. La selección de vinos es bastante variada, posiblemente de las más completas por copa en la ciudad, e incluye espumosos por copa, algo poco frecuente.
Foto de mi nube (Bertomeu)
Se nota la profesionalidad de la gente del grupo “El Huerto”, propietarios de este local. ¿Cuál es entonces el problema? Como he dicho antes, es una cuestión personal. Al igual que pasa en “La Barra”, local del mismo grupo, el concepto de negocio es un acierto, así como el planteamiento inicial; sin embargo, a uno le queda la sensación de que, como funciona muy bien, se han dejado ir, que se han acomodado: la carta varía muy poco (o nada), el servicio flojea (mucho más en “La Barra”) y, cuando abrieron, tenían un maitre (asturiano me parece recordar) muy profesional, que llevaba la sala y el trato con el cliente de maravilla. Ese chico hace tiempo que ya no está. Reconozco que hace unos años era un habitual del local y cada vez voy menos.
Eso sí, el local está casi siempre lleno: de gente y de humo, por lo que mi opinión no debe ser muy compartida, pero es que lo del humo en los restaurantes o vinotecas es una cuestión que merece una reflexión profunda. ¿Cómo disfrutar los aromas del vino con gente soltando humo a mi lado? Es bastante difícil. Supongo que dentro de unos años lo veremos como una atrocidad pero a día de hoy, concentrados en el aspecto exclusivamente social, parece que pasamos todo por alto.
El otro día comimos en el restaurante, después de un par de malas experiencias en la zona de la vinoteca, y me reconcilié un tanto con el lugar.
Nos sirvieron de entrante unas anchoas de Santoña que, aunque de porte moderado, estaban muy ricas, así como una ventresca de bonito y tomate (un plato clásico en su carta) que, aunque buena, estaba un pelín demasiado oscura para mi gusto y no tan jugosa como debería (aunque aprobaba).
Con el plato principal una raya a la gallega fuera de carta: un acierto total, una ración suficiente para el pescado con una carne gelatinosa que a mí, con moderación, me encanta. El otro segundo fue el clásico secreto ibérico fileteado: muy sabroso, aunque algo pesado por exceso de grasa (nada extraño en el secreto ibérico) que no recordaba.
En resumen, comida más que aceptable en el restaurante; mejor que en la barra y servicio también muy correcto (camareros diferentes también a los de la zona de vinos). La carta de vinos del restaurante, con algunas referencias un tanto pasadas de precio, es de las más completas de la ciudad.
En resumen, no es un local para nada perfecto, por esa falta de novedad en la comida y el servicio, pero creo que sigue siendo una de las mejores opciones (si no la mejor) para tomar vinos por copas.

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