Nueva visita el sábado a La estación de Cambre, después de unos meses sin venir. Y nos fuimos un poco desencantados, la verdad.
Llegamos con mucha ganas, tantas que nos inclinamos por el menú degustación; incluimos los vinos, lo que no me convencía demasiado, pero lo hicimos confiando en la pericia de Beatriz Sotelo y Xoán Manuel Crujeiras, que tan buenos ratos nos han hecho pasar en otras ocasiones.
Foto extraída de Manuel Gago (Capítulo 0)
Sin embargo, todos salimos de la cena un tanto defraudados, tanto por el menú como por los vinos.
El menú incluía la habitual degustación de aceites (siempre bien seleccionados, variados y acompañados de sal Maldon) y un aperitivo de crema de maíz; como entrante un canelón de faisán que ya es un clásico y fue lo mejor de la noche; luego dos platos principales: un mero con caldo de jamón y guisantes bueno pero un tanto insípido y un lomo de ciervo olvidable. Sabores demasiado convencionales para un restaurante que ha ofrecido veladas mucho mejores.
Sé que soy duro en la crítica, pero A Estación es para mí, y ya lo he dicho antes, la mejor cocina de La Coruña y alrededores; y debe mejorar mucho en profesionalidad del servicio y trato del vino. Seguiré volviendo, pero Sotelo y Crujeiras tienen mucho más que ofrecer.
Los vinos sufrieron alguna variación con respecto a lo previsto: parecía que los sacaban al tun tun y no hubo ninguno destacable, tan sólo un simpático chardonnay chileno.
Nota: la web de La Estación sigue siendo imposible de encontrar vía Google y, si la encuentras, la página en general está absolutamente desactualizada, lo que es absolutamente reprobable en estos tiempos. Teniendo en cuenta que el local nunca está precisamente lleno, ya podían esforzarse un poco más para promocionarlo, como hacen algunos blogueros desinteresados como Pantagruel, el Gourmet de Provincias, De pinchos o Manuel Gago, auténticos animadores del local en Internet.

